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Editorial

Adiós a Caja Navarra

El Consejo General de Caja Navarra entrega hoy todo el negocio a un banco a cuatro con sede en Madrid y Sevilla. La obra social queda sometida al mercado y la pérdida de arraigo amenaza al tejido productivo y familiar propio

Miércoles, 18 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:18h

nADIE cuestiona a estas alturas que la reformulación del sistema financiero resultaba imprescindible para sanear las cuentas de unas entidades en una decadencia contable alarmante, como tampoco que en ese escenario draconiano Caja Navarra ha conseguido con apenas 18.000 millones en activos coliderar un grupo de 77.000 que además ha asumido su modelo de negocio, Banca Cívica. Sin menoscabo de ese logro objetivo, el proceso de integración acometido por Caja Navarra ha sembrado la inquietud entre la ciudadanía en general y entre los impositores en particular, en buena medida por la opacidad con que se ha acometido. Una incertidumbre que alcanza su máxima cota a cuatro días de las elecciones, con motivo de la transferencia por el Consejo General de Caja Navarra de todos sus activos a Banca Cívica sin esperar siquiera a los resultados del 22-M, lo que supone el final de aquélla como agente crediticio público que presta servicios de manera directa a ciudadanos, empresarios, pymes, autónomos y comerciantes navarros, con la aportación de un patrimonio de 657,86 millones a la nueva entidad conformada por Cajasol, Caja Canarias y Caja Burgos. Unas dudas que ya se suscitaron con el suspenso de los tests de estrés europeos, que se amplificaron con la petición al FROB de casi mil millones y con la negativa del fondo de inversión JC Flowers a materializar la carta de intenciones suscrita por la pérdida de confianza en el proyecto tras la elección de los socios. Porque fue el Banco de España quien impuso la entrada de Cajasol, que aporta 33.000 millones de activos y un patrimonio de 697,5 pero con un elevado nivel de toxicidad ligado al ladrillo. Cuando, en atención a las históricas conexiones empresariales, culturales, económicas y sociales entre los territorios, la alianza natural hubiera sido con las cajas de la CAV, que registran los mejores parámetros de solvencia y una sobresaliente cartera de participaciones industriales que no les obliga a salir a bolsa. Hoy se impone de forma burocrática y poco transparente, con el impulso político de UPN y PSN, el arriesgado final de trayecto para Caja Navarra, sometida su obra social desde ahora a los vaivenes del mercado, con una obvia pérdida de arraigo territorial en Navarra, al contrario de lo que ocurre en los procesos de transformación de las cajas gallegas, catalanas o vascas, y con una merma de garantías para el tejido productivo y familiar navarro.

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