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primer encierro | la crónica

Los 'jandilla' siempre pillan

Accidentada y emocionante carrera de la torada de Borja Domecq, que se ha saldado con tres heridos por asta y varios contusionados

Kepa garcía - Martes, 7 de Julio de 2015 - Actualizado a las 06:26h

La Curva de la Muerte VER VÍDEO Reproducir img

La imagen corresponde al tramo de la calle de la Estafeta.

pamplona - En una ciudad tan dada a los convencionalismos y a las etiquetas es normal que con las ganaderías contratadas para San Fermín, especialmente si son de las más asiduas, suceda algo similar. Que si estos toros corren mejor sueltos, que si aquellos van siempre hermanados, que si los de más allá son muy nobles, pero con los jandillas existe una unanimidad casi generalizada sobre su extrema peligrosidad.

Los que de verdad saben de esto tienen ejemplos suficientes para haber aprendido que si los morlacos de Domecq andan sueltos por las calles de Pamplona lo conveniente es andarse con cuidado. Más si cabe después de que el año pasado acabasen su carrera sin dejar heridos, cosa rara en la casa, que ostenta uno de los índices más altos de heridos en el encierro (27 en 15 participaciones) y la última víctima mortal. Con el margen de probabilidades agotado para un segundo encierro consecutivo de los jandillas sin cogidas, era previsible una mañana complicada para abrir los encierros de San Fermín de este año, aunque la verdad no tanto.

Los tres mozos corneados (dos norteamericanos y un británico), 13 heridos, más de 70 contusionados y un sinfín de emociones y tensión durante los 2 minutos y 23 segundos que duró el encierro demuestran que cuando es el turno de los jandillas, los mozos cuentan con escaso margen de error.

Con mucho más calor y corredores que de costumbre para tratarse del primer encierro de las fiestas, desde la curva inicial se vieron las intenciones reales que traían los toros de Jandilla, uno de cuyos ejemplares, Campesino’ conocía el terreno del año pasado, cuando tuvo que ser devuelto desde los corrales por problemas de convivencia con sus hermanos de camada. Pero no fue él el primero en tomar las riendas de la manada, sino Fastuoso, un ejemplar de 605 kilos que hacía honor a su nombre por su imponente presencia y el poderío que exhibía su cornamenta. Se lanzó como un demonio por la mitad de la cuesta Santo Domingo. Un poco más atrás, otro toro negro mulato, Centurión, se fijaba en los corredores situados en la parte derecha, junto a la hornacina del santo, cogiendo en la axila a uno de ellos, vestido con una camiseta de rayas rojas y blancas.

POr la acera Con la carrera lanzada y la manada todavía compacta, Fastuoso decidió subirse a la acera y veloz, como todos sus hermanos, se bastó con dos cabezazos para limpiar la zona del vallado situado en mitad de la cuesta, pero sin llegara a empitonar a nadie pese a lo cerca que pasaron sus interminables cuernos de algunos de los allí presentes. A la plaza Consistorial llegaron los seis astados agrupados por colores: los tres negros por delante y el resto a cola; con los corredores incapaces de aguantar la velocidad de toros y cabestros, espléndidos ayer en su trabajo durante todo el recorrido.

Al final de Mercaderes Fastuoso se vio obligado a detener su vertiginosa carrera bloqueado por la presencia de un cabestro junto a la curva que da inicio a la calle Estafeta. Por ese lugar -vacío en ese momento pero que de normal muchos ocupan de forma poco consciente para presenciar en primera fila el encierro- el toro pasó al trote, sin perder detalle de lo que sucedía a su alrededor ante la incredulidad de algún despistado. A su izquierda Centurión se topó más adelante con varios corredores que seguían parados sin tener muy clara la trayectoria que suele tomar la manada en ese lugar, y que por lo que parece esperaban también disfrutar del momento en tan privilegiada posición. Nada de eso. Uno de ellos fue el segundo herido por asta y otro mozo se vio lanzado contra una tubería llevándose un morrocotudo impacto en plena cara.

A partir de ahí el encierro cambió. La manada bajó de revoluciones y de velocidad, lo que dio a los mozos alguna posibilidad para poder correr delante de los toros aunque para ello tuvieran que emplear brazos y codos para hacerse con un hueco. Hubo algunos bloqueos dignos del mejor baloncesto profesional y brincos para evitar a los muchos mozos caídos en el trayecto que para sí quisieran muchos equipos de atletismo. Carreras delante de los toros hubo pocas y de calidad, aún menos, pero al menos sirvió para ver la pasión que muchos mozos tienen por disfrutar del encierro lo más cerca posible de los astados.

El último tramo de la carrera fue tenso, pero los jandillas, contra lo que es su tradición, enfilaron la bajada del callejón despreocupados de lo que tenían a sus lados. Entraron muy desperdigados y casi en solitario. Muchos de los corredores optaron por desaparecer de la escena antes y la llegada a la plaza recordó escenas del siglo pasados, casi sin corredores. El miedo había vuelto a las calles.

Los apuntes

Primera inspección de Asiron. El alcalde Joseba Asiron, acompañado del concejal delegado de Seguridad Ciudadana, Aritz Romeo, realizó ayer su primera inspección al recorrido del encierro, recibiendo muchas felicitaciones y aplausos durante el paseo.

Música de gaita para amenizar la espera. Un grupo de dulzainas interpretó en el recorrido del encierro junto a Telefónica una canción sanferminera.

Ganadería con muchos heridos. Jandilla es la quinta ganadería con un promedio de corneados más alto (1,88 por encierro).

Un toro de regreso. El toro ‘Campesino’, número 5, ya estuvo el año pasado en Pamplona para correr el encierro, pero tuvo que ser devuelto por los problemas de convivencia con sus hermanos de camada.

Deslizante. Algún corredor se quejó de que el suelo del trazado agarraba poco a las zapatillas.

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