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Las disputas partidistas entre los socios de la coalición están dañando el proyecto y generando hastío en el elector progresista. Es responsabilidad de los agentes implicados resolver sus cuitas desde la prudencia y el interés general
Domingo, 24 de Enero de 2010 - Actualizado a las 09:26h
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es evidente que en NaBai existen diferencias sobre el sistema de funcionamiento interno -incluida la relación con los independientes- y el reparto del poder, o sobre aspectos puntuales como el apoyo a las Fuerzas de Seguridad del Estado en las condenas a ETA -el firme rechazo de todas las violencias forma parte de sus principios fundacionales-. Discrepancias previsibles en un proyecto político cuyo nexo es la apuesta constructiva y en positivo por dotar a Navarra de un modelo institucional alternativo al régimen de intereses clientelares que conforman la derecha y sectores del PSN sobre la exclusión de decenas de miles de navarros y navarras. En esa unión política desde las premisas de las políticas progresistas, la defensa de los derechos humanos y la ética en la acción pública residían los pilares fundamentales de NaBai, si bien crece la sensación de que ese pluralismo está siendo pésimamente gestionado. No porque los debates y las divergencias democráticas salgan a la luz pública, sino porque lo que protagoniza la disputa tiene mucho que ver con cuestiones tácticas de interés partidista o personal y muy poco con las demandas y necesidades de quienes votaron por un nuevo proyecto político ilusionante y regenerador de un régimen político conservador y viejo. Una dinámica que reduce las posibilidades sociales y electorales del proyecto, no sólo porque falta el respeto a los casi 80.000 votantes que la auparon como segunda fuerza política de Navarra, sino porque sitúa en primer plano de la pugna interna cuestiones tan ridículas y de nulo interés ciudadano como las disputas ante la Oficina de Patentes por la propiedad de unas siglas que democráticamente serían de los miles de electores que las avalan. Y ello cuando la sociedad sufre la crisis económica, hay una nueva ofensiva contra la normalización del euskera o un proceso involucionista y uniformador del Estado plurinacional. Quienes conforman NaBai, y más los dirigentes de las organizaciones partidistas -algunos, al parecer, más pendientes de la pinza que conforman los cantos de sirena de la izquierda abertzale oficial o del PSOE que de sus compromisos con la sociedad navarra-, deben hacer autocrítica y encauzar sus relaciones con lealtad y sentido común si quieren mantener las cotas de credibilidad social que según muestran las encuestas aún tiene NaBai. Aunque seguramente no tanto sus partidos y menos aún algunos de sus principales portavoces.
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