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Osasuna es superado con autoridad por la eficacia absoluta de un rival superior, en un encuentro en el que concede también demasiadas facilidades
JAVIER SALDISE - Lunes, 23 de Noviembre de 2009 - Actualizado a las 07:31h.
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Resumen de los goles y del partido Osasuna - Valencia (1-3) correspondiente a la 11ª jornada de la Primera División de la Liga, jugado el 22 de noviembre de 2009 en el estadio Reyno de Navarra.
PAMPLONA. El Valencia fue un rival inaccesible para Osasuna y el mejor equipo que ha pasado por el Reyno en la temporada también demostró que, desde el furgón de cola del tren de los favoritos –un sitio cómodo para maniobrar sin presión añadida–, está llamado y capacitado para complicar las cosas también a los más grandes del torneo. Osasuna fue superado con amplitud por el conjunto valenciano que, además, contó con una eficacia extrema de cara al marco de Ricardo –todo lo que tiró entre los tres palos le entró, en alguna ocasión con su pizca de suerte–. El Valencia también se aprovechó de la falta de intensidad, de la ausencia de participación en el juego de los rojillos, siempre a remolque, nunca con mando. El equipo de Emery le impregnó a Osasuna con esa desagradable sensación de combatir con un rival insuperable y esa ausencia de la capacidad de competir fue uno de los regustos amargos de una noche de terror. Osasuna, que estuvo a la altura de las circunstancias en el encuentro contra el Barcelona, vio exhibidas algunas de las carencias que viene arrastrando desde hace varios partidos y se mostró muy accesible en defensa e inexistente en el centro del campo. En el terreno donde se fabrica el juego, en el meollo de la cuestión, el equipo de Camacho fue superado una y mil veces por unos rivales que jugaron cómodos y sueltos, sin nadie que los contuviera. Sin amarrar el esférico en la antesala de donde empiezan los problemas, no hay grupo que aguante el fútbol-dinamita del mejor visitante de la Liga.
El primer tiempo del Valencia fue impecable. Notable, suficiente también para asegurarse la victoria final. Tampoco necesitó esforzarse mucho para sentenciar el partido con dos apariciones en las que terció la participación estelar de sus dos medios centros. En el primer gol, Marchena, reconvertido central con galones ayer en el eje, caminó cómodamente y sin oposición para colar entre los centrales rojillos un pase correcto y ajustado. La finalización de Villa, saltando entre los zagueros y tocando de semiespuela, fue la de un artillero de primera línea.
Aturdido como había salido al campo, subyugado quizás por la fama del juego feliz de los valencianistas en el último tercio del campo, siguió Osasuna hasta el siguiente tanto. Se repitió la soledad de un centrocampista del Valencia, el agraciado fue esta vez Albelda, ya que el rudo futbolista fue quien recogió un balón despejado a lo loco por Azpilicueta. La resolución de la jugada resultó increíble porque el valencianista teledirigió una vaselina con la izquierda que no logró atrapar Ricardo. Un gol de auténtica filigrana en el segundo lanzamiento entre los tres palos. Con semejante eficacia, no hay plan que haga falta ni planteamiento que se aguante.
A la guerra había salido el Valencia, con un centro del campo con centímetros y músculo, y se vio recompensado con la transformación de sus gladiadores en dos orfebres gracias a las concesiones de los hombres de Camacho, siempre alejados del lugar por donde circulaba el esférico, tardos en las llegadas y en las ayudas. La guerra de los espacios fue también del Valencia.
Osasuna no se había enterado del partido y, en veinte minutos, lo había perdido. El Valencia, cómodo con el resultado y en absoluto perturbado porque los rojillos soltaban su incapacidad para el juego a balonazos, encontró además en el enmarañamiento del partido a base de faltas y cabezazos –los delanteros de Osasuna toparon con la testa de David Navarro en varias oportunidades– un buen modo de parar la contienda, de arrastrarla hacia su lado. Los rojillos sólo se desperezaron en los minutos finales, con unas cuantas acciones por la banda derecha que no tuvieron conclusión en remate alguno.
Cuarenta y cinco minutos después, Osasuna se metió en el partido. Surgió una presión mayor en el eje, también un interés por jugar por las bandas y un desperezamiento momentáneo que podía apuntalar quizás una reacción. Marchena, que completó ayer su partido más completo como medio centro, remató su gran tarde con un golazo inimaginable desde el borde del área. Los rebotes siempre fueron para el equipo de Emery y de otra buena colocación en un mal despeje de Osasuna surgió el tercer tanto, el definitivo.
Con capacidad manifiesta para enredar el partido, el árbitro condicionó aún más a los rojillos con la expulsión de Pandiani por una segunda amarilla tras otra danza de codos al aire, la enésima de la noche.
Camacho acertó a la hora de oxigenar a los suyos con la aparición en liza de Masoud y Dady, porque el iraní se buscó la vida, hizo daño, marcó un gol y casi fuerza un penalti, y el africano dispuso de una opción más para marcar. Fueron los momentos de rebeldía de un equipo plano.
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