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La mitad de los 52 directores de instituto en Navarra han sido nombrados a dedo por la Administración. Sin estímulos económicos, autonomía ni reconocimiento social, el exceso de responsabilidad y trabajo diezma las candidaturas a gobernar centros públicos.
M. González
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El director de instituto encadenado a su trabajo
Vista:
si pudiera, dejaría el cargo", así de rotunto se muestra el director del IES Biurdana y presidente de la Asociación de Directores de Institutos de Navarra (ADI), Javier Mangado. La falta de incentivos económicos -un director cobra 300 euros mensuales brutos más que un jefe de departamento- y la sobrecarga de trabajo, unidas a un limitado poder de decisión y reconocimiento social explican que la mitad los 52 directores de institutos públicos navarros debieran ser nombrados el año pasado por la Administración ante la falta de candidatos. "Aunque he asumido el compromiso moral de ser director, si lo pienso fríamente, llego a la conclusión de que estoy haciendo el tonto", afirma Mangado, uno de los profesores que ocupa el puesto por imperativo de la consejería de Educación.
La escasez de voluntarios para gobernar los centros públicos no es un problema nuevo, se detectó ya en los años setenta y persiste, más acentuado en algunas comunidades que en otras, a pesar de que todas las reformas educativas la han tratado de paliar. El sistema de elección democrática instaurada en los ochenta fue modificado por la actual selección basada en los méritos, se les ha dado más capacidad de acción y las comunidades van actualizando -aunque para los directores de forma insuficiente en Navarra- los incentivos por el cargo.
liderazgo mal pagado El problema no es una cuestión menor, si atendemos a los análisis de la OCDE sobre la importancia del liderazgo en centros educativos. "Los directores tienen una enorme influencia indirecta en el progreso de los resultados. Hay muchas evidencias de que los profesores son la pieza principal para ese avance y, a su vez, los directores pueden crear el clima adecuado para que los docentes sean mejores", recoge el estudio de la OCDE Mejorando el liderazgo en la escuela. Pese a esa importancia, "en muchos países, los hombres y las mujeres que dirigen los planteles escolares están agobiados, mal pagados y próximos a jubilarse", añade.
¿Están mal pagados realmente los directores? Los responsables de los institutos navarros cobran entre 543 y 655 euros brutos mensuales más que el resto del profesorado y sólo 300 euros por encima de los jefes de departamento. El sueldo de un director en la Comunidad Foral es de unos 43.000 euros al año, frente a los 36.000 de un profesor.
En el Estado la media del complemento sobre el resto de docentes es de un 20% y en Reino Unido la diferencia se dispara a casi el 180%. Es cierto que los complementos por ser director se han ido actualizando y varían en función del tamaño de los centros, pero según los datos de FETE-UGT, la horquilla va desde los 518 euros en el País Vasco a los 995 en Cataluña.
Lo ajustado de los complementos no afecta sólo a la figura del director sino también a los equipos directivos de los centros (que completan el vicedirector, el jefe de estudios y el secretario). "Los jefes de estudio cobran unos 50 euros por encima de los responsables de departamento, cuando los primeros llegan a realizar su labor en institutos de un millar de alumnos y un centenar de profesores, mientras que los segundos pueden ser jefes de departamentos de una, dos o tres personas", señala Alberto Arriazu, director del IES Navarro Villoslada y ex responsable de ADI.
Otra de las reivindicaciones es la consolidación del complemento. "Que los directores sigan percibiéndolo al completo o en parte al dejar el cargo, algo reconocido en casi todas la comunidades autónomas, serviría de estímulo para cubrir de forma voluntaria las vacantes, pero en Navarra esta reclamación ha sido rechazada", lamenta Mangado.
En general, el sueldo de los profesores está por encima de la media de la OCDE y la UE, pero los informes señalan que hay una escasa progresión, salvo por la acumulación de experiencia.
Los directores, sin embargo, afirman que no se trata, o no sólo, de una cuestión de incentivos económicos. "Tenemos mucha responsabilidad y poca capacidad de decisión: no podemos designar a los jefes de departamento ni distribuir las clases, en resumen poca autonomía", asevera el director del instituto Navarro Villoslada. El hecho de poder nombrar a un equipo directivo, pero no a otros cargos claves para el funcionamiento de los centros no satisface a los directores, que también ven limitado el acceso a recursos económicos para sus proyectos. "Hay dotación para funcionamiento y equipamiento, pero muchas propuestas están guardadas en el cajón porque al estallar la crisis se cerró el grifo, aunque poco a poco se abriendo de nuevo", aclara Mangado.
