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Preferiría no leer...

El escritor y filólogo navarro Víctor Moreno, edita, de la mano de Pamiela, un ensayo que reflexiona sobre las causas que llevan a los adolescentes a no leer y elegir otro tipo de actividades para llenar su tiempo de ocio

Un reportaje de Fernando F. Garayoa Fotografía Iban Aguinaga - Viernes, 30 de Octubre de 2015 - Actualizado a las 06:07h

Víctor Moreno, ayer en la librería Auzolan, junto a su libro.

Víctor Moreno, ayer en la librería Auzolan, junto a su libro.

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“Lo que hace la escuela en diez años, lo deshace la sociedad en un minuto”

para hacerse lector no basta con saber leer”. Bajo esta premisa, el navarro Víctor Moreno, doctor en Filología Hispánica, escritor, crítico y profesor jubilado de Literatura en el IES Padre Moret-Irubide, acaba de publicar con la editorial Pamiela el ensayo Prefiero no leer. “Es un libro cuya finalidad es reflexionar acerca de las causas que hacen posible que cantidad de personas, en general, y de adolescentes, en particular, prefieran no leer y elijan otro tipo de actividades para llenar su tiempo de ocio”.

Ahondando en la reflexión que ha derivado en su última publicación, y como introducción a la misma, Moreno apunta que “no es suficiente saber leer bien para hacerse lector con garantías. Hace falta un algo más. ¿El qué? Nadie lo sabe. Lo que está claro es que hacerse lector, más que un asunto de saber leer bien, depende de ser de otro modo”.

Según explicó ayer el autor, “algo especial debe de tener la lectura que hace que una y otra vez nos preguntemos por qué en la adolescencia se lee tan poco, cuando, por ejemplo, en ningún momento, nos preocupamos de por qué no escuchan a Mozart, a Vivaldi o a Mahler. La estadística de los no lectores en esa edad es muy superior a la que reflejan los datos en Primaria. Y a medida que pasan los años dicha estadística negativa aumenta en progresión geométrica. Cabe suponer que quienes nos preguntamos por qué los adolescentes no leen es porque consideramos que tal hecho constituye un problema. La calificación resulta, si no extraña, algo paradójica, porque quienes aseguran que se trata de un problema no son los afectados, sino que lo afirman quienes no lo padecen. Es decir, los problemáticos son los otros. Más todavía, quienes leemos, movidos por un impulso de solidaridad y de empatía, intentamos que los no lectores lo sean, pues, además de no ser como nosotros, los lectores -ya saben, personas agradables y buenas, honradas y solidarias- se pierden una de las posibilidades más maravillosas de ser felices, además de un desarrollo estimulante de la inteligencia. Hablando en serio. Supongamos que nuestra intención de hacer lectores es sana y no obedece a propósitos ocultos y espurios. No solo eso. Admitamos que nuestra intención sea resultado de un planteamiento reflexivo, consciente y matizado. Sea como fuera, la pregunta seguiría siendo la misma: ¿por qué esta voluntad y este deseo? Es posible que en la respuesta que diésemos a esta pregunta estuviera, también, la explicación al rechazo de la lectura que tan tenazmente presentan los adolescentes. Porque, si a un problema se le dan las mismas respuestas ineficaces de siempre, el problema persistirá y seguirá sin resolverse. Por lo que sería necesario hacerse otro tipo de preguntas y de planteamientos”.

víctor moreno

Filólogo, escritor y profesor jubilado

Las causas Para Víctor Moreno, las causas que han posibilitado “el aniquilamiento lector en la adolescencia” son cuatro: un discurso basado en los efectos maravillosos de la lectura, el propio sistema de enseñanza, el hecho de que el desarrollo de la competencia lectora no basta para hacerse lector y, finalmente, lo que describe como valores desagradables de la lectura.

