Saltar al Contenido

crítica > ballet

'La bella durmiente del bosque'

Lunes, 20 de Junio de 2011 - Actualizado a las 05:20h

Almudena Lobón, escuela profesional de danza. Ballet en tres actos: coreografía de Almudena Lobón (aprés Marius Petipa), música de P. I. Tchaikovsky. Demostraciones de danza clásica y modern jazz con coreografías de Almudena Lobón y Manuel Cancela sobre música de Beethoven y ritmos modernos, respectivamente. En la 'Bella Durmiente', Amaia Remón e Iñaki Cobos encabezan un extenso reparto. Escenografía, atrezzo y producción: Duilio Abbondi. Gráficas: J.C. Díaz de Cerio. Vestuario: Mora/Lobón. Tocados: Rius/Paños. Luces: R. Larumbe. Ayudante de dirección: M. Sáinz. Dirección: Almudena Lobón. Auditorio principal de Baluarte. 18 de junio de 2011.

lA nueva producción de la Escuela Profesional de Danza Almudena Lobón ha vuelto a sorprendernos, y supone un peldaño más en la categoría del espectáculo que ofrece esta escuela al final del curso. A la disciplina, el progreso en el aprendizaje de las nuevas incorporaciones y la consolidación de los alumnos antiguos, a los que nos tiene acostumbrados año tras año, en esta ocasión se ha añadido una extraordinaria producción diáfana, limpia, fluida que solucionaba estupendamente no solo los bruscos saltos temporales del libreto, sino los cuadros de transición de la obra. Una producción que unía, con coherencia y sin traumas, tradición y modernidad. Una producción que quitaba hojarasca al bosque para dejarlo en unos oníricos bambúes, imponiendo un espacio amplio y desnudo para que brillara la danza. Una producción, por lo tanto, doblemente arriesgada, porque al dejar el fondo en blanco -siempre muy bien iluminado-, los defectos -en este caso las virtudes- se ven más. Y es que sólo si se posee un cuerpo de baile que solucione con solvencia el exigente material coreútico, se puede correr el riesgo de tan espectacular montaje.

De una obra larga, como es La Bella Durmiente, muy ceñida a los cánones clásicos, sin excusas ni divagaciones que no sean las puntas, los emportés, los exigentes giros etc…., lo mejor que se puede decir es que, en un noventa por ciento de la representación, uno se olvida del concepto de escuela y se siente inmerso en la historia. El colorido, el movimiento, el continuo fluir de escenas que impone la música, el sorprendente atrezzo -el barco-concha por ejemplo-, el vestuario, el transformismo lumínico, la poesía, en fin, del espectáculo, enganchan al espectador durante las casi tres horas que dura.

Con el apunte del prólogo, en el que la bella durmiente aparece en una camilla, ya se insinúa la diferencia con otras puestas en escena convencionales. La escena del bautizo es una alegría para los ojos: los siempre cálidos tonos pastel -aligerados de almidón- y el detalle de la golina en los hombres, también nos sorprende para bien. En esa pulcritud, surge la danza poderosa, de amplio vuelo, canónica y de masculina hermosura de los príncipes amigos. Llenan de sobra el magnifico tutti orquestal de Tchaikovsky. Sigue el paso a siete de las damas de honor: un delicado y etéreo círculo sobre puntas. Una tupida red de criaturas hace y deshace simetrías que aportan colorido, trazos lineales de danza que enriquecen la fiesta. Todo en un orden que -dado el número- no deja de ser milagroso.

Teresa Torres -entrando en el apartado de solos- compone sus dos personajes (hada Lila, pájaro azul) desde una esbelta elegancia, con una envergadura de impactante presencia. Su paso a dos con Egoitz Segura subió el listón. Egoitz se consolida en un estilo muy clásico y también elegante, y demuestra control y fuerza: sus emportés sobre el hombro fueron espectaculares, bien hechos. Para fuerza, soltura y valentía en los saltos, la de Marcelo Martínez. Sorprende su seguridad, su amplio recorrido por un espacio que acota a su antojo. Marta Sáinz y él se marcaron un paso a dos en el Gato con botas extravertido y lleno de gracia. Marta Aizpún se luce, también en el hada Verde. Pajes y duendes obedientes, tejedoras, mariposa, las damas de la cortes, el resto de los amigos del príncipe… imposible nombrar a todos. Y el bien logrado contrapunto oscuro de Carabosse y su séquito. Iñaki Cobos como príncipe Desiré añade a su innata elegancia una impagable técnica que consolida los giros y saltos y hace que parezcan fáciles, siempre al servicio de un fraseo impecable. Las figuras tejidas con la protagonista tanto en las elevaciones, como sobre la rodilla, bellísimas. Amaia Remón -Aurora, la bella durmiente- me impresionó con su plante sobre la punta en la recepción de los príncipes. Hizo gala de una extraordinaria profesionalidad. Y confió en el diálogo con su partenaire firmando un paso a dos en la boda de esos que se sobran de lirismo, luminosidad y belleza.

El próximo año se cumple el treinta aniversario de esta Escuela Profesional de Danza, previsiblemente se repetirá esta producción. Todo aficionado a la danza, y el que quiera aficionarse, debe verla. Será en un ambiente de celebración y agradecimiento a Almudena.

votos comentarios

(?)

Herramientas de Contenido

Publicidad

Cargando comentarios...

Gracias por su comentario

Haz tu comentario

Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es único responsable de sus comentarios.
  • Diario de Noticias se reserva el derecho a eliminarlos. 
Escribe tu comentario Número de caracteres (500/500)

Usuario registrado ¿Olvidaste tu contraseña?

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Últimas Noticias Multimedia

Publicidad

Publicidad