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Mesa de redacción

Absurda injusticia

por joseba santamaria - Jueves, 26 de Enero de 2012 - Actualizado a las 07:35h

lA persecución judicial de la Seguridad Social contra el joven navarro Oier Lakuntza Irigoien es surrealista y absurda. Es un proceso terrible por la imagen de dureza y frialdad que transmite. Un brillante estudiante -a punto de doctorarse en Química Cuántica en la Universidad del País Vasco tras licenciarse en la Universidad de Navarra con un excelente expediente-, a pesar de ser sordociego y padecer el síndrome de Wolfram. Una vida de duros esfuerzos personales, familiares y de compañeros y amigos -desde que estudiaba en Paz de Ziganda-, para superar los obstáculos de la enfermedad. Su delito: percibir ingresos de una beca de apoyo a la labor de investigación de su tesis doctoral al mismo tiempo que la prestación económica por discapacidad. El empeño en la Seguridad Social revela la dura frialdad de una burocracia anónima que se limita a tramitar expedientes sancionadores al margen de cuál sea el caso humano que habita tras cada procedimiento. Nadie es responsable, porque todos se limitan a traspasar de una oficina a otra, de un servicio a otro, un frío papel. Y eso es lo peor: que una vez puesta en marcha la maquinaria administrativa, nadie parece dispuesto a parar los engranajes y reflexionar sobre lo que se hace para evitar así tener que asumir responsabilidades. Los impulsores de la denuncia alegan que se limitan a aplicar la ley, los responsables de su tramitación se escudan en que sólo cumplen órdenes y los jueces se aferran a esa idea de la justicia en la que prima aplicar el aséptico a pie de letra de la ley, aunque ello no implique impartir justicia, sino la absurda injusticia de obligar a elegir entre comer o formarse.

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