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Editorial

El PP, pero menos

Rajoy gana las elecciones del descalabro de Zapatero, pero sus propuestas de gobierno para afrontar la crisis y reformar el modelo de Estado derechistas y centralistas difícilmente pueden satisfacer a quienes no han votado ahora al PSOE

Jueves, 26 de Mayo de 2011 - Actualizado a las 05:18h

ES cierto que el PP ha ganado las elecciones autonómicas y municipales. Y es cierto también que a la euforia política y partidista derivada de esos resultados se añade la apertura de un tiempo de desconcierto y guerra interna en el PSOE tras su descalabro electoral. Ambas situaciones ofrecen un inmejorable panorama al PP de Rajoy para afrontar las próximas elecciones generales, ya sean en marzo de 2012 si Zapatero insiste en aguantar la Legislatura, ya en otoño si finalmente se ve obligado a un adelanto electoral por falta de apoyos políticos en el Congreso o porque la presión interna en el PSOE le obliga a abandonar antes de tiempo. Sin embargo, más allá de la cantinela mediática afín a la derecha -que se ceba estos días con el tono chusquero habitual en la derrota de Zapatero como si hubiera logrado su entrega desarmado y cautivo-, el PP tiene motivos para reflexionar de forma más atemperada sobre su futuro electoral. El PSOE ha perdido porque no ha logrado movilizar a buena parte de su electorado, que ha abandonado su confianza en el proyecto de Zapatero conforme suS propuestas reformistas han sido vendidas a las imposiciones de la realpolitik conservadora. Ya sea en el ámbito de la vertebración territorial, donde la desafección del nicho de votos de Catalunya tras la traición del Estatut parece evidente, en la CAV, donde el pacto de López con el PP ha llevado al PSE al desastre, o en Navarra, donde los efectos del agostazo de 2007 de José Blanco y el apoyo a UPN han pasado factura cuatro años después al PSN. Ya sea en el ámbito económico, donde una gestión de la crisis desde la asunción sumisa de las recetas más duras del neoliberalismo mercantilista a costa de los derechos sociales y laborales de las rentas de trabajo y las clases medias ha pasado factura a la credibilidad de Zapatero. Pero ni en una cuestión ni en otra tiene el PP una propuesta alternativa que satisfaga mínimamente a quienes han abandonado al PSOE. Al contrario, su modelo de Estado y sus recetas económicas ante la crisis ahondan aún más en esas propuestas centralistas y derechistas. Y si el proceso de debate abierto entre los socialistas no se cierra en falso con la dedocracia que quieren imponer los barones -la mayoría estrepitosamente fracasados en las urnas, con López como ejemplo-, es posible que las elecciones generales no sean el mismo paseo triunfal que ha sido este 22-M para un Rajoy al que amenaza la sombra alargada de la corrupción de Gürtel.

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