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séptimo encierro | la crónica

Rápido y accidentado penúltimo encierro de sanfermines

El parte médico registra dos heridos por asta de toro, un valenciano corneado en el abdomen y un vecino de Calahorra en la pierna

Ibai Fernández - Lunes, 13 de Julio de 2015 - Actualizado a las 06:09h

Varios mozos han resbalado en Estafeta. El mozo de camiseta verde clara, arriba a la derecha de la imagen, ha resultado corneado VER VÍDEO Reproducir img

Varios mozos han resbalado en Estafeta. El mozo de camiseta verde clara, arriba a la derecha de la imagen, ha resultado corneado.

Pamplona - Atléticos, fuertes y rápidos, los toros de Domingo Hernández son un relámpago que cruza las calles de Pamplona en San Fermín, compitiendo unos hermanos con otros por llegar primero a los chiqueros. Montanero, un colorado de 595 kilos, fue el ganador ayer en un carrera que la manada culminó en 2 minutos y 12 segundos, 28 segundos menos de lo que tardó el pasado año, el único precedente de la finca salmantina. El segundo encierro más rápido desde que hay registros, empatando con alguno más y solo superado por la velocidad de los bureles de El Pilar, que en 2011 completaron el recorrido en 2’11”.

Fue una carrera entretenida pero peligrosa, especialmente accidentada por la velocidad que impuso la manada empujada primero por los mansos y después por hijos de Domingo Hernández y Garcigrande -cinco astados del primer hierro y uno del segundo-, que por competir se repartieron hasta las cornadas, una para cada hierro, en una estampida en la que los mozos hacían papel de obstáculo. Muchos fueron atropellados sobre la marcha entre una acumulación de trompicones, caídas y golpes varios, porque aunque hubo menos gente que los dos días anteriores, la búsqueda de un buen lugar ante las astas siempre está peleada. Dos mozos las cataron en carne propia. José Luis Escorza, riojano de 22 años, empitonado por Pizpito en la pierna al inicio de Estafeta; y Pedro Díaz Catalán, valenciano de 32, que recibió una cornada en el abdomen cuando Tabaquero se lo quiso quitar de encima para no quedar descolgado de sus hermanos.

Donde castellano mató a Tassio Porque lo de ayer fue una carrera de velocidad en toda regla, con los cabestros un día más marcando el ritmo y estirando una manada en la que Pizpito enseguida se destapó como en el más rápido de todos. Tras él el resto de sus hermanos, vigilantes y peligrosos, pero que no pasaron del amago en todo el tramo de Santo Domingo. Fue precisamente este negro de 595 kilos el primero en entrar en la plaza del Ayuntamiento. Lo hizo por allí donde 20 años antes el torrestrella Castellano acabara con la vida de Matthew Peter Tassio. Triste aniversario de la muerte del joven americano, con quien la fatalidad se cebó un día de verdadera mala suerte en un tramo ayer bastante más despejado y que permitió a la manada cruzar la zona consistorial de forma limpia.

A partir de Mercaderes se empezó a complicar la cosa. Montanero, un precioso toro colorado con prisa por llegar a la plaza, salió disparado hacia el costado derecho, a la altura de Samoa, y bien pudo empotrar a un grupo de mozos que buscaba refugio contra la pared. Por fortuna no lo hizo, y prefirió mezclarse entre los cabestros y ganar alguna posición en la particular carrera de la torada mixta de Domingo Hernández. Montanero, que había entrado el último en la plaza del Ayuntamiento salió de Mercaderes detrás de Pizpito, que enfiló la Estafeta muy pegado a la pared. El hermano negro, que venía liderando la carrera desde el principio, arrolló a su paso a varios mozos al inicio de la calle, a los que se fue quitando a empujones hasta topar con Escorza, a quien propinó una cornada de 7 cm en muslo derecho por la que tuvo que ser trasladado a urgencias con pronóstico reservado. No se cebó Pizpito en una zona especialmente nutrida, pero bien pudo hacerlo si llega a tener un mal día.

Para entonces Montanero lideraba la carrera al ritmo que marcaba el cabestro, que más que un manso parecía una liebre, abriendo hueco con el resto de la manada, que recorrería el resto de calle partida en varios grupos. No había mucha distancia entre unos y otros, sí la suficiente para que los mozos buscaran un hueco y poder correr, aunque solo fueran unos pocos metros antes de salir de las astas o ser atropellados. Fue así como a la altura del bar Fitero el toro Tabaquero enganchó con su pitón izquierdo al segundo corneado de la mañana, Pedro Díaz, a quien dejó como recuerdo una puntada de 5 cm en el flanco abdominal izquierdo, también con pronóstico reservado.

Más suerte tuvieron los mozos que entre saltos y trompicones fueron cayendo ante los astados a lo largo de Estafeta. Cuatro de ellos lo hicieron a los pies de Juguetón, que corría intentando dar caza a Montanero y que se fue con la testa al suelo justo antes de entrar en la curva de Telefónica. También tenía prisa, así que se levantó para enfilar el callejón ajeno a la mocina. Tal vez fuera por ello que la bajada a la plaza se convirtió en el tramo más limpio y tranquilo ayer. Desde luego mucho menos peligroso de lo que viene siendo estos últimos días. Montanero y Juguetón sueltos por delante pero sin ganas de hacer sangre -desde luego oportunidades tuvieron-, y el resto de la manada por detrás, con los mansos haciendo de guías turísticos. Todos fueron directos a los corrales del patio de caballos tras los pasos de Montanero, que finalizó la carrera al trote orgulloso de quien se sabía ya el más rápido en la carrera más rápida de estos Sanfermines.

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