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Políticos tudelanos ante “la indignación”

daniel innerarity presentó su último libro en la uned

en un debate plural con representantes de todo signo

Un reportaje de Nieves Arigita - Martes, 24 de Noviembre de 2015 - Actualizado a las 06:08h

Escribano, Rubio, Campillo, Innerarity, Luis Fernández, Luján y Pérez-Nievas.

Escribano, Rubio, Campillo, Innerarity, Luis Fernández, Luján y Pérez-Nievas. (NIEVES ARIGITA)

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¿Tenemos una mala clase política? ¿La política es demasiado fuerte o demasiado débil? ¿Qué es lo nuevo y lo viejo en política? ¿Dejará alguna vez de decepcionarnos la política?”. Los cebos para el debate los lanzó al agua el catedrático de Filosofía Política y Social Daniel Innerarity ayer en la UNED de Tudela, en la presentación de su último libro, La política en tiempos de indignación. Tenían que picar el anzuelo personajes ligados a la política tudelana de todos los signos, empezando por una novel Ana Luján (candidata al Senado propuesta por Geroa Bai), y terminando por la veterana Milagros Rubio. Completaron la mesa Manuel Campillo (exconcejal del PSN), Carlos Pérez-Nievas (exconsejero con CDN y actualmente ligado a Ciudadanos) y el director de Onda Cero Tudela, Ignacio Escribano. “La indignación lo ha puesto todo perdido de lugares comunes”, consideró Innerarity en referencia a la exaltación de los tópicos surgidos tras el recorrido de los tres periodos que, a su juicio, contemplarán los historiadores cuando etiqueten nuestro tiempo en términos políticos: El “pasotismo” reinante hasta 2008, la “repolitización” posterior y el nuevo panorama actual, sobre el que giró ayer principalmente el debate en busca de respuestas válidas. “Estamos en un punto nuevo. Hay que evolucionar hacia unos modos de implicación con la política que hagan que esto sea productivo democráticamente”, consideró el, entre otras muchas cosas, Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2013.

reflexiones Para Luján, que desglosó hasta el mínimo detalle la obra del catedrático bilbaíno, “no estamos ante un libro de recetas con soluciones a nuestros problemas; se trata de una provocación hacia el movimiento, hacia el terreno de lo incómodo”, opinó antes de llegar a la convicción de que la prioridad en estos momentos es “superar el déficit estratégico de la política” para desbloquear la consecución de temas tan acuciantes como una Ley de Educación, imposible de contemplar si no se trabaja “sin cortoplacismos”, apostilló.

Por su parte, Ignacio Escribano, aportó su sentimiento de “contradicción” ante los políticos, a los que definió como “fundamentales”, pero “con muy pocas ideas nuevas”. Manuel Campillo se adentró en los vericuetos de la filosofía política y, tras mostrarse de acuerdo con la tesis de que “la política es débil”, tal y como sostiene Innerarity, echó en falta que en el libro no se incidiera más “en la relación política-poder” y en el hecho de que no se valorara en mayor medida “el papel de los movimientos sociales” a los que definió como “claves para incentivar la política institucionalizada”. Sobre incentivos, Innerarity había sido tajante: “La política no dejará de decepcionarnos nunca porque es siempre el ejercicio del poder compartido”, afirmó otorgando así a los acuerdos un valor indiscutible en su opinión. “Solo los acuerdos modifican la realidad y consiguen transformaciones efectivas, al contrario que los principios, que son inamovibles”, consideró.

En el debate, Milagros Rubio alabó la iniciativa de proponer “reflexiones en común en torno a la política” y mostró su temor a que “los lugares comunes -sobre los que Innerarity había sido crítico- se sustituyan por un pragmatismo desaforado y cerrado, por un realismo que nos constriñe y nos hace cada vez más pobres”. También se refirió a la “paradoja continua de la Democracia” y achacó parte de la desafección y la indignación de la ciudadanía a cuestiones no resueltas en la Transición. En la línea de reivindicación de la ética, diferenció la política institucional de la sociopolítica, poniendo en valor los movimientos sociales como “otra forma de hacer política” y defendió a ésta como un “arte noble y ético; no se trata de imponer modelos de vida, pero sí de que la política no sea inmoral”, defendió.

Carlos Pérez-Nievas ató su intervención ilustrando la desafección con el debate Solbes-Pizarro, tras el cual, dijo, “la gente se dio cuenta de que nos habían tomado todos el pelo” y cuestionó que la “brillante” teoría de Innerarity fuera factible en la práctica.

El acto, que duró más de dos horas, consiguió llenar el salón de actos de la UNED.

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