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El frío y la navidad no influyen tanto en la demanda como que se acabe la ayuda social
El centro de transeúntes de Cáritas recibe más solicitudes los días anteriores al 8-13, fechas en que se cobra la prestación
ana ibarra - Lunes, 28 de Diciembre de 2009 - Actualizado a las 08:07h
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Una mujer entra al albergue para transeúntes de Cáritas. (UNAI BEROIZ)
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PAMPLONA. Ni un invierno más crudo que lo habitual ni la Navidad en soledad influyen tanto como podríamos imaginar en el nivel de ocupación de los albergues destinados a los sin techo. Hay otras causas que explican que haya temporadas en las que estos centros de pernoctación para excluidos estén llenos, y tienen más que ver con circunstancias económicas como la fecha de mes en que se cobra el subsidio o la renta básica, o el momento en que se deja de cobrar la prestación (la renta básica son seis meses). La crisis económica pasa factura. Las transferencias bancarias de la Administración no se materializan hasta el día 8, 10 o incluso el 13 de mes, y los 400-500 euros de prestación no llegan para aguantar el mes. Para pagar una habitación o una pensión, para comer, para vivir... El albergue de transeúntes San Fermín (calle González Tablas) de Cáritas registra mayor demanda los primeros y últimos días de mes, y A cubierto, dependiente del Ayuntamiento de Pamplona, está lleno desde septiembre. También en Navidad.
Según Ampa Ruiz, educadora social del servicio municipal, existe un nuevo perfil de gente que venía pagando un alquiler, una habitación o un piso compartido, y que sobrevivía con contratos de uno o dos meses. "Vivían al día. Esa gente de pronto ve que no le contratan, se le acaba el paro, la renta básica y se queda en la calle porque no tiene un colchón familiar, y estamos hablando de personas que tienen que llevar un año empadronadas, así que no son recién llegados, no es gente que estaba en una plaza durmiendo en cartones y que los educadores captaban...", expone. Con los 400 euros de prestación podían pagarse una habitación de 200 euros y malcomer. Ahora ni eso. "El frío hace que venga más gente que igual estaba en la calle pero estas personas tienen el mismo problema en agosto", aclara.
La exclusión ya no tiene caricaturas. No hace falta liarla con drogas, alcohol, delincuencia, una enfermedad mental, marginalidad... La vida se puede torcer de la noche a la mañana. La recesión lo confirma. "Hay que quitarse los estereotipos. Aunque hagas las cosas bien puedes caer de pronto en el escalafón social partiendo de la más absoluta estabilidad. Una depresión te lleva al alcohol, el alcohol a la calle; Un día te quedas sin trabajo o te separas, pierdes la vivienda y ya no tienes dónde dormir... Un problema te lleva a otro y si no tienes un recurso familiar te quedas tirado".
Asusta pero este trabajador del albergue de Cáritas lo tiene muy claro. Por sus 42 camas ha pernoctado gente "muy culta y preparada, sobre todo hombres de cierta edad que no tienen recursos y que no les queda otra". Había 40, después del día Navidad se han marchado 20 y se espera que vayan entrando hasta final de año hasta completar plazas.
Se puede hablar de tres perfiles entre sus ocupantes: el que lleva toda la vida en la calle y lleva tatuada en el rostro una vida desgastada; el inmigrante desorientado que acaba de aterrizar en nuestro país (principalmente subsaharianos e inmigrantes del Este); y una minoría "ya no tan ocasional" como antes de trabajadores que han perdido el empleo, procedentes de diferentes comunidades, entre ellas Navarra. "Con la crisis se nota más ese hombre de más de 40 años con dos maletas en las que lleva todas sus pertenencias. Divorciado o que perdió el empleo, se ha quedado sin piso, está cobrando una renta básica pero no llega al día 10", señala Javier, trabajador del centro.
inmigración En este albergue pueden permanecer hasta cinco días, sin necesidad de estar empadronado en la Comunidad, aunque dependiendo de cada caso las estancias a veces se alargan. Cuenta además con un taller ocupacional por el que cobran 5,60 euros por día, además de otros servicios (lavandería, peluquería, comedor...). "Lo más gratificante es ver cómo salen adelante, encuentran un trabajo, un piso compartido... aunque éste es un centro que no puede hacer un seguimiento personalizado", señala Javier. Idoia Elía coordina el servicio por el que pasan entre 200 y 300 personas al mes, la mayoría de fuera de Navarra o que "acaban de cruzar el Estrecho de Gibraltar en pateras y llegan desde Canarias", aunque también hay gente que lleva años en la calle y que va rotando por albergues de todo el Estado. "Hemos tenido más gente en abril o mayo, septiembre y octubre por la crisis.", señala. El centro cierra a las 20.15 para la cena y se desayuna a las ocho. No se admite alcohol.
Aproximadamente la mitad de los usuarios son inmigrantes y la otra mitad del resto del país. "Normalmente no traen a la familia, son hombres que han ubicado a su pareja o sus hijos, o que están separados", indica. El entorno familiar no siempre supone un sostén porque "la crisis ha afectado a todos, y puede que los hermanos estén en situación muy similar, paralizados por un ERE en una empresa o en paro porque estaban en la construcción". La minoría de navarros que se derivan al albergue lo hacen "mientras los Servicios Sociales buscan otra alternativa como pensiones o pisos, se busca a miembros de la familia, amigos; resolver lo básico".
No sólo recursos materiales, desde estos centros se trata de hacer un trabajo de "contención emocional". "Lo más importante es sacar la angustia. Hay gente más habituada, inmigrantes que han sufrido explotación en el campo y que son desechos a nivel físico y psicológico...", observa.
"Las situaciones son muy variadas, gente que lleva tiempo en la calle, gente con problemas de salud mental, de alcohol, de familias desestructuradas, con una nueva precariedad económica...", matiza.
La Policía Municipal reconoce que hay gente que rechaza el albergues, que no quiere sujetarse a ninguna norma y se van a dormir a los porches del Plazaola, a cajeros, a los Caídos... aunque son muy pocos (hablan de apenas diez). Nosotros tratamos de sacarlos de la calle sobre todo cuando hay ola de frío, hacemos rondas", admite un agente del turno de noche. Para los expertos consultados, faltan recursos públicos intermedios entre recursos de emergencia y un alojamiento al que se llega por un trabajo. Así que se tira de pensiones... Para todos ellos la Navidad no es lo que para el resto: unas fechas para disfrutar del calor del hogar.
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