Saltar al Contenido

Ana zabalegui directora general de cultura

"Si queremos una Navarra desarrollada en lo social y en lo económico, habrá que desarrollar la cultura"

No le molesta que la mayoría de las críticas que ha recibido en estos primeros meses en su nuevo puesto hayan venido del sector de las artes escénicas. El suyo. Reconoce que le ha tocado tomar decisiones difíciles y dice que, a falta de dinero, es buen momento para "pensar y hablar"

ana oliveira lizarribar - Domingo, 5 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 05:12h

Ana Zabalegui posa en la sede del Departamento de Cultura, junto a la Catedral.

Ana Zabalegui posa en la sede del Departamento de Cultura, junto a la Catedral. (Patxi Cascante)

Galería Noticia

pamplona. Sentía que su etapa en el Gayarre había llegado a su fin y aceptó el "privilegio" de hacerse cargo de la dirección general de Cultura del Gobierno foral. Un puesto en el que sabe que estará más expuesta al foco de la opinión pública; y lo entiende, "forma parte de mi trabajo", igual que es consciente de que la reducción presupuestaria le obligará a "no tomar decisiones sin reflexionarlas mucho, porque afectan a terceros" y a aparcar las apuestas para mejores tiempos.

Trabaja en un departamento en el que se aglutinan Cultura, Turismo, Relaciones institucionales, Inmigración y Portavocía. Demasiadas tareas para un solo consejero, hay quien piensa que, a efectos prácticos, la consejera de Cultura es usted.

Para mí es difícil percibir eso desde dentro. Pero lo que sí siento, y ahora lo sé mejor que hace siete meses, es que el papel de un director general es uno y el de consejero es otro. Y siento que soy directora general, no consejera.

¿Y cuál es su papel?

Al final, la dirección general es algo así como la gerencia de una empresa pública. Mientras que el consejero sería el presidente de esa compañía.

Desde su experiencia como gerente de una entidad pública, ¿cómo hacer para que la política no interfiera demasiado en la cultura?

Bueno, creo que una de las cosas más necesarias es entender que en la sociedad estamos todos y que en el proyecto cultural público también tenemos que estar todos. Pero eso no quiere decir que la política no deba estar presente. De hecho, creo que, a veces, en la gestión cultural pública faltan políticas culturales, y no solo en Navarra, sino en toda España. Entiendo que en una etapa presupuestaria como la que acabamos de vivir, el juego es de otra naturaleza dentro de los partidos políticos. Pero, por ejemplo, en un debate de televisión vi que en lo único en que coincidían el PP y Bildu era en temas de cultura.

Más que política, quizá lo que sobran son partidismos.

Sí, puede ser. Desde aquí, igual que desde el Gayarre, tengo claro que la acción cultural debe ser para toda la sociedad y debemos establecer los cauces para participar todos.

Llega al departamento en una época de vacas flacas. ¿Cómo piensa suplir la falta de financiación?

Como gerente de esta compañía, mi trabajo es gestionar el presupuesto que me dan, analizando muy bien todo y tomando medidas dentro de un proyecto que nos parece coherente; de modo que el dinero que gastemos rinda el mayor número de resultados sociales, artíscos y culturales posibles. Tenemos que aprovechar los recursos de que disponemos, entendiendo que es una época mala para todos. Este será un año malo, el siguiente también, pero estoy segura de que el siguiente ya no. Tenemos que pensar así, y siempre digo que hay dos cosas que no cuestan nada y que casi nunca tenemos tiempo para hacer, que es hablar y pensar. Ahora es el momento de ponerlas en marcha, armarnos para cuando vengan mejores tiempos y tener lista la acción expansiva, aunque ahora nos toque estar aquí tan contenidos.

Da la sensación de que, con motivo de la crisis, está calando el mensaje de que más vale un médico que una obra de teatro.

No todos los servicios públicos son iguales. Por ejemplo, la sanidad y la educación son servicios universales, los pagamos y nos llegan a todos. Son esenciales y creo que de ahí viene el comentario. Pero también digo que yo no entendería la vida sin la cultura y creo que una de las razones más importantes por las que a uno le merece la pena estar sano y educado es para disfrutar de la cultura.