"Tenemos poco autonomía económica para según qué proyectos", añade Arriazu a este respecto. "Nos gustaría tener planes estratégicos aprobados por los centros y el departamento de Educación que se pudieran llevar a cabo, pero para ello se necesitan recursos y confianza", recalca, tras recordar que en Navarra, como en el resto del Estado, la dirección de centros no está profesionalizada, es decir, que los directores son profesores y vuelven a serlo al desocupar el cargo, lo que constituye una excepción dentro de Europa,
¿En qué se traduce esta doble relación con la Administración y sus compañeros? "En una cierta desconfianza por ambas partes", señala el director de IES Navarro Villoslada. Por un lado, las autoridades educativas buscan que el gestor del centro solucione los problemas y, por otro, los profesores reclaman su complicidad. "El director, al final, es el responsable último de lo que sucede en el instituto y debe tomar decisiones que no gustan a todos en cuestión de horarios o distribución de guardias, por ejemplo. Estas decisiones provocan roces con los compañeros que van quemando y no hay que olvidar que el director debe volver a trabajar con ellos al dejar de serlo", expone el presidente de ADI.
¿los padres son un obstáculo? La cuestión para los directores navarros no es si profesionalizar o no la dirección, ya que todo el mundo está de acuerdo en que la tarea, según está concebida ahora, requiere gran preparación, sino hasta dónde dar autonomía a los centros, ya que más autonomía significa menos controles.
En este contexto se enmarca la petición de ADI de dotar a los directores de la consideración de autoridad pública, lo que conlleva la presunción de veracidad. "Eso supone que lo que diga un director o equipo directivo en relación a los alumnos, padres y compañeros es verdad, eso también tiene un riesgo: si el director miente, puede ir a la cárcel por prevaricar", avisa.
Algunos docentes sostienen -en privado- que el excesivo protagonismo de los padres en la toma de decisiones, por ejemplo, en las sanciones disciplinarias, dificulta la gestión, sin embargo, tanto Arriazu como Mangado coinciden en negarlo. "En aspectos disciplinarios, en general, las familias lejos de entorpecer nos favorecen, otra cosa son los casos puntuales en los que el padre o la madre no asumen bien la sanción", apunta el primero, que considera obsoleta la normativa sobre derechos y deberes del alumnado, actualmente en revisión. "Hay chavales conflictivos y aunque el porcentaje sea muy bajo están ahí. Son situaciones difíciles de resolver y que desgastan mucho", alerta Mangado.
Al final, la soledad del despacho es muy dura, explican los directores, que han ido asumiendo cada vez más responsabilidades. Desde el arreglo de una ventana rota o la reunión con los padres de ese alumno problemático hasta la dirección pedagógica, el director, junto a su equipo, se ocupa de casi todo en medio de una maraña de trabajo burocrático. "El cargo termina comiéndose parte del tiempo extralaboral", admite el presidente de ADI. "El equipo directivo trabaja bastantes más horas que los profesores de a pie. ¿Cuántas? Yo mañana y tarde, y me llevo trabajo a casa, además, doy clases. Todo ese trabajo y responsabilidad por sólo 300 euros más, casi somos un poco idiotas", dice con sorna Arriazu. Los altos cargos de los centros acumulan hasta dos veces más horas extra que el resto.
mandato La OCDE también pone de relieve lo corto del mandato de los directores que, tras cuatro años, pueden volver al puesto anterior. "Es tiempo suficiente o insuficiente en función del proyecto que tengas, de hecho, muchos centros carecen de uno. Es una cuestión pendiente: obligar a los equipos directivos a diseñar un programa que deba ser evaluado. Yo pasé una revisión de mi primer mandato por parte de la Inspección y ni me preguntaron acerca del proyecto", recuerda. "La Administración no termina de creerse los programas, pero un instituto con un equipo cohesionado y un plan definido funciona mejor", sostiene Arriazu, antes de subrayar que él pertenece a la mitad de directores que eligió serlo voluntariamente. "Y estoy contento de mi desarrollo profesional, pero no es lo habitual".
El director del IES Navarro Villoslada atribuye a todos los factores expuestos el hecho de que Navarra tenga uno de los mayores porcentajes de directores nombrados a dedo. "No hay que olvidar, además, que en el mundo educativo casi nos da vergüenza progresar". La falta de reconocimiento no sólo económico sino también de los propios compañeros, la Administración y la sociedad, explican, a su juicio, este fenómeno. "A un director nadie le ha enseñado a serlo. Los que ocupamos el cargo nos hemos preparado para dar clases, no para llevar la gestión de un centro. Todas estas dificultades son para decir: ¿Yo director? Antes me ahorco", ironiza el responsable de ADI.
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