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Y tiro porque me toca

¡San Fermín, San Fermín!

Miguel sánchez-ostiz - Domingo, 11 de Julio de 2010 - Actualizado a las 04:09h.

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hoy es día de fiesta en Pamplona y el señalado por las peñas de la ciudad para protestar por las alcaldadas sistemáticas de la alcaldesa y su ayuntamiento. Una alcaldesa que protege, cuando menos de manera mediática, aunque también se le acuse de hacerlo de manera administrativa y de darles cobertura jurídica, que protege, decía, a los policías municipales que maltrataron a un extranjero, inmigrante. Por fortuna lo hicieron delante de una cámara de video que grabó la hazaña. Veremos ahora si jueces y fiscales se atreven a ir contra los hombrones bien alimentados y uniformados.

Las peñas de la ciudad ya han acudido a la plaza con pancartas negras y moradas, y han cubierto de luto sus tendidos de sol para recibir a la alcaldesa, el día que presidió la corrida, con una bronca monumental que le congeló el postizo de su sonrisa. En la sombra, la derecha, eterna, de Pamplona, y de fuera de Pamplona, no la aplaudieron a ella, se aplaudieron a sí mismos, a su clase, a su casta. Se dieron un homenaje.

Es en la calle y por fiestas donde se ve cómo y hasta qué punto está de dividida la sociedad navarra; en la pugna inevitable.

Por eso, es la policía, la suya, la por ella diseñada, la que tiene que proteger su paso (una auténtica demostración de fuerza colorista) por algunas calles de la ciudad, lo que no impide que le abronquen de muy seria manera, una "minoría", claro, como ella dice con desprecio, aunque al decirlo se pueda apreciar el uso que hace de esos términos tan democráticos de "mayoría" y "minoría". Suenan a posta de repetidora.

La fiesta está trufada o mechada de policías de paisano con licencia para actuar cuando les place, según el plan diseñado y secreto, no publicado en bando, así que ¡ojo! Vamos avisados. Aquí hay que preguntar por la letra pequeña y leerla con atención.

Es en la calle y por fiestas donde se ve hasta qué punto está dividida la sociedad navarra

Los Sanfermines no son ya una fiesta popular, sino un evento multitudinario

En ese juego democrático de la mayoría y la minoría, la alcaldesa se subió al carro de la acusación de enaltecimiento del terrorismo a dos peñas y les retiró la subvención. Los tribunales la han desautorizado, absolviendo a las peñas del delito por el que ya, de manera administrativa y mediática, se les había condenado. Cosa que no le ha gustado a la democrática y legalista alcaldesa, que no ha hecho absolutamente nada para reparar el daño causado, al revés. En este, como en otros casos, las condenas recaen en los acusados desde el momento mismo en que estos lo son de connivencia con el terrorismo, sin esperar a la sentencia. A la alcaldesa y a los suyos poco les importa una alcaldada de más o de menos.

Las peñas no van a acudir hoy a la plaza de toros, pero ya han tenido que tomar medidas legales para proteger sus derechos con el fin de que la alcaldesa no ordene de manera trapacera ocupar sus asientos, es decir, apropiarse indebidamente de derechos que no son suyos. Tengo mis dudas de que no lo hagan. Los considero capaces de todo con tal de amordazar a sus adversarios. Pero si las cosas salen como han previsto las peñas, va ser cosa de ver esas localidades y esos tendidos vacíos. Tal vez la protesta más eficaz y clamorosa que se haya hecho en la ciudad en años. No va a poder ocultar a la minoría, a no ser que recurra a medidas abusivas e ilegales, movidas por la mala fe, que solo resolverían los tribunales... en el valle de Josafat.

Está visto que la alcaldesa de Pamplona y los suyos han diseñado unas fiestas (y una ciudad y un territorio) y las van a llevar a la práctica con ayuda de la fuerza, a porrazos. Es todo un aviso de la que se avecina en Navarra cuando la actual alcaldesa extienda a todo el territorio sus maneras del más zafio autoritarismo practicado durante años desde el ayuntamiento. Su respeto a la legalidad es la triquiñuela del furtivo que acata lo que le conviene, como ha quedado demostrado en la manera en que ha burlado la ley de la memoria histórica y cómo la reciente resolución que absuelve a las peñas de enaltecimiento del terrorismo se la pasa por donde se la pasa.

Las fiestas no son lo que eran, dicen. Es cierto. Esto, al que viene al mogollón de alto voltaje, al trago, al chupe, al berrido, al toro, le importa un carajo. Las cosas que fueron importan cada vez menos, nada. Las cosas son las del presente o no son. Y el presente de la clase social y estamentos a los que representa la alcaldesa de Pamplona es el de los eventos. Los Sanfermines no son ya una fiesta popular, sino un evento multitudinario que saca a la ciudad de su inexistencia, y que en unión de otros eventos configurará la vida pública de la ciudad en el futuro. Pamplona no tiene Guggenheim, pero tiene Sanfermines, y les va a dedicar un museete, otro, que ya es un monumento al despilfarro. Simposiums, Campus, Congresos, Conmemoraciones, Encuentros... Eventos... Pamplona, la ciudad de los Eventos... ¡Qué digo eventos! Pamplona, Capital Mundial de la Fiesta. Pondrán másteres, seguro. Qué lejos queda la ciudad en la que follar no era pecado, sino milagro. Menos mal, por otra parte. Ah, ¿se pueden citar dichos populares, no? ¿O van a salir los porristas de las extensibles? Pamplona, Capital Mundial del Buen Gusto.

Mentía la alcaldesa, para variar, cuando, con su peculiar sonrisa de jugadora de ventaja, dijo que en Pamplona había sitio para todos. No. Lo demuestran las fotografías que se tomaron el día 6 en la plaza Consistorial en las que se ve a gente de paisano aporreando con material sofisticado a los mozos que querían desplegar una ikurriña. Daban asco. Y lo daban porque representaban con una eficacia tremenda el estado de cosas que se viven en Pamplona, y en Navarra, con algo más que con la expresa complicidad del Partido Socialista, y que se ha acelerado en la última legislatura... La Nueva Navarra... Sí, pero nada que ver con la que daba título al periódico de Basilio Lacort, sino otra, la suya.

Hoy, las peñas tenían previsto merendar en la plaza del Castillo y aledaños, pero, pensando en la mayoría, ese espacio va a ser ocupado con una retransmisión de fútbol, apasionante, quién lo duda, mucho más que lo que estuviera previsto, de modo que la minoría va a tener que irse con el chilindrón y el ajoarriero a otra parte, por responsabilidad, dice muy finamente el sanedrín de la minoría, para evitar incidentes. ¿Incidentes? ¿Con quién? ¿Con la fuerza disfrazada de fiesta que puede actuar a porrazos cuando mejor le parezca? Incidentes.

Ah, sí, y felices fiestas, que en esta ciudad de los eventos hay sitio para todos, si de la mayoría se trata.

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