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Plaza pública

La sinrazón de Barcina

por josé a. mancho, Ex concejal de IU en Pamplona - Domingo, 9 de Mayo de 2010 - Actualizado a las 09:36h.

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La excusa de Barcina es burda: las quejas de vecinos ni se cuantifican, ni se investigan, ni se exhiben...

sin razón y con mala fe; así considero que ha actuado y sigue haciéndolo UPN respecto a las fiestas de la Txantrea. Razón y fe son conceptos que se contraponen: se actúa o movido por la razón o movido por la fe y en política, sobre todo desde el poder, es obligado guiar los actos con la primera. Barcina, sin embargo, se guía por la fe, por la mala fe, queriendo castigar a todo un barrio por lo que ella, infundada y desinformadamente cree que sería el obrar de una minoría de sus vecinos,

Soy txantreano, en este singular barrio he vivido desde mi nacimiento hasta 35 de los 46 años que tengo, allí siguen viviendo mis padres y en su casa, junto con mi mujer y mi hijo, establezco cada año mi residencia durante los días de las fiestas de las que disfrutamos con gran gozo y entusiasmo. Así pues, la experiencia propia me aporta la razón para calificar de injusta e infundada la pretensión de impedir la calderetada popular en la que cada año participamos varios miles de vecinos de toda condición social y política, acto fraterno, puramente festivo, cuyo desarrollo nunca, en absoluto, se ha visto pervertido por intento de politización alguno, verdadera sinrazón (la del combate del enemigo político a cualquier costo) que ha llevado a Barcina a actuar como lo ha hecho y así lo demuestra la moción que UPN ha presentado sobre el asunto que nos ocupa. Los propios documentos fotográficos que UPN pretende hacer valer como prueba y que hemos visto publicados en prensa demuestran la invalidez de sus argumentos, pudiendo observarse claramente cómo de determinados símbolos y reivindicaciones en absoluto se hace ostentación pública sino que se mantienen en un ámbito íntimo, en la jaima que cobija a la cuadrilla de quienes, en el ejercicio de su libertad de expresión, han decidido colgar en la misma determinados carteles que gustarán o no pero en nada vulneran la legalidad (Detesto lo que dices pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo -Voltaire-). Pero, además, es que si no hubiera sido así y de alguna manera se considerase que existía o se pretendía organizar algún tipo de manifestación, la institución competente para prohibirla es la Delegación del Gobierno y no el Ayuntamiento.

Esto lo sabe perfectamente Barcina quien, sibilinamente, pretendió alcanzar su objetivo de impedir o dificultar el acto festivo con burdas excusas. Porque burda resulta la excusa de que ha habido quejas de algunos vecinos cuando éstas ni se cuantifican, ni se investigan, ni se contrastan, ni se documentan, ni se exhiben; burdas cuando, en otras circunstancias similares, denuncias vecinales mucho mejor justificadas, como por ejemplo las de los vecinos de la calle Olite, no sólo no han merecido la misma atención por parte de UPN sino que incluso, en algún caso (Pub El Dorado) han tenido que ser los juzgados quienes obligaran al Ayuntamiento a ejecutar la sentencia favorable a los vecinos que UPN se resistía a cumplir; burdas, muy burdas, cuando el Gobierno Municipal no se justifica con informes técnicos de los equipos de limpieza o de los de tráfico sino con fotos de cartelitos y pegatinas, no dota a los agentes desplazados de sonómetros sino de equipos antidisturbios.

Y frente a la sinrazón de Barcina, frente al juicio también de la portavoz municipal del PSN que, vistas sus declaraciones, parece considerar que la cabezonería en una epidemia endémica de la Txantrea que afecta al menos a los varios miles de vecinos que decidieron, pese a todo, mantener sus celebraciones en el lugar habitual, los txantreanos respondieron exclusivamente con buen humor y con la fuerza de la razón. Porque, al margen de razones más o menos técnicas como que el término de Alemanes resulta, por su capacidad, centralidad, accesibilidad y características físicas y ambientales, ideal para celebrar la calderetada, al margen de que a uno le pueda parecer igual de razonable y oportuno que el chupinazo sanferminero se celebre en la plaza Consistorial, que el Riau riau recorra la calle Mayor, que el encierro pase por la Estafeta o que la calderetada de la Txantrea se desarrolle en Alemanes, al margen de todo esto, a los txantreanos les asiste una razón fundamental que Barcina no quiere entender y es que, si no existen graves y justificados impedimentos, las fiestas populares se celebran a iniciativa y determinación del pueblo soberano.

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