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Zuza, acorde con los tiempos, da un vuelco a la Historia de Navarra en ‘Causa perdida’

En su primera novela, imagina un reino independiente una vez que Juan de Labrit derrota a Fernando de Aragón en Roncesvalles

Fernando F. Garayoa Javier Bergasa - Miércoles, 27 de Mayo de 2015 - Actualizado a las 06:10h

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Mikel Zuza, con su ‘Causa perdida’ como telón de fondo y con su ‘tesoro’ en la mano, la libreta en la que anotaba las ideas que dieron lugar a la novela.

Mikel Zuza, con su ‘Causa perdida’ como telón de fondo y con su ‘tesoro’ en la mano, la libreta en la que anotaba las ideas que dieron lugar a la novela.

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pamplona - Con la imaginación por bandera, el escritor navarro Mikel Zuza ha dado un vuelco a la Historia de Navarra en su primera novela, Causa perdida, editada por Pamiela. Una aventura que parte de la victoria ficticia que el rey Juan de Labrit logra ante las tropas castellana del rey Fernando de Aragón en Roncesvalles. Una victoria que otorga al Viejo Reyno una independencia y devenir propio, del que Zuza relata el periodo que va desde 1512 hasta 1783, un tiempo en el que Navarra hace de la imprenta y los libros su principal industria económica y, además, estrecha lazos dinásticos con los Estuardo escoceses. Soñar es gratis, y muy divertido.

El punto Jonbar de la ucronía creada por Zuza en Causa perdida acontece en la madrugada del 23 de octubre de 1512, cuando el rey de Navarra, Juan de Labrit, vuelve a recuperar su reino. “Lo que sucedió realmente es que entraron por el valle de Salazar y dudaron entre ir a por el castillo de Burgui, en el Roncal, para no dejar enemigos atrás, o hacer lo que yo hago en la novela que hagan: ir al paso de Roncesvalles a esperar al ejército del Duque de Alba que venía desde San Juan Pie de Puerto para alcanzar Pamplona. Yo hago que el ejército navarro venza en Roncesvalles al ejército castellano, y lo que ocurre a partir de ese día, que es de lo que trata la novela, es imaginado por mí”.

Una imaginación exquisita que atrapa al lector en una realidad paralela digna de elogio y que tiene, según el autor, varias lecturas y reivindicaciones. “La primera sería precisamente que, al hacer que cambie la historia, reivindico una Navarra que pudo llegar a existir, quizá no tan imaginada como la reflejo yo, pero sí que hubiera sido muy distinta. En este sentido, el título define, creo yo, muy bien tanto a la novela como al autor, ya que ver cumplido el deseo de cambiar la historia, que me ha perseguido desde joven, me deja muy satisfecho”.

el reino de la imprentaA partir de que Juan de Labrit vence a Fernando de Aragón, en 1512, “lo que hago es que Navarra se apoye en la imprenta, un invento todavía muy joven, de forma que durante los siguientes tres siglos, hasta 1783, el reino vive del negocio de los libros”, explica Zuza, quien ha dividido la novela en tres momentos cronológicos. “El primero es el citado de 1512. El segundo sería en 1610, el momento de la persecución de las brujas de Zugarramurdi, lo que sería el episodio más mágico y fantástico de nuestra historia. El último momento histórico sería 1783, a seis años de que estalle la revolución francesa, que yo sitúo como el momento en el que la razón triunfa en el mundo contemporáneo. Todo lo que voy contando a lo largo de estos tres siglos me permite recontextualizar a diferentes personajes de nuestra historia en una realidad nueva. Así, utilizo por ejemplo a César Borgia, Guillén de Brocar, el primer impresor de Navarra; Pedro de Axular, Francisco de Javier o Martín de Azpilicueta... Para contar todo esto y darle un nexo, tenía que encontrar un personaje que fuera el que explicara la novela, y así llegué a la figura de Miguel Antonio Domech, que fue un impresor real, de la Navarra del siglo XVIII, al que Diputación le encargó la segunda edición de los Anales de Navarra, escrita por el padre Moret cien años antes. Solo que Domech decidió no solo reimprimir el original sino que también le añadió una serie de notas que le molestaron tanto a la Diputación que hizo que destruyeran todos los ejemplares. Si ahora mismo se encontrara uno, sería como el santo grial del bibliofilia navarra. Este hecho es lo que me ha permitido a mi imaginarme lo que Domech pudo escribir”.

Navarra, el asombro del mundo Ya lo dijo Shakespeare en su obra Trabajos de amor: “Navarra será el asombro del mundo”. Una sentencia que ejerce en la sombra como pilar de la novela. “Dar la oportunidad a que los libros sean la base de todo un país me pareció una idea digna de ser desarrollada, de forma que durante toda la novela los personajes utilizan los libros para conseguir sus fines. En este sentido, algunos de los libros que aparecen son reales y otros me los he imaginado, pero siempre bajo la idea de que pudieron existir. La frase de Shakespeare la utilizo mucho, de hecho es una especie de lema que hago que emplee uno de los reyes descendientes de Juan de Labrit para promover la importancia del libro, que hará que Navarra se pueda mantener independiente en el concierto de las demás naciones”.

ilustraciones y música La novela, además de la propia historia, también recoge entre sus páginas un tesoro inédito en forma de ilustraciones creadas por José Luis Blanco y Fermín Zuza “bajo la premisa principal de que mostraran sitios que se sabe, por la documentación, que existieron, pero que actualmente no queda nada de ellos, solo la referencia en los textos. Esas descripciones son las que han servido a los ilustradores para recuperar esos espacios”.

Otra de las lecturas de la novela es la musical. “Aparecen muchos ejemplos de músicas y poemas de la época. Así, juego con dos de los cantares más antiguos del euskera: el Cantar de Bereterretxe y el Goizian goizik jeiki ninduzun. También hay varias arias de Vivaldi, personaje que, sorprendentemente, juega su papel en la historia, y varias canciones escocesas... Y es que el final cronológico de la novela, en 1783, acontece con el matrimonio de la reina de Navarra con el heredero de Escocia, Carlos Estuardo”.

Finalmente, Zuza no quiso dejar pasar la oportunidad de apuntar que escribir esta novela fue una especie de terapia casi salvadora en un momento negro de su vida, “viéndome reflejado, principalmente, en la figura de Juan de Labrit, un nexo que me va a acompañar siempre”. A su vez, y tirando de mucha imaginación, Zuza también se atrevió a dar forma a cómo sería la Navarra actual siguiendo el hilo de su novela, “que nos convertiría en un país puntero y basado en las nuevas tecnologías, aunque yo soy muy de papel...”.

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