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por josé maría garcía bresó, Miembro de Dale Vuelta / Bira Besta Aldera - Viernes, 28 de Octubre de 2011 - Actualizado a las 05:28h
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EL día 13 de octubre se publicó en Cartas al Director la firmada por Chema Berro titulada Por el reparto del empleo. Y de los recursos. En ella anunciaba su decisión personal de solicitar a su empleador (la Administración) permisos sin sueldo hasta un 20% de su jornada (concretamente 1 de cada 5 meses). Justifica su planteamiento con dos argumentos sopesados: ante el empeoramiento de la situación social y laboral, y para que nadie sobre, solo queda impulsar medidas de reparto y acción personal en consecuencia.
Paralelamente a la reivindicación y al testimonio personal, denuncia la falta de interés de su empleador (la Administración Pública) para sumarse íntegramente a la iniciativa como acción eficaz de lucha contra el paro y concatenar la reducción de jornada con una sustitución del 100% (en vez de solo el 70%). Traduce esta divergencia las grandes distancias entre una realidad social y laboral cada vez más deteriorada y el engranaje del funcionamiento de la Administración Pública que responde a intereses políticos que, hoy por hoy y mientras no se demuestre lo contrario, no están al servicio del bien público, ni mucho menos como garantes de justicia e igualdad. Basta analizar cómo las medidas para salir de la crisis anteponen continuamente los beneficios sobre el bienestar de la población concentrando ayudas públicas para el capital y continuos ajustes para el trabajo. Tras ello, al igual que también desde otros prismas de análisis paralelos, siempre asoma el cuestionamiento sobre el concepto y modelo de democracia: o al servicio y protección del pueblo y de todas las personas sin exclusión o al servicio del mercado y de los poderosos.
El gesto no es baladí ni tampoco un arranque romántico-sindicalista, no puede pasar desapercibido. "Reduzco mi jornada de trabajo para que otros puedan trabajar", se sitúa en el mismo epicentro de la inteligencia más lúcida comprometida con la responsabilidad colectiva que anuncia una actitud profunda para la transformación del modelo capitalista que tiene cautiva la espiritualidad de lo humano y también la autonomía ciudadana para crear un tiempo nuevo; además, reducir la jornada de trabajo es la más inmediata y efectiva solución al desempleo y, por tanto, solución al deterioro de muchos aspectos de la vida personal, familiar y social, no solo económica.
Arriesgar y proponer desde la propia vida es algo más que un gesto testimonial, es aportar toda la racionalidad de la propia convicción aplicada como ejemplo viable y efecto llamada para la insurrección, en este caso contra el desempleo y sus causas, de forma que muchas más personas se sumen a esta magnífica oportunidad de construir, desde la base, soluciones reales que desenmascaren el egoísmo y ejerciten valores de equidad y de reparto, casi únicas condiciones para la paz y cohesión social a nivel local y global (...).
No vale solo la reflexión o la denuncia, hay que actuar, cada uno en la parte que le toque
Pero permanecer en la indignación durante mucho tiempo sin avanzar en ensayos transformadores, ya sean imperfectos o sectoriales, sería caer en el riesgo de la esquizofrenia o el victimismo de los simples, por ello el paso inmediato a la indignación es la acción, individual y colectiva. No vale solo la reflexión o la denuncia, hay que actuar, cada uno en la parte que le toque y en las opciones particulares que considere, tal vez primero personalmente y luego compartiendo y programando acciones entre más, entre todos (...).
Desde estas convicciones se viene trabajando también en un proyecto comunitario de transición en la Chantrea entre las diferentes organizaciones populares del barrio y Dale Vuelta/Bira Beste Aldera. La Chantrea se cuestionará el modelo energético, la alimentación, la movilidad, el consumismo… y se abrirán espacios colectivos para construir la transición frente al modelo económico de depredación de la naturaleza, agotamiento de los recursos y su injusto reparto (...).
Termina la carta con tres solicitudes sugerentes con sustrato provocador: que la Administración recoja la razón del reparto de trabajo como válida para conceder permisos sin sueldos. Que los sindicatos en la negociación colectiva pongan el acento en reducciones de jornada y su traducción en oferta pública de empleo equivalente. Y que todos los trabajadores con empleo hagan lo que esté en su mano con cualquier tipo de medida como no hacer horas extras...
La predisposición individual y la actuación personalizada requerirán inmediatamente, por justicia y autenticidad, que el reparto sea una exigencia colectiva, y el reparto en relación directa a la propiedad y a la riqueza, es decir, quien más tenga que más aporte.
Indignarse, denunciar y actuar son fases necesariamente unidas para situar la esperanza en el prisma de la credibilidad y abrir el torrente de compromisos que permitan transformar la realidad repartiendo y compartiendo en igualdad el trabajo, los recursos, las obligaciones… la vida.
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