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itsaso ibarra/uxue - Viernes, 19 de Febrero de 2010 - Actualizado a las 07:27h
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José Miguel Gastón, con sus tres libros. (Foto: I.I/UXUE)
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tafalla. El modo de vida de los campesinos, el comunal, fue objeto de cambios con la revolución liberal, creando luchas y conflictos por el uso de la tierra. José Miguel Gastón ha analizado todo el proceso.
¿Qué importancia tuvieron los comunales en la comarca?
El comunal fue el centro en torno al cual giraron todas las relaciones económicas y sociales en la Zona Media. Era el lugar donde pastaban los ganados, donde se roturaba y se sembraba, donde se recogía la leña o se cazaba para sobrevivir en épocas de dificultad. En definitiva, el comunal era un medio de vida y una parte de la cultura tradicional de las comunidades campesinas.
La revolución liberal cambió el modo de uso del comunal, pero el proceso se vivió de modo distinto.
La historia del comunal tiene un origen común, porque todas las comunidades campesinas lo utilizaban, más o menos, de la misma manera. Pero el proceso de transformación del siglo XIX fue diferente en todas ellas. Hubo comunidades en donde como consecuencia de las deudas generadas por los conflictos militares del siglo XIX se vendieron muchos comunales; otras vendieron menos; hubo pueblos que los vendieron a perpetuo y otros que lo hicieron a carta de gracia, es decir, los pudieron recuperar con el paso del tiempo. Como el proceso de desamortización o despatrimonialización fue distinto, los conflictos del siglo XIX y primer tercio del XX fueron totalmente diferentes. Hay comarcas, como los pueblos bañados por el río Arga, desde Miranda hasta Funes, donde la conflictividad fue muy intensa; en cambio en la Valdorba la situación del comunal sería diferente y las respuestas también.
¿Qué destacaría de estas luchas?
Todo el mundo luchaba por lo que era el uso y disfrute de la tierra. No hay que olvidar que Navarra en aquellos momentos era una comunidad agraria. Conforme avanza el siglo XIX va perdiendo protagonismo el uso ganadero y gana protagonismo el agrícola. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, coincidiendo con la intensificación de la actividad agrícola los distintos sectores en liza, los labradores, jornaleros y corraliceros van transformando los usos de la tierra y van luchando por poseer tierras, bien en propiedad, bien en disfrute. Ahí nacen los enfrentamientos: los labradores van rompiendo el secano; los jornaleros y pequeños propietarios reivindican cada vez más tierra; y los corraliceros ven que el ganado cada vez da menos rendimiento, por lo que rompen las corralizas y ofertan tierras a renta. Con la llegada en 1896 de la crisis agraria las luchas se intensifican. Es un momento de readaptación del capitalismo y las estrategias cambian: corraliceros, labradores y comuneros se van posicionando cada uno en su lugar.
Hubo victorias y derrotas.
En casi todos los pueblos se consiguió tierra, gracias a las roturaciones aprobadas por la Diputación o a los acuerdos de cesión por parte de los detentadores del comunal, tras ser presionados. La diferencia estribaba en la cantidad y en el proceso seguido. En el caso de Olite fue tras derramamientos de sangre, tanto en 1884 como en 1914. Fruto de estos dos ciclos de protesta, los corraliceros cedieron parte de las corralizas al pueblo y se pudieron repartir entre el vecindario, pero, a costa de sangre jornalera. En Tafalla, en cambio, se pudo haber derramado sangre porque los sucesos de 1908 fueron intensos, pero al final la gestión del Ayuntamiento, donde destacó el papel de Juan Unanua, lo evitó. En Tafalla fue un proceso diferente, se luchaba por parte del pueblo contra los que habían legitimado las roturaciones arbitrarias aplicando la ley de 1897. Al final se consiguió repartir un buen puñado de robadas y aplacar la protesta.
¿Qué influencia tuvo el resultado obtenido en el desarrollo posterior?
El proceso de privatización del siglo XIX había acentuado las desigualdades y provocado una intensificación de la miseria en amplios sectores sociales. Las dificultades fueron más palpables a partir de la crisis de finales del siglo XIX. Algunos emigraron; otros buscaron la salida de la crisis en el incremento de la superficie de cultivo, conseguida gracias a la protesta. Allá donde se consiguió tierra, las condiciones de vida mejoraron. No obstante, las desigualdades seguían siendo evidentes, por lo que cuando llegó la II República las disputas y protestas se intensificaron todavía más. Ya no bastaba con repartos caritativos, tenían que ser más equitativos.
¿Hay alguna relación entre aquellos sucesos y la represión del 36?
Sí, por supuesto. Durante el primer tercio del siglo XX la protesta fue muy intensa, fue espontánea, protagonizada por las sociedades comuneras, que se fue organizando cada vez más. En ese periodo las protestas se van atendiendo en mayor o menor medida, algunas de ellas como la roturación de terrenos comunales y su reparto entre el vecindario se llevan a la práctica, pues la Diputación es sensible a lo que piden los comuneros. El jornalero, incluso, se sienta frente al labrador o frente al corralicero a negociar; acompaña al Ayuntamiento hasta el palacio de la Diputación. A partir de 1931 la cuestión agraria cobra mayor protagonismo, la protesta y las reivindicaciones se intensifican, adquieren un carácter más organizado, más sindicado. Y cuando llega 1936 el jornalero ya no se sienta frente al corralicero para negociar, ni siquiera al lado del labrador; el jornalero sufre la represión de un régimen que lo aniquila.
¿Qué papel jugo la prensa?
El Diario de Navarra nació en 1903 y en su creación tuvieron mucho que ver las élites provinciales y parte de las élites comarcales, y apoyó proyectos económicos de esas élites. Nunca creyó que en Navarra existiese una cuestión social; consideraba que se vivía bien, que no había dificultades. En sus inicios, y así lo recogió Ramón Lapesquera, se convirtió en la punta de lanza de un movimiento conservador que incluso llegó a ir en contra de la Iglesia. Durante aquellos años los intereses de la Iglesia y los del Diario de Navarra, curiosamente, chocaron. Publicaron artículos, en especial los del industrial Canuto Mina, que iban en contra de miembros de la Iglesia como Victoriano Flamarique o Antonino Yoldi, los fundadores del movimiento cooperativista, culpándoles de flirtear con el socialismo.
carné de identidad
· Edad. 48 años.
· Lugar de nacimiento. Mélida,
· Carrera profesional. Doctor en Historia por la Universidad Pública de Navarra. Profesor en el instituto de Tafalla. En 1995 publicó el libro "Justicia y tierra" y su tesis "Arriba jornaleros" en 2003. En abril presentará el libró "Vivan los comunes. Movimiento comunero y sucesos corraliceros en Navarra".
"El comunal era un medio de vida y parte de la cultura tradicional campesina"
"En 1936, el jornalero sufre la represión de un régimen que lo aniquila"
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