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Editorial

Rejonazo fiscal a las clases medias

La subida de impuestos que negó UPN ya es oficial y tampoco recae en las rentas más altas, como dijo garantizar el PSN. La resultante es que el Gobierno vuelve a acreditar su incapacidad y su incongruencia

Jueves, 26 de Enero de 2012 - Actualizado a las 07:35h

eL navarro de a pie, ése que configura lo que se ha venido en denominar las clases medias, ya conoce que el Gobierno le va a subir los impuestos cuando sus socios o negaron la mayor, como UPN, o como en el caso del PSN se prometió que la principal carga impositiva recaería en las rentas más altas. Una afirmación que ha quedado reducida a un burdo ardid propagandístico porque el principal núcleo de la recaudación son las rentas con base imponible entre 17.526 y 88.000 euros, a las que se aplica un aumento de entre 1,5 y 3 puntos porcentuales. Más allá de esta palmaria contradicción de UPN y del PSN con la hemeroteca -en este caso con la circunstancia agravante de que el PSOE se opone a la subida impositiva del PP que ahora secunda el bipartito con ligeras modificaciones-, resulta evidente que los 65 millones de euros que espera ingresar la Hacienda Foral se dedicarán a compensar la mala previsión para 2012 como colofón a una política despilfarradora -además de clientelista- basada en el cemento y no precisamente en el combate del fraude fiscal. Es decir, se trata de una medida netamente recaudatoria a costa de las rentas del trabajo y por tanto de mermar el circulante de los particulares, lo que obviamente redunda en un consumo menor. La pregunta es cómo el Ejecutivo foral piensa remontar la crisis a base de recortar gasto público y de quitar dinero del bolsillo de los ciudadanos cuando buena parte de éstos han visto menguar sus ingresos por mor de congelaciones o rebajas salariales, cuando no por haber sido condenados al desempleo. Por lo demás, el recurso a copiar casi miméticamente la reforma fiscal de Rajoy -con la sempiterna cantinela de que ningún contribuyente pague más que los del régimen común- acredita la incapacidad del Gabinete de Barcina para ofrecer alternativas a la sociedad navarra, pasto de la misma incertidumbre que en el resto del Estado por la ineptitud del Ejecutivo para exprimir las potencialidades del autogobierno foral en aras a implantar por ejemplo un modelo tributario realmente progresivo y redistributivo. La realidad será dura, mucho, pero tanto o más la observancia de este Gobierno ramplón e incongruente, sin más cohesión interna que el reparto de jugosos sueldos públicos.

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