De hecho, diversos organismos defienden la cultura como motor de desarrollo de las sociedades; en ese sentido, ¿qué cree que puede aportar a Navarra?

Primero, creo que la vida de las personas es más rica en cuanto tienen integrada en ella la cultura. Yo no entendería mi vida sin la cultura. Pero, además, efectivamente, la cultura tiene unas consecuencias instrumentales para la cohesión social y para el desarrollo económico de la sociedad. Y lo que dicen los estudios es que está comprobando que la sociedad que se desarrolla culturalmente se desarrolla también económica y socialmente. Con lo cual, si queremos que Navarra dentro de unos años sea una sociedad desarrollada en esos ámbitos, está claro que hay que desarrollar la cultura.

¿En esa línea, cuáles van a ser sus apuestas principales desde la dirección general de Cultura?

La gestión en tiempos de crisis no es igual que la gestión en tiempos expansivos. Y la palabra apuesta tiene más que ver con momentos expansivos. Así que mis intenciones tienen mucho más que ver con ser rigurosa en las decisiones que tomamos para gastar el dinero que tenemos; en tratar de no equivocarnos a la hora de priorizar las acciones; en mantener lo básico... En fin, mi trabajo aquí ahora tiene más que ver con eso que con apuestas de desarrollo. Pero, como digo, también es el momento en que podemos dedicar un tiempo al desarrollo del futuro.

Una de las principales críticas que recibió Cultura en las legislaturas anteriores se refirió a la falta de planificación. ¿Qué tiene previsto hacer con los planes que se iniciaron en torno a la música o las artes escénicas?

Uno de los objetivos inmediatos es desarrollar un Plan Estratégico de Cultura. Lo que ocurre es que en estos siete meses ha habido que hacer muchas cosas urgentes como cambiar la estructura del Departamento, adaptar el presupuesto a una nueva situación... Y seguramente no hemos dedicado un tiempo excesivo al Plan, que es muy importante, pero creo que ahora estamos en el momento de hacerlo. Efectivamente, contamos con una serie de propuestas parciales que, por supuesto, aprovecharemos. En este momento estamos desarrollando la base del plan, viendo por dónde empezamos y cuál va a ser la mecánica operativa. Va a ser uno de nuestros principales proyectos.

También se pedía al departamento que se abriera a la participación de los agentes culturales.

No sé cómo era antes la situación, pero tengo claro que nosotros trabajamos para la sociedad y una parte de ella son los agentes culturales y el ciudadano, por eso me parece que es indispensable que exista una comunicación fluida entre las distintas personas que intervienen en el hecho cultural. En ese sentido, sí que creo que aporto lo que ha sido mi trabajo en el Gayarre, es decir, que el proyecto sea colectivo. De hecho, aunque este año hemos priorizado convocar las ayudas cuanto antes, nuestra idea es ir incorporando sugerencias que las mejoren.

Hablando de subvenciones, está claro que vivimos un momento de cambio de modelo de financiación en todos los ámbitos, incluida la cultura. Y ya se habla de alternativas como el patrocinio y el mecenazgo, aunque en el Estado no hay mucha costumbre de esas prácticas.

Aquí hay dos temas distintos. En torno a las ayudas todavía tenemos que estudiar muchas opciones, saber si serán subvenciones, préstamos compartidos... Otro tema es que cuando hablamos de mecenazgo es verdad que nos referimos al modelo de la sociedad americana y creo que no podemos usarlo, porque nuestra sociedad, nuestro sistema impositivo y nuestra concepción de lo público y lo privado son muy distintos, así que habría que desarrollar una fórmula propia. En lo que sí que creo que podemos trabajar es en las aportaciones individuales, en estas cosas que ahora se llaman crowdfunding, y que esas acciones desgraven, como pasa, por otra parte, con cuestiones deportivas. Además, parece que el Estado va a desarrollar una ley de mecenazgo y nosotros ahí estaremos, a rebufo, viendo cómo aplicarla aquí.

En los meses que lleva como directora, el ámbito que más guerra le ha dado es el de las artes escénicas, que es el suyo, ¿lo esperaba?

