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Editorial

Después de Chávez

Con un claro apoyo electoral del 55%, el efecto movilizador del 'chavismo' se mantendrá tras su muerte, pero falta saber la evolución del socialismo bolivariano en Venezuela y de la izquierda en Latinoamérica sin uno de sus líderes carismáticos

Jueves, 7 de Marzo de 2013 - Actualizado a las 05:05h

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ANALIZAR el fallecimiento de Hugo Chávez con los mismos modos exagerados con que él mismo detentó el poder en Venezuela para tildarle bien de dictador populista -o, por el contrario, de paradigma de una nueva gobernanza social-, supone en cualquier caso desvirtuar el papel real de una figura tan controvertida como condicionada por las características sociopolíticas que han marcado la historia reciente de Lationamérica. Con luces y sombras -sobre todo, su apoyo en sectores militares y sus constantes choques con la libertad de expresión-, lo cierto es que su participación golpista en 1992 puso punto final a un régimen bipartidista corrupto y desleal con la democracia y con la sociedad venezolana y que ha sido a través de las urnas como se ha convertido en uno de los líderes más carismáticos del bloque de izquierdas en América Latina, que puso fin al desastre social y económico en que habían sumido a ese continente las políticas neoliberales del FMI y el Banco Mundial en los 80 y 90. Chávez optó por la vía electoral y ha logrado en reiteradas ocasiones -hasta una docena- la legitimidad democrática de las urnas, gracias a un importante respaldo electoral, el 55% en los comicios en que fue reelegido presidente hace sólo unos meses. Es igualmente cierto que en la oposición a Chávez y al chavismo no hay únicamente nostálgicos del antiguo régimen que llevó a Venezuela al desastre, sino también organizaciones sociales y políticas que ven con recelo la expansión patrimonial del poder en manos del chavismo. Son, en cualquier caso, condicionantes que seguirán siendo esenciales en las próximas elecciones venezolanas, en las que el designado sucesor, Nicolás Maduro, podrá contar con el efecto de la movilización que provoca la muerte de Chávez -como muestran las multitudinarias imágenes en favor de su proyecto de socialismo bolivariano-, para derrotar a Henrique Capriles, el único candidato capaz de aglutinar a la oposición y plantear una alternativa al chavismo sin Chávez. Pero el problema llegará después, cuando Maduro deba enfrentar, sin su predecesor, las carencias sociales, la inestabilidad económica y la violencia que Chávez, contrariamente al analfabetismo o la pobreza, no ha logrado reducir en la misma medida. Y queda saber también cómo evolucionará la izquierda en Latinoamérica -Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua o Bolivia-, sin la capacidad de influencia política y económica de Chávez.

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