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Osasuna no tiene ideas, no encuentra el modo adecuado de atacar el partido, se queda sin ocasiones y un mallorca mejor se lleva el triunfo
JAVIER SALDISE - Domingo, 13 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 19:15h.
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PAMPLONA. Osasuna no encontró el modo de atacar el partido, no tuvo ideas que aplicar conforme la exigencia y las dificultades del encuentro requirieron remedios y, en ese escenario, un rival bien conjuntado, con aplomo y su pizca de acierto, se llevó los tres puntos en una tarde para olvidar. Si en alguna cita anterior, los visitantes del Reyno habían cerrado todos los resquicios e impidieron así a Osasuna cualquier acceso al triunfo -ahí están las demostraciones de superioridad de Sevilla o Valencia-, en el encuentro de ayer fueron los rojillos, Camacho y los suyos, quienes se quedaron bloqueados. Hubo apagón general en el Reyno, ni un solo punto de lucidez al que amarrarse para intentar pulsar el marcador del rival e incidir en la historia del encuentro. Tampoco habría sido mentiroso un resultado final pintando una igualdad sin goles, porque ni Osasuna ni Mallorca se excedieron en la faceta realizadora, pero los equipos enrachados no necesitan tardes esplendorosas para llevarse los puntos -el conjunto de Manzano es ahora uno de los mejores de la Liga-. La aparición de uno de sus futbolistas más en forma, Castro, aprovechándose de la enésima acción desajustada de los locales -la entrega del balón al contrario tras un córner rechazado y con la cocina patas arriba y sin vigilancia-, fue suficiente para decidir un partido horrendo, de los que dejan frío.
Osasuna, que tantas buenas sensaciones había acumulado en los dos anteriores partidos como visitante, echó otro borrón en su ya mediano expediente como equipo local. La inacción ante las adversidades, la falta de sentido y de composición de un juego adecuado a las circunstancias -sin los grandes de la delantera, los hombres de Camacho metieron más balones que nunca sobre el área rival, quizás como síntoma de convicción y de ganas, o también como evidencia de falta de reflexión alguna-, volvieron a pintar de gris la imagen de este equipo que, definitivamente, deberá pensar en la zona media de la clasificación como objetivo único en esta Liga.
Nadando entre dos aguas, entre la de la ilusión por retos mayores y la de los errores graves que no permiten nada más, Osasuna no trasmitió sensación alguna de controlar el partido y, al contrario, sí de ir dejando marchar cualquier mando en él. De entrada, los primeros 45 minutos fueron abominables. Osasuna y Mallorca no acertaron a utilizar la brújula durante el primer tiempo y de la falta de pericia para dirigir sus intenciones en el encuentro, surgió un juego espeso y, con el paso de los minutos, cada vez más lleno de imprecisiones, de errores y de entregas equivocadas. El Mallorca, un equipo que juega sin complejos porque viaja con el respaldo de sus resultados excepcionales como local, se plantó en el partido con un buen número de efectivos con perfil ofensivo -Martí y Mario Suárez realizaron por su parte una gran labor de contrapunto en el pivote- y ello interfirió en cualquier inicio feliz.
En un encuentro que estaba ventilando Osasuna a pelotazos -esta tenacidad no habló bien ayer del sentido del juego de los rojillos-, en el que el balón andaba de un lado para otro sin llegar a las botas del compañero más allá de un par de ocasiones y donde la mejor oportunidad había sido firmada por Castro -Ricardo salvó a su equipo-, la lesión de Aranda y su sustitución, pasada la media hora de partido, ofrecieron un camino de no retorno. El delantero malagueño, ayer con participación puntual, propone con su envergadura y volumen un modo de juego directo que ayer continuó practicándose aun con su ausencia del terreno. Su sustituto, el joven Galán, firmó el único lanzamiento entre los tres palos de los rojillos ya en el tiempo de descuento.
Fue el dinamismo del canterano quien brindó una nueva ocasión para el remate nada más iniciarse el segundo tiempo -Masoud a los tres minutos-, pero el Mallorca regresó del vestuario con bastante más ambición, dispuesto a darle un ritmo mayor al partido. El atacante iraní de Osasuna probó por segunda vez la colocación de Aouate con un disparo que no tuvo complicación y ya no hubo más. Estaba Osasuna explorando su ausencia de recursos, las formas de su tozudez por lanzarse sobre el área rival por las bravas y, tras un córner mal terminado, la fatalidad se sumó a una tarde sin recursos. Juanfran, hombre de cierre en la frontal del área, entregó la pelota a un rival y Castro, último futbolista al que le llegó la bola en el contragolpe, practicó el juego cambiado del zurdo que anda en el carril derecho y, tras desarbolar a Oier, soltó un zapatazo que Ricardo ni vio. El bloqueado Osasuna se quedó entonces helado. La entrada de Jokin al campo por el desangelado Juanfran no alteró la práctica futbolística de Osasuna. Con jugadores distintos en el ataque -el recién incorporado, más Masoud por el flanco izquierdo y Galán y Camuñas más adelantados-, los rojillos mantuvieron una obcecación en su ataque que fue bien gestionada y controlada por el Mallorca, que con lo justo, fue mejor.
- Ficha técnica:
0 - Osasuna: Ricardo; Azpilicueta, Sergio, Josetxo, Oier; Juanfran (Jokin Esparza, m.66), Rúper, Nekounam (Puñal, m.78), Masoud; Camuñas y Aranda (Galán, m.32).
1 - Mallorca: Aouate; Josemi, Nunes, Ramis, Ayoze; Castro (Felipe, m.85), Martí, Suárez, Tuni (Keita Otchico, m.89); Webó (Pezzolano, m.70) y Aduriz.
Gol: 0-1, m.61: Castro.
Árbitro: Álvarez Izquierdo (Comité Catalán). Amonestó a Masoud (m.46) y Josetxo (m.59), de Osasuna, y a Tuni (m.3), Suárez (m.33) y Castro (m.53), del Mallorca.
Incidencias: Encuentro de la decimocuarta jornada de Liga disputado en el estadio Reyno de Navarra ante 16.088 espectadores.
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