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hollywood despide a su última reina

Elizabeth Taylor, la sonrisa que conquistó San Sebastián

"Entiendo perfectamente lo que me gritan", dijo Elizabeth Taylor entre abucheos e insultos por el retraso con que llegó al Teatro Victoria Eugenia, "pero lo que quedará para la posteridad será mi sonrisa"

EFE - Miércoles, 23 de Marzo de 2011 - Actualizado a las 18:42h

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Fallece Elisabeth Taylor, una diosa del cine.

Elisabeth Taylor, una diosa del cine. (Efe)

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SAN SEBASTIÁN. Como la diva predijo, sus ojos y su sonrisa, iluminando su bello rostro envuelto en un improvisado "sari", quedaron inscritos para siempre en la historia del Festival Internacional de Cine de Donostia, que la actriz fallecida este miércoles en Los Ángeles visitó fugazmente en septiembre de 1973, cuando el certamen cumplía su 21 edición.

Llegó al aeropuerto de Hondarribia por la tarde, apenas unas horas antes del pase de la película "Una historia en la noche", de Brian Hutton, vestida deportivamente con un traje vaquero y una gorra, el único atuendo del que disponía por culpa de la inoportuna pérdida de su equipaje, un accidente que comenzó a torcer las cosas.

Su idea, según ha relatado a Efe Luis Gasca, secretario del Festival en aquella edición, era cambiarse de ropa en el propio aeródromo guipuzcoano para aparecer presentable ante sus "fans", que la esperaban ávidos en el Hotel María Cristina. Pero las maletas no aparecieron a tiempo.

Dino Restivo, mitad italiano mitad donostiarra, la recibió en el aeropuerto, calmó sus ánimos, cumpliendo su labor de relaciones públicas "oficioso" del Festival donostiarra, y la condujo al hotel, donde apareció, a su pesar, con el citado atuendo de viaje y sin arreglarse como ella hubiera querido.

Gasca recuerda que "no estaba en su mejor momento, estaba tristona", ya que meses antes había roto su primer matrimonio con el amor de su vida, Richard Burton. "Ella, que siempre estaba con alguien, estaba sola en aquel momento".

Pero su presencia causaba impacto: "Era una mujer maravillosa, te podía pedir lo que quisiera que tú se lo dabas. Tenía una mirada, unos ojos... era maravillosa", rememora el exsecretario y exdirector del certamen donostiarra, quien atesora "el recuerdo de haberla recibido y dado dos besos".

Las maletas no aparecían y la actriz, ya en el hotel, pidió un espejo de tres cuerpos -"no lo había en Donostia"- para acicalarse y lucir digna en la gala nocturna en la que se vería su película.

El problema de su equipaje, que llegó "in extremis", hizo que Elisabeth Taylor llegara al abarrotado Teatro Victoria Eugenia con más de una hora de retraso y la película empezada, porque el director, Miguel de Echarri, decidió que comenzara la proyección al ver que los nervios y la indignación del público crecían por momentos.

Ya sin tiempo, la actriz improvisó un "sari" que ha pasado a la historia del certamen y con él recorrió, acompañada por Gasca, los apenas 100 metros que separan el Hotel María Cristina del teatro.

El público que aguardaba en la calle la tomó con ella y la cubrió de insultos e improperios, a los que Liz Taylor respondió únicamente con su sonrisa. "Le gritaban e insultaban y ella a pesar de todo sonreía y sonreía y sonreía", revive Gasca. Cuando entró al fin en el teatro se volvió y le dijo a Gasca: "No saben que entiendo español. Richard y yo tenemos casa en Cuernavaca y comprendo perfectamente lo que me gritan, pero lo que quedará para la posteridad será mi sonrisa".

Cuentan que la película, que todos recuerdan como "muy mala", finalizó y Liz dedicó su sonrisa a todo el público que, rendido, transformó los gritos en "aplausos estruendosos". Apenas pasó una noche y partió al día siguiente. Sin embargo, su presencia, que no se prolongó ni 24 horas, constituye un hito del certamen donostiarra.

Fue el año en el que se había anunciado a Cary Grant y no apareció, el año en el que Víctor Erice se consagró al obtener la Concha de Oro con "El espíritu de la colmena". Fue el año en el que Rouben Mamoulian presidió el jurado, el año en el que Glenda Jackson y Françoise Fabian compartieron el premio a la mejor actriz.

Fue el año en que el Festival trasladó sus fechas de julio a septiembre, el año en el que Orson Welles presentó "Fraude".

Pero sobre todo fue el año en el que la sonrisa de Elisabeth Taylor conquistó Donostia.

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