En cuanto a los efectos maravillosos de la lectura, Moreno especifica que “hasta la lectura se ha convertido en una farmacopea interdisciplinar existencial, social y afectiva. No hay problema que la lectura no solucione. Leyendo nos hacemos más creativos, más críticos, más demócratas y más solidarios. De hecho, la mayoría de las ONG existentes están formadas por personas que leen más que nadie”, apuntó con ironía. “Lo que no se ha conseguido descifrar es si la lectura lleva a la gente a votar a la izquierda. Parece ocurrir todo lo contrario, pues hay gente que afirma de forma inexorable que la gente que vota a la derecha es más lectora que la izquierda. Dicho de una manera tajante: centrar la defensa de la lectura en sus hipotéticos efectos conductistas no es un buen reclamo para convencer a los adolescentes para que se conviertan en lectores. Basta con hacer la prueba. Cualquiera puede ir a las aulas y decir al alumnado que si leen se volverán más demócratas más inteligentes e, incluso, más sexys y más guapos, y comprobará el resultado. El alumnado no es tonto y tiene a su vista la imagen de cantidad de profesores que, siendo lectores, no se les nota nada que lo sean, pues ni son creativos, ni críticos y ni siquiera más humanos que quienes no leen. Y entre los propios padres sucede lo mismo”, apostilla.

Enfoque estéril Para Víctor Moreno, “la educación lingüística sigue anclada en unos enfoques estériles, gramaticalistas, verbalistas. En el sistema hay mucha enseñanza, pero nulo aprendizaje. Se enseña el verbo y el adjetivo, pero no lo que se puede hacer con ellos. La enseñanza está por encima del aprendizaje, de la misma forma que existe una obsesión por evaluar todo lo que se hace en el aula. Se manda leer para averiguar si el alumnado comprende e interpreta bien lo que lee. No lee para uno mismo. Y la lectura, como la escritura, no se dice, se hace”. Para el autor, se debe hacer hincapié en “una lectura personal o compartida con los demás, de libros que elige el propio alumnado y que, cuando uno los ha terminado, puede hablar de ellos si lo desea de un modo distendido, sin guiones previos, sin preguntas escolares. Esta lectura, que es necesario integrar en el horario escolar, es la que consigue que el alumnado vea en los libros no un signo de su fracaso escolar, sino una posibilidad más de pasar con ellos un rato agradable”.

Valores desagradables Tras constatar, como tercera causa, que una escolarización basada en un desarrollo de la competencia lectora óptima, permitiendo un tiempo escolar para leer lo que uno quiere y como quiere, no garantiza que una persona se haga lectora, Víctor Moreno achaca este fracaso a lo que él considera valores desagradables de la lectura. “Se trata de unos condicionamientos que no se tienen en cuenta y que son tan decisivos como los mismos procesos intelectuales y emotivos que subyacen en el acto lector. Y es que los valores que reclama la lectura para su puesta en escena no cotizan en la bolsa de la vida o de la sociedad actual. De hecho son incompatibles. Para leer es necesario estar solo, estar en silencio, no tener prisa, no buscar el placer inmediato ni la satisfacción material por hacerlo. La lectura, además, se inscribe en el cómputo de las actividades inútiles. Además, exige lentitud, porque leer es una actividad rumiante, que requiere masticar las palabras y las ideas. De hecho, la verdadera lectura empieza cuando se ha terminado de leer. Por contra, en la sociedad actual, prima la prisa, la velocidad, el ruido, el utilitarismo. Nadie hace nada por nada. Si no se educa en estos valores, no solo en la escuela, también en la familia y, sobre todo, en la sociedad, concluyo que es inútil todo plan lector que pretenda hacer lectores a corto, a medio y a largo plazo. Lo que hace la escuela en diez años lo deshace la sociedad en un minuto. Y así volveremos al dictamen clásico de siempre: quienes leen de verdad jamás han necesitado ningún plan lector ni ningún discurso. No se hacen lectores en la escuela y en el instituto. Ya lo eran antes de ingresar y regresar de ellos. Probablemente, porque dicha inclinación la llevaban en el ADN”.

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