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Agorreta reedita su apuesta por la pintura intuitiva y sugerente

el artista navarro muestra una veintena de obras de los últimos tres años en el polvorín de la ciudadela

ana oliveira lizarribar - Sábado, 10 de Octubre de 2009 - Actualizado a las 09:34h.

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José Ignacio Agorreta posa en la muestra.

José Ignacio Agorreta posa en la muestra. (OSKAR MONTERO)

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pamplona. "El verdadero artista se especializa en rescatar páginas enteras de la vida común amontonadas en el trastero o en el desván de la historia de todos nosotros. Escribe la otra historia, la verdadera historia, la que no se cuenta en los periódicos, en los boletines oficiales del Estado ni en las historias sagradas y política oficiales. La historia verdadera en toda su complejidad de tragedia y de comedia, emergiendo a partir de lo irrelevante y sin interés". La frase de Eugenio Trías se ajusta como una segunda piel al trabajo de José Ignacio Agorreta. Aunque él no lo pretenda. Al contrario, el artista navarro pinta por intuición y no se propone otro objetivo que el de emocionar al público tanto como él lo hace cuando encuentra eso que andaba buscando y que emerge, de pronto, fruto del trabajo y de una mirada distinta que se recrea en paisajes aparentemente poco idílicos, fábricas, maquinaria, chatarra... Universos derruidos que adquieren una nueva dignidad a través de una paleta cromática cálida y una composición íntima que se mueve en la frontera entre la realidad y la invención. Todo esto se puede leer en la veintena de obras que el artista pamplonés exhibe en el Polvorín de la Ciudadela hasta el próximo 1 de noviembre.

Creadas a lo largo de los últimos tres años, las pinturas que ahora muestra son coherentes con el camino que Agorreta transita desde hace quince años. "Nacen del trabajo sobre lo cotidiano, sobre lo cercano", explica el pintor, que insiste en que sus obras no encierran intencionalidad alguna, en todo caso un proceso de búsqueda, un deseo "por atrapar algo que no sé muy bien qué es, pero que reconozco en cuanto aparece". Mientras esa chispa se produce, el artista opta por dejarse llevar por la intuición, "sin saber muy bien adónde me va a conducir", de ahí que cuando alcanza su destino, muchas veces inesperado, "la emoción es tremenda".

En este sentido, se puede afirmar que realiza un recorrido inverso, ya que parte de objetos, edificios o espacios que ve, le atraen y fotografía, para, luego, volver a masticarlos, digerirlos y trasladarlos al lienzo despojados de su realismo absoluto y dotados de un sinfín de detalles, matices y significados que, aún sin querer, el pintor encuentra en ellos. Eso sí, la lectura de sus obras no es unívoca, más bien se trata de historias inacabadas que el espectador completa con lo que las imágenes que tiene ante sí le sugieren. Soledad, silencio, decadencia, etcétera, "a cada persona le pueden decir una cosa diferente y eso me interesa", confiesa el autor.

susurros Está claro, pues, que la pintura de Agorreta carece de premeditación, de un guión que se cumple de principio a fin, aunque admite que de los temas, de esas arquitecturas industriales desvencijadas, de las casas abandonadas y de los montones de residuos -hierros, neumáticos, muebles- que plasma en sus cuadros pueden extraerse pistas sobre su manera de pensar y de estar en el mundo. "Pintando estos artefactos herrumbrosos puedo expresar por medio de la pintura lo que me resulta imposible decir con palabras", dice el artista en una frase que el catedrático de filosofía Luis Carlos Rueda recoge en el catálogo de la muestra.

De este modo, el pintor sabe que, aunque la figura humana está completamente ausente en su trabajo, éste "también habla de mí", y, por eso, aunque los cuadros de los últimos años sean parecidos, también son distintos, porque contienen lo que a su autor le pasa en cada momento de su vida. En definitiva, en esta muestra sin título se exhibe el testimonio de un pintor cuyos óleos "nacen de la humildad", de ahí que haya que observarlos despacio, en calma, para escuchar los susurros que alientan cada pincelada.

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