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premio príncipe de viana 2015

Ramón Andrés: “España es un país complejo, atrasado, de reyerta, con una forma de hacer política muy primitiva y arcaica”

El próximo 10 de junio se convertirá en el 26º galardonado con el Premio Príncipe de Viana de la Cultura

fernando f.garayoa - Domingo, 7 de Junio de 2015 - Actualizado a las 06:14h

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Pamplona. Gasta un hablar tranquilo, pausado, con una vehemencia taimada pero efectiva. Ramón Andrés es un erudito reflexivo, un pensador nato, una persona que disfruta encerrándose con su trabajo y con sus libros, una especie a proteger dentro de esta sociedad apresurada, sin apenas valores que sobrevivan al culto al dinero.

Ensayista, escritor o poeta son algunos de los oficios que aparecen en la biografía de Ramón Andrés, y figuran junto a uno que es el que quizá más sorprenda en estos tiempos, incluso que se considere como oficio, el de pensador...

Sí, la verdad es que pensador podría confundirse con filósofo, pero no me considero filósofo sino, efectivamente, alguien que, más allá de los cánones de la filosofía y de sus códigos, trata de pensar el mundo, pensar las cosas, pensar lo que nos rodea y qué es uno mismo, también.

Esa acción de pensar, tan necesaria para crecer, conocerse y avanzar, es quizá de lo que más adolece la sociedad actual, que no piensa sobre ella misma.

Efectivamente, vivimos en una sociedad imbuida por la prisa, por la necesidad de consumo, por la necesidad de bienestar y confort, olvidándose de lo primordial, que es saber, como sociedad y colectivo, qué queremos, dónde estamos y qué respuesta tenemos que hacer ante un sistema que impide que nos desenvolvamos como personas. Es algo yo creo que teológico, que se ha instaurado para la anulación de cada uno.

Y, ¿Ramón Andrés ha encontrado esa respuesta o, al menos, tiene su respuesta?

La respuesta nace en el siglo XVIII cuando se crea el individuo como unidad cerrada y crece el individualismo. La anulación del ser ha sido provocada por ese individualismo feroz que tenemos, que parece que marca la pauta de toda nuestra vida y que hace imposible cualquier proyecto colectivo sólido. El individualismo ha sido la gran trampa del Estado, al hacernos creer que cada uno de nosotros somos distintos del que tenemos enfrente. Es el olvido del otro.

Editor y traductor, otras dos caras de esta misma moneda que lleva por nombre Ramón Andrés, solo que en este caso centra su mirada en el trabajo de otros, por lo que entiendo que cambiará su perspectiva y modo de hacer.

"El individualismo ha sido la gran trampa del Estado al hacernos creer que cada uno es distinto del que tenemos enfrente. Es el olvido del otro"

Efectivamente. He sido, soy, un traductor no profesional, en el sentido de una persona que se levanta cada día y su oficio es traducir. Yo he sido un traductor, por fortuna, más o menos selectivo, de obras que me interesaban, de ciertos autores... Y, en este sentido, ha sido algo más diletante que profesional. Y, en cuanto a editor, he publicado algunas obras de clásicos, he contribuido a algunos proyectos editoriales que han sido, en gran parte, de mi pan cotidiano.

Por cerrar este círculo que engloba las profesiones, las dedicaciones de Ramón Andrés, a sabiendas de que faltan unas cuantas, ¿cómo se gestó su afición por los aforismos?

Publiqué un libro hace tres años de aforismos (Los extremos, 2011) y ahora saldrán otros dos. El aforismo es un género no muy bien visto por algunos, pero yo creo que exige mucha precisión. Y como he sido lector de aforista siempre me ha llamado mucho la atención esa precisión del lenguaje, de la idea expresada en poco terreno, ese saber moverse en medio metro cuadrado. Y, además, cuando uno lee a los clásicos latinos o griegos, se da cuenta de que en su prosa hay cantidad de aforismos. Quizá contagiado por esos autores que destilan de pronto maravillas, acabé entrando yo en el mundo de los aforismos.

Resulta curioso que una persona que utiliza el ensayo para plasmar sus ideas, con el desarrollo que eso implica, utilice también el aforismo, que se sitúa en el extremo opuesto.

Esto ya me lo ha dicho algún amigo: "¡Cómo puedes escribir diccionarios tan largos y luego dedicarte a los aforismos" (risas). Pues es como el compositor que escribe una sinfonía y luego compone un breve estudio para piano. Además, somos siempre las dos formas: la extensión y lo reducido, el yin y el yan.

Ha dedicado libros a Bach o a Mozart, entre otros, ejerciendo quizá el inteligente papel de no elegir entre Beatles y Rolling, sino disfrutarlos a los dos.

Sí, porque son dos mundos muy distintos, dos lenguajes muy diferentes y también dos épocas distintas. En los tiempos de Bach se evolucionó mucho hasta el punto de que Mozart, que no vivió tantos años después, ya se encontró con otro mundo musical. Bach, para mí, es el mayor de los compositores que he estudiado y conocido, pero Mozart, su música, tiene algo, una naturalidad que lo hace enorme. Son tópicos pero reales.

¿Solo sabiendo mucho de música, o habiendo leído mucho sobre ella, y habiéndola interpretado, se puede escribir sobre el silencio con conocimiento de causa?

"El progreso que vivimos es una falacia. Un progreso productivo, industrial y de consumo nunca puede ser, en realidad, un progreso"

Sí, yo creo que la música, en el fondo, si lo pensamos bien, es una forma de silencio que nos aisla de este mundo tan absolutamente ruidoso y mecanizado; enseguida acudimos a la música para aislarnos. Y eso quiere decir que algo tiene de silencio. La notas tienen una levadura, por decirlo de algún modo, que está llena de silencio. Y yo diría que también en la música hay silencio; es más, yo creo que el reverso de la música no es el silencio sino el ruido.

En alguna ocasión, y esto no es un aforismo, ha llegado a decir que "España no tiene solución".

No, no es un aforismo... Me cuesta pensar que este país que llamamos España, y es difícil decir esto, es un país sumamente complejo, sin menospreciar a nadie, y atrasado en muchas cosas; hay mucha envidia y mucha ignorancia, e incluso, a veces, jactancia de lo que se ignora. Y eso me hace recordar las pinturas negras de Goya, con esos gigantes que están hundidos en el barro hasta las rodillas. Veo que es un país de reyerta, que cuenta con una manera de hacer política muy primitiva y arcaica, y con una falta de visión estadista por parte de los políticos; políticos que están sujetos por el yugo de las próximas elecciones, y las próximas, y las próximas. Por todo eso se está dando también el éxodo de jóvenes que se van al extranjero, gente muy valiosa que no tiene medios para poder vivir o llevar a cabo su trabajo. En este sentido, los intelectuales y artistas estamos muy abandonados. Tal y cómo vamos no tienen mucha opción...

El problema es que si uno mira hacia la historia se da cuenta de que esta situación no solo se da ahora, sino que ya viene de lejos...

Es que este es un país con un ADN un poco tramposo... Al margen, eso sí, de las cosas maravillosas que tiene, como la generosidad, entrega o simpatía, pero eso no basta, realmente debiéramos tener más calado.

¿Vislumbra algún tipo de cambio, en este sentido, y en la falta de visión política, vistos los resultados de las últimas elecciones?

Creo que son reacciones ante una forma de hacer en la que surge lo contrario. Yo creo que este país es muy reactivo, quizá más que otros, y no lo sé, quizá se abran nuevos caminos. La cuestión está en ver cómo terminan y a dónde conducen de verdad, a ver si somos capaces de establecer un camino recto, sin demasiadas curvas, subidas y bajadas, si somos capaces de ser coherentes con la realidad.

Si el progreso, según Ramón Andrés, es "perfeccionar el pensamiento y el sentimiento ético", el progreso que dicen que vivimos, ¿qué es?