(Sonríe). Está bien que sea un sector activo. Y creo que esa guerra ha venido con el paso de las partidas nominativas a las convocatorias y también con un momento en que se estaban discutiendo los presupuestos y en el que, de manera legítima, las distintas entidades intentaban que el asunto se resolviera de la mejor manera posible para cada una de ellas.

Hay quien se ha sorprendido de que la Escuela Navarra de Teatro esté viviendo su momento más crítico con usted en el Departamento.

Yo debo gestionar el presupuesto que tengo. Lo que había que pasado en los últimos años de expansión es que las partidas nominativas habían ido creciendo por motivos diferentes, de tal manera que en el presupuesto había más de veinte entidades con asignación. Y cuando llega el momento en que sabes que hay que reducir el presupuesto, tienes dos opciones: o reducir a todos proporcionalmente y dejar fuera al resto de proyectos que ya no están aquí, o intentar establecer un mecanismo por el que podamos evaluar si estas entidades tienen que estar o deben entrar otras. Entendiendo, por supuesto, que se va a valorar su trayectoria y que no se trata de jugar en igualdad de condiciones. En ese sentido, no hemos optado por reducir horizontalmente a todas porque eso sería empobrecerlas en general. A mí me parece que es cierto eso de que gobernar es priorizar, por eso hemos intentado hacer una convocatoria clarificando cuáles son los objetivos de las ayudas e intentando encontrar unos indicadores medibles razonables para poder evaluar. Está claro que de las veinte entidades, cada una de ellas piensa que si a alguien no debe desaparecerle la partida es a ella. Por otro lado, hay que recordar que la Escuela ha tenido partida nominativa en 2011, 2010, 2009 y 2008, pero antes se presentaba a una convocatoria pública. Es decir, en 2007 estaba en la misma situación en que está ahora. Pero espero que se presente a la convocatoria, sea bien valorada y reciba su parte.

Lo que sí parece es que Cultura deja la parte formativa de la ENT en manos de Educación.

Eso sería lo suyo, pero nuestra convocatoria es lo suficientemente abierta como para que la Escuela pueda presentar un proyecto conjunto. Aparte de esto, creo que está claro que, por muy artística que sea, una formación que tiene primero, segundo y tercer curso y que se puede asimilar a una FP o a una diplomatura, pertenece al ámbito de la educación.

¿Le parece que en Navarra tendría que abordarse de una vez este tema y que debería existir una formación reglada en el ámbito teatral?

Cómo no, yo vengo del teatro. Está claro que es un tema muy pendiente y no seré yo la que determine cuáles son las prioridades de Educación, pero me encantaría que aquí hubiera unos estudios artísticos universitarios y que se formasen actores que pudieran tener un título.

Otro asunto de actualidad es la Red de Teatros, ¿qué va a pasar con esta herramienta?

La Red de Teatros va a seguir existiendo. Lo que existía hasta ahora era un convenio que formalizaba las relaciones entre el Gobierno y la Federación de Municipios en cuanto a este tema. Pero lo que nos transmitían los ayuntamientos de manera casi unánime es que el acuerdo era mejorable. Así que, como venció a finales del año pasado, entendimos que había que estudiar la situación. Ese convenio hablaba de dos cuestiones. Una, la subvención que la dirección general da a los teatros en función de unos criterios para mejorar la cantidad y la calidad de la actividad; y dos, el trabajo en red. Ese trabajo en red tiene un coste, después de varias reuniones hemos determinado cuánto sería y ya estamos en condiciones de sacar la convocatoria en breve.

¿No se acertó con la primera fórmula?

Bueno, ahora estamos hablando sobre ello. Es normal que un proyecto nuevo tenga sus idas y sus venidas y estamos analizando cuál sería el mejor procedimiento operativo de ese trabajo en red: o bien que los ayuntamientos constituyan una unidad y el Gobierno les dé una subvención para que una persona lleve a cabo ese trabajo; o bien que el Gobierno haga un contrato externo para eso. Ahora estamos en eso, hablando tanto con los técnicos como con los alcades.

¿Álex Ruiz Pastor no era la persona adecuada para llevar a cabo esa tarea?

No sé si era la persona adecuada o no. Él manifestó su interés de no seguir y ya está. Y lo importante no es tanto eso como pensar en qué vamos a hacer en adelante.

votos comentarios

(?)

Herramientas de Contenido

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad