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Navarra decide su futuro

Cuatro años de recortes, inestabilidad institucional y desgobierno dan paso a las elecciones forales más inciertas
UPN se aferra al discurso del miedo para evitar la construcción de una alternativa de Gobierno

Ibai Fernandez / Javier Bergasa/Patxi Cascante/Unai Beroiz - Domingo, 24 de Mayo de 2015 - Actualizado a las 06:07h

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GaleríaLos navarros acuden a votar el 24-M

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La jornada electoral ha dado comienzo este domingo en Navarra a las 9 horas con la apertura de los 358 colegios electorales, que albergan un total de 966 mesas en las que los ciudadanos podrán depositar su voto hasta las 20 horas. La normalidad ha sido la tónica general de la apertura, sin que se hayan registrado hasta el momento incidencias reseñables.

Pamplona- Cerca de medio millón de navarros están llamados hoy a elegir a sus representantes en ayuntamientos, consejos y Parlamento en una jornada electoral que se presenta más incierta que nunca. Un día en el que la sociedad navarra mirará al presente pero también al futuro, y del que saldrá el Gobierno foral para los próximos cuatro años.

Es el momento para decidir entre la continuidad de UPN o el cambio que demandan las fuerzas de la oposición parlamentaria. La jornada electoral se presenta así plagada de incertidumbres ha-ciendo realmente difícil vaticinar qué van a deparar las urnas esta noche, y mucho menos cómo se traducirá ese resultado en la conformación del próximo Gobierno de Navarra.

La llamada a las urnas ha llegado finalmente tal y como exige el calendario, pero demasiados meses más tarde de lo que hubiera requerido la inestabilidad política que ha atravesado Navarra los últimos tres años. Desde la ruptura del pacto UPN-PSN que en 2011 llevó a la presidencia a Yolanda Barcina, Navarra se ha visto sometida a un bloqueo político sin precedentes, que ha derivado en tres prórrogas presupuestarias, dos mociones de censura frustradas y en un Gobierno de UPN atrincherado en su minoría incapaz de llegar a acuerdos que dotaran de estabilidad a la comunidad.

Las elecciones forales de hoy ponen fin así a una convulsa legislatura que se ha alargado en exceso pese a los continuos emplazamientos de la mayoría parlamentaria, que los últimos tres años han reclamado un adelanto electoral que desencallara la política foral. Un mandato marcado por la crisis y los recortes presupuestarios de un Gobierno que en demasiadas ocasiones ha mostrado tintes autoritarios, y que se ha traducido en un malestar social creciente reflejado en múltiples manifestaciones y protestas durante prácticamente los cuatro años. Ni siquiera la leve recuperación económica atisbada estos últimos meses ha logrado cambiar la percepción de la ciudadanía, que mayoritariamente considera que Navarra está hoy peor que hace cuatro años.

Un malestar que ha interiorizado incluso UPN, que consciente de la demanda de cambio y regeneración de la sociedad navarra ha renovado su lista electoral hasta el punto de dejar fuera de ella a la que todavía hoy es presidenta del partido. Una muestra más de que las elecciones de hoy suponen el final de un ciclo político, que va más allá del propio mandato de Yolanda Barcina, y que representa toda una forma de gobierno sustentada en la opulencia presupuestaria de la burbuja económica y en la exclusión y confrontación identitaria. Incluso en el lenguaje, con muchos matices, los regionalistas han querido romper con su pasado y hacer borrón y cuenta nueva con la esperanza de recuperar, si no a todos, sí a una parte de sus electores desencantados. Que lo haya logrado o no será sin duda una de las claves del resultado de esta noche.

Incierto resultadoCon Barcina escondida durante toda la campaña -ha suprimido todos sus actos institucionales para evitar presencia mediática-, UPN ha intentado llevar el debate electoral a su terreno, el del futuro de la identidad de Navarra. La campaña comenzó así con un cara a cara entre los candidatos de EH Bildu, Adolfo Araiz, y el de UPN, Javier Esparza, que el regionalista aprovechó para hacer un llamamiento a cerrar filas en torno a una imagen de firmeza y confrontación con el nacionalismo.

Un perfil duro, agresivo por momentos, que ya no ha abandonado durante toda la campaña, y que se ha traducido en el que prácticamente ha sido su único argumento electoral: el miedo al cambio bajo la profecía de la desaparición de Navarra, de los colegios concertados y ¡hasta de los encierros y la procesión de San Fermín! Un discurso excesivo pero que los regionalistas han agitado como un espantajo para intentar remontar en las encuestas, y que es posible que haya surtido efecto. Al menos para evitar la debacle que podría esperarse tras una legislatura marcada por la inestabilidad y el desgobierno.

La campaña de tierra quemada y resistencia se ha encontrado enfrente con una demanda de cambio clara en los grupos de la oposición, entre los que ha sobrevolado de una forma u otra las dudas sobre cómo se va a poder articular una mayoría alternativa a UPN. La historia reciente del PSN en su política de pactos y la dificultad de que Geroa Bai, Podemos, EH Bildu e I-E sumen los 26 escaños dejan abierta la incógnita de lo que pueda deparar la noche electoral. Esa es precisamente la otra gran pregunta que debe responder este 24-M, si estas cuatro fuerzas son capaces de sumar la mayoría absoluta, o si esta va a depender una vez más de la posición del PSN. Y en ambos casos, quién lidera la difícil gestión de un acuerdo tan plural, y con qué fórmula de Gobierno.

Cuestiones presentes durante una campaña que, salvo el mitin central de UPN de pasado domingo, ha estado exenta de tensión. Más marcada por las propuestas programáticas que por el cruce de declaraciones entre partidos, y que por eso mismo ha recibido una escasa atención de los ciudadanos, que sin embargo parecen dispuestos a acudir de forma muy mayoritaria este domingo a las urnas. De que lo hagan, y de cómo lo hagan, dependerá un resultado que incluso hoy resulta imprevisible.

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