Publicidad
[Entrar | Registrarse]
Las ruinas de la Fábrica de Armas de Orbaitzeta lucen como nunca. Estos días ha terminado la limpieza y desbroce de los restos, la primera actuación de un proyecto de 4 millones de euros que pretende hacer visitable este tesoro de la arqueología industrial.
P. Gorría
votos
comentarios
Uno de los hornos de fundición, en el corazón de la fábrica.
Vista:
uN siglo largo de abandono no ha conseguido borrar el encanto de este paraje pirenaico, a 840 metros de altitud y a un paso de la frontera y del embalse de Irabia. Edificada en dos fases entre los años 1784 y 1794, la Real Fábrica de Armas de Orbaitzeta produjo durante un siglo material de guerra, hasta 3.600 bombas anuales, y hierro de la mejor calidad para las fábricas asturianas. El visitante puede apreciar a primera vista la pericia de los ingenieros militares para adaptar los edificios al accidentado terreno. Lo que queda de ellos es el esqueleto, testigo mudo de aquella industria de guerra en la que trabajaron medio centenar de operarios y en cuyo barrio anexo, hoy en día aún habitado, vivieron hasta 150 personas.
La fábrica de Orbaitzeta tiene dos partes bien diferenciadas. En la plataforma superior se alinean varios edificios de tejados inclinados, lo que hoy denominaríamos la zona residencial: la iglesia, la escuela y la posada; las casas de los mandos militares y de los obreros, del médico, del capellán y de los maestros. Salvo el palacio, son de propiedad particular. Precisamente el palacio, del que es titular la Junta de Aezkoa, se convertirá en el centro de recepción del enclave turístico.
Debajo, a distintos niveles, se extiende la fábrica, cerrada por dos puertas: la de Burguete al norte y la de Orbaitzeta al sur. La limpieza recién terminada permite hacerse una idea de lo que fueron las naves fabriles. Desde la parte superior hay una magnífica vista, pero todavía no está permitido acceder al interior por motivos de seguridad.
Enormes muros de diez metros de altura protegen el conjunto formado por decenas de espacios de distintos tamaños: las salas de reconocimiento y limpieza de municiones, la moldería de barro, la carpintería, la cerrajería, el taller de afines y los almacenes de obuses, y en el centro, el alma de la fábrica, los hornos, en los que, con un poco de imaginación, aún es posible oler a hierro. Paredes de piedra perfectamente labrada, arcos de enormes cabezales, bóvedas y chimeneas se suceden unas a otras y, cerrando el conjunto por el oeste, el río Legartza, cuyas aguas se empleaban para enfriar los materiales y mover los martinetes, cubierto por una soberbia arquería, y aún al otro lado, las carboneras con sus descargues.
A lo largo del último mes, los operarios de la UTE Arrondoa-Eransus han dejado limpio de árboles y maleza el conjunto de las ruinas, una actuación que se ha completado con la consolidación de algunos muros en lugares que suponían peligro. El coste ha sido de unos 208.000 euros, financiados al 80% por el departamento de Cultura y el Gobierno de Navarra y el resto por la Junta de Aezkoa.
Aunque en los años 80 se realizaron limpiezas y algunas excavaciones mediante campos de trabajo, ésta es la primera actuación del proyecto de consolidación y puesta en valor turístico del conjunto elaborado por Mercedes Sánchez-Marco. El coste total asciende a cuatro millones de euros y la intención es continuar poco a poco los trabajos. "La semana pasada nos reunimos con los responsables de Cultura y parece que la actitud es buena. Es verdad que son tiempos de crisis y hay que contener los gastos, pero nos dijeron que la intención del Gobierno es ir presupuestando cada año una cantidad, en función de las posibilidades que haya, de forma que el proyecto no se quede nunca parado", explica el presidente de la Junta de Aezkoa, Félix Jamar. "El dinero que cuesta el proyecto excede de nuestras posibilidades, pero pensamos que la Fábrica de Armas es más que un patrimonio de Aezkoa, es de toda Navarra", afirmar Jamar. La intención de la Junta es buscar financiación también en instituciones estatales y europeas, e incluso en la iniciativa privada.
próximas actuaciones A la espera de que se concrete la disponibilidad económica, los trabajos continuarán previsiblemente en 2010 con el levantamiento topográfico de las dependencias de la fábrica y un estudio arqueológico que complete los datos ya sabidos. "Aunque la función de las estancias se conoce en parte por las fuentes documentales y en parte por el conocimiento arqueológico previo en las zonas que se realizaron las excavaciones arqueológicos de los campos de trabajo, quedan muchas estancias por determinar", se señala en el proyecto. Además, para Félix Jamar es imprescindible que se traten los restos para evitar que vuelva a crecer la maleza y continúe deteriorando las piedras.
En sucesivas fases se consolidarían las ruinas y se instalarían recorridos turísticos a distintos niveles, mediante pasarelas, con la correspondiente señalización. Una de las propuestas más atractivas sería la posibilidad de recorrer por el agua el magnífico tramo canalizado y abovedado del río Legarza que constituye la imagen más conocida de la fábrica.
Todo ello se completaría con la adecuación del palacio como centro de interpretación y lugar de acogida de visitantes. El palacio es un edificio de tres plantas que, según explica Félix Jamar, "no está demasiado deteriorado porque fue habitado por los guardas forestales de la Diputación Foral hasta no hace muchos años". Lo más urgente sería reparar el tejado, que antiguamente fue de placas de hierro. Según el proyecto, allí se ubicará el centro de acogida de visitantes que contará con salón de actos, un pequeño museo sobre el funcionamiento de la fábrica en el que se expondrán los restos que se encuentren durante las obras, sala audiovisual y cafetería, entre otras dependencias.
Publicidad
Gracias por su comentario
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Fotógrafos aficionados que comparten sus fotos en Internet muestran ahora sus trabajos en dos exposiciones, una en Pamplona y otra en Tafalla
Publicidad