"La música ayuda a sobrellevar las melancolías que van corriendo dentro de uno, nos ayuda cuando estamos desconsolados"

Es una falacia porque es una cuenta corriente que está muy lejos de la población y el sentido ético. Un progreso productivo, industrial y de consumo nunca puede ser, en realidad, un progreso. Ya lo denunciaron algunos filósofos con Nietzsche en el siglo XIX. Este bienestar de unos cuantos, que ahora se ha extendido, eso es verdad, no es progreso. Progresar es tener capacidad de pensar en lo que se está haciendo y no ir por detrás de la producción, se trata de ir acompasado con lo que se produce. El progreso sería producir exactamente lo que se necesita, no más... Somos una sociedad con una ideología de excedentes y de esta manera no se puede funcionar.

¿Qué papel juega la música en la cultura? ¿Qué es la música para la cultura?

La música ha sido fundamental así como su influencia en las ideas de occidente. En muchos momentos ha sido una forma de filosofía con sonido. Pensemos en la aportación que pudo hacer, por ejemplo, un Hegel a finales del XVIII y principios del XIX, o lo que pudo aportar Beethoven. Todo son formas de pensar.... Pero la música está muy ahogada, ya no solo la música clásica sino la manera compulsiva, actual, de escuchar la música pop o rock. Estamos acostumbrados a una gran cantidad, pero pocas veces se escucha la música reflexiva o tranquilamente. Entrar en un mp4 es hacerlo en un súpermercado con cantidad de cosas de baja calidad y de ahí voy llenando el carrito, que es mi cerebro. Y la música clásica está, en España, en una situación muy precaria. Ojo, en el pop y el rock hay cosas muy buenas, a mí me gustan mucho, por ejemplo, Eric Clapton, Bob Marley, Joe Cocker o Leonard Cohen, aunque éste sea muy tranquilo para los jóvenes. A mí me gusta toda la música que está bien hecha.

Tenía pensado preguntarle para qué sirve la música, pero es que no tengo muy claro si la música debe servir obligatoriamente para algo...

Tiene razón, la música no tiene obligatoriamente que servir, tiene grandes virtudes, una de ellas, y muy importante, es el consuelo. La música nos ayuda cuando estamos desconsolados, la capacidad consolatoria, si se puede decir así, quizá no la ofrece otro arte, ni siquiera la poesía, que es algo fantástico. Creo que la música ayuda a sobrellevar las melancolías que van corriendo por dentro de uno.

Entre su prolífica producción literaria, destaca, entre otros, Diccionario de música, mitología, magia y religión, acertadísimo título pero que, deja en el aire, cuál es el nexo de unión entre los cuatro sujetos protagonistas.

En el fondo, este diccionario es un estudio del origen de las civilizaciones y el papel que tuvo la música. En este sentido, la mitología, la religión y la magia estaban muy relacionadas y el nexo fue la música. Ya que cada religión, cada ritual tenía su música, de ahí el título... Es el origen mítico del ser humano a través de la música.

¿Coincide Ramón Andrés con la definición, o con el hecho de que se defina a un tipo de música como culta?

Esto es complicado. Nos guste o no, tenemos que perder el miedo a decir si algo es culto o no. Evidentemente, hay que reconocer que no es lo mismo para un autor crear una gran obra, con muchos músicos, que componer una canción con cuatro acordes, una guitarra y una letra bonita. Hay una música que es más culta y otra que lo es menos pero una no tiene por qué oponerse a la otra y la culta no tiene por qué descalificar a la otra. Mozart o Brahms no anulan a Frank Zappan ni Chopin a Eric Clapton ni Bach a Keith Jarret. Todo lo que está bien, está bien.

Ramón Andrés, cuando se encierra en su cubículo, ¿utiliza la música como acompañante o el silencio?

Raras veces la música, en algún caso muy suave y lejana, pero habitualmente trabajo en silencio.

Para un erudito, un trabajador infatigable como usted, ¿la poesía es ese margen de maniobra y de libertad que siempre es necesario alcanzar?

No le voy a responder porque ya lo ha dicho usted. Es exactamente eso.

¿Ha preparado ya el discurso para la entrega del Premio Príncipe de Viana?

Lo acabo de empezar hoy (por el pasado viernes), y todavía no sé por dónde va a ir, aunque creo que debe ser algo muy breve. Sí le puedo decir que el núcleo será la gratitud por haberme concedido un premio que, sinceramente, no esperaba.

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