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Milenio

Olas

por javier armentia - Lunes, 1 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:11h

Hace sólo un par de días el pueblecito de San Juan Bautista miraba tranquilo a la bahía Cumberland como siempre. Recuerdo ahora hace dos meses y medio cuando vi por vez primera esa escena, el amanecer sobre la vertiente verdísima y escarpada de la isla Robinson Crusoe. Llegaba al archipiélago chileno de Juan Fernández de la mano de la Ruta Quetzal BBVA, aunque había visitado ya esa isla leyendo las noticias y memorias de Miguel Sánchez-Ostiz. Como él, claro, llevaba viajando a una isla de náufragos desde niño. Rescato estas imágenes porque recuerdo que desde el barco de la Armada chilena que nos llevaba allí desde el puerto de Valparaíso nos fijamos en una avenida amplia, directamente encarada a la pendiente creciente de la isla (que lleva desde el pueblo al mirador de Selkirk, a casi mil metros de altura, en poco más de dos kilómetros). Más ancha que ninguna calle parecía un misterio desde fuera, aunque cuando paseamos por la población esa calle resultaba ser la vía de evacuación en caso de tsunamis. Ver esa previsión resultaba una curiosidad para el turista, pero te hacía pensar que, sin duda, algo así podría pasar.

Recuerdo todo esto porque San Juan Bautista ha quedado devastada y en las imágenes que he visto hace unas horas ha desaparecido todo el puerto, la comandancia, los hoteles donde estuvimos viviendo, la alcaldía, la oficina del parque, las tiendas, el pabellón deportivo, todo. Las comunicaciones son casi imposibles y poco sé de la gente de allí. Las notas de prensa asustan porque la ola de 20 metros de altura llegó de noche y las autoridades no se esperaban nada por algún horroroso y macabro fallo de coordinación. Debe ser lo malo de estar en el fin del mundo. El terremoto chileno ha dado al traste con demasiada gente. Lo mismo pasó en Haití, y no son ahora momentos para andar con diferencias. Lo cierto es que siempre que hay una catástrofe, sea natural sea provocada por el ser humano, establecemos un contacto solidario con toda víctima, pero ese enlace es más denso, acaso más triste y doloroso, cuando de hecho el vínculo existía antes. Sé que habrá muerto gente que conocí (y eso que justo fui un visitante ocasional con tiempo solamente de mirar con curiosidad un mundo isleño tan cerrado). Y espero que puedan recuperarse. Ánimo.

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