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Tras la dimisión de Lourdes Fernández, Carlos Urroz toma las riendas de Arco (16-20 febrero), siendo consciente de que hay que reconducir el proyecto. La crisis y la polémica que ha salpicado a la feria son salvables con ganas, mimo e ingenio, opina el director, que visitó el miércoles Pamplona
paula echeverría - Viernes, 28 de Enero de 2011 - Actualizado a las 05:20h
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Carlos Urroz posa en uno de los salones del Ayuntamiento de Pamplona, en su visita a la ciudad el pasado miércoles. (IBAN AGUINAGA)
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pamplona. Es el primer director hombre de la historia de Arco, una feria que conoce bien, y que ahora se propone cambiar. Carlos Urroz apuesta por un Arco más pequeño -y más barato, porque se paga por metros- en el que las galerías estén mejor cuidadas, por atraer más visitantes y, por supuesto, por animar a comprar. Aún no ha empezado la edición de este año y ya trabaja en la de 2012. "Aquí no se para nunca", dice.
¿Cómo afronta su primera experiencia al frente de la dirección de Arco?
Con ganas. A pesar de lo difícil que está el mercado, Arco es sin duda uno de los proyectos más importantes de arte contemporáneo que hay en nuestro país. Y después de treinta años habrá que hacer cambios, habrá que adaptarlo a los tiempos...
¿Cómo se renueva una feria que parece estar siempre a la última?
Desde impulsando cosas tan simples como una aplicación iPhone del catálogo hasta reduciendo el tamaño de la feria, pensando las conferencias de una forma nueva... Pero lo importante es que Arco le sirva a la gente: a los estudiantes de Bellas Artes, a los coleccionistas, al que quiere ser comisario, o a quien quiere descubrir artistas internacionales sin tener que viajar por todo el mundo.
Si tuviera que definir esta próxima edición de la feria en una frase...
Diría que es el principio de una nueva década de Arco.
¿En qué sentido?
A lo mejor es el momento de que la feria se adecúe a la situación. Hoy en día hay un museo de arte contemporáneo en cada ciudad, y eso tiene que hacernos repensar la filosofía de Arco y buscar su sitio, un sitio válido que sea valorado y refrendado por los visitantes, las galerías, las ventas.
La última edición estuvo salpicada por la polémica sobre los criterios de selección de galerías. ¿Se ha recuperado ya esa confianza de los participantes hacia la organización?
Sí. Han vuelto galerías que no participaron el año pasado, como Helga de Alvear, Luis Adelantado, la Krizinger de Viena... Y sobre todo se ha creado un punto de encuentro común entre Ifema y las galerías. Ahora remamos todos en la misma dirección, que es lo importante, porque si cada uno tira de un lado, no habría durado mucho la feria.
En los últimos años se ha reducido el punto de espectacularidad, ¿ha sido en beneficio de la calidad, aunque no esté reñido lo uno con lo otro?
Sí, y también nuestra capacidad de asombro va cambiando. Antes había cosas que nos impresionaban mucho que ahora las consideramos casi diarias, que las hemos visto en la tele... Sí es verdad que esa parte más espectacular está perdiendo importancia frente a la calidad, frente a los artistas que realmente tienen un discurso y hacen una obra consecuente.
Arco es mucho más que la obra rarísima con la que nos bombardean cada año los medios...
Claro. De las más de mil obras que puede haber en Arco, todo el mundo se fija en una. ¿Por qué? Porque es la más espectacular, la que crea más polémica... Eso no significa que sea la mejor, ¿no? Lo bueno de visitar la feria es ir con una mirada propia y ver lo que realmente te llame la atención y te interese. Afortunadamente tenemos un público muy fiel que ha ido descubriendo eso. A Arco no hay que ir a ver lo que ha salido en la tele, porque posiblemente no sea lo mejor.
¿Qué le diría a la gente que siente que el arte contemporáneo no está a su alcance, que no va a entender lo que se exhibe en la feria?
Que hay que ir con los ojos abiertos y sin intentar entender todo lo que hay allí porque es imposible, nadie lo hace. Yo no entiendo todo lo que veo por la calle... A lo que hay que ir es a encontrar un par de cosas que te gusten, y mientras tanto a disfrutar de una experiencia agradable: a ver gente inusual que a lo mejor no ves por las calles de tu ciudad, a descubrir la programación de museos de Rusia sin tener que irte a Rusia, o a tomarte un café en un sitio que sólo está disponible cinco días al año, como el que vamos a tener esta edición, un café diseñado por un artista alemán que va a ser chulísimo...
Este año se pone énfasis en el coleccionismo, ¿cómo está el mercado en España respecto al de otros países?
Pues como el de los empresarios, es algo que hay que cuidar. Afortunadamente ha crecido mucho, es mucho mejor que hace quince años, hay más coleccionistas y de todos los niveles, desde muy importantes hasta gente con menos dinero pero que compra regularmente. Lo que hay que hacer es cuidarlos para que vean que es interesante coleccionar arte, que es una manera de vida, que aparte de comprar cosas buenas estás conociendo lo que piensan los artistas... eso es lo que hay que mimar.
¿En qué países hay una mayor tradición de coleccionismo artístico?
En Centroeuropa en general, también por una cuestión religiosa de la idea luterana de volver a la sociedad; Alemania, Bélgica... Pero también hay coleccionistas muy importantes en Latinoamérica y Estados Unidos.
¿Qué es lo que más se mira a la hora de comprar arte?
Que la obra le guste al que la va a adquirir, y luego es muy importante el currículum del artista: ver qué proyectos tiene en marcha, si va a ir a una bienal importante... eso es una garantía a futuro, porque muchas veces es gente muy joven.
Este año la feria va a animar a comprar a los visitantes con una iniciativa novedosa...
Sí, First collectors, un servicio de consultoría para gente que quiere comprar en cantidades pequeñas. Previa cita, se les orienta según sus gustos y sus presupuestos hacia determinados artistas o determinadas obras. Porque es una feria grande, hay casi doscientos stands...
¿Qué se considera en el coleccionismo de Arco cantidades pequeñas?
Tres mil, seis mil, diez mil euros...
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