Prohibido hablar de... lanzamiento de jabalina

Idoia Mariezkurrena: “La política me aterra, pero me gusta la revolución que hay”

Las ganas de ser madre fueron más fuertes que las competiciones por lo que Idoia Mariezkurrena cambió la jabalina por los biberones y pañales. Ahora le toca a ella mirar desde la barrera a sus hijas y adoptar ese papel de madre forofa

Una entrevista de Andrea García Larumbe | Fotografía Oskar Montero - Lunes, 18 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Idoia Mariezkurrena posa en las pistas de Larrabide.

Idoia Mariezkurrena posa en las pistas de Larrabide.

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Idoia Mariezkurrena posa en las pistas de Larrabide.

Pamplona- Idoia Mariezkurrena es una superheroína deportiva al conseguir compaginar su papel de madre con el de entrenadora, deportista y trabajadora. Además comparte afición y oficio con su marido el pertiguista Francis Hernández.

Natural de San Sebastián, ¿cuándo decidió venirse a Pamplona?

-Lo decidí desde muy pequeña porque quería hacer deporte y donde vivía no había muchas opciones. Decidir, lo que es decidir, muy pronto, pero me vine cuando pude. Creo que tenía 16 años.

¿Vino al centro de alto rendimiento directamente?

-El primer año estuve compartiendo piso y trabajando en servicio doméstico para pagar el piso. Y al año me becaron en la residencia de Larrabide y retomé los estudios.

¿Qué es lo que más le gusta de la ciudad?

-La tranquilidad.

¿Y lo que menos?

-Es una ciudad que para mí no tiene peros.

Madre de familia, ¿cambió mucho su vida tras tener hijos?

-No es un cambio muy radical, pero sí cambia. Pasas a tener algo que es tu prioridad. No quiere decir que deje de hacer cosas por eso, pero en lo referente al deporte ya no competía a tan elevado nivel.

¿Qué es lo más bonito que le ha dejado la maternidad?

-Mis dos preciosidades, todo lo que supone vivir los embarazos... Es muy difícil de explicar porque son muchas cosas.

¿Se animaría a tener un tercer hijo?

-No. Si me hubieran venido gemelos no me hubiera importado, pero reconozco que físicamente acabé muy cansada.

Sus hijas se llaman Eider y Alaine, no son nombres muy comunes. ¿De dónde vienen?

-Con la primera no lo teníamos muy claro y un día viendo un calendario vasco, Eider, ederra y como era tan bonito lo que estábamos viviendo decidimos que era un nombre adecuado. Con Alaine tuvimos un momento de muchas dudas, de miedo durante el embarazo porque tuve que guardar reposo. Entonces estábamos dudando y revisando el mismo calendario encontramos lo de Alaine, alegría, alai y dijimos que había que darle la vuelta a la situación y la verdad que es un nombre que le pega mucho porque es una niña muy alegre.

¿Cuando se portan mal qué tipo de castigos suele ponerles?

-Depende. Si la bronca es muy brusca rujo como un león. Si estoy más tranquila medito y dialogamos más fácil. Si les castigo me gusta cumplirlos, si no mejor no hacerlo. Ya está su padre para mediar (risas).

¿Le gustaría que sus hijas hicieran atletismo?

-La mayor hace balonmano, le va bien y está a gusto aunque tiene una planta extraordinaria para haber sido jabalinera. Y la pequeña hace gimnasia deportiva, aunque podría ser una buena pertiguista. Lo importante es que encuentren algo que les guste. Que haya variedad en casa me gusta.

¿Cómo se compagina formar una familia con el papel de entrenadora?

-No hay una fórmula establecida, es algo que va saliendo solo. Nos vamos ayudando entre Francis y yo. Nos supone más sacrificio el fin de semana porque entre los partidos y los entrenamientos de las crías es más difícil, pero nos vamos apañando.

¿Ha tenido que renunciar a competiciones por tener que estar con las niñas o por no poder dedicar tanto tiempo a entrenar?

-Renunciar es muy relativo. Yo tuve dos obsesiones: una era poder vivir esa etapa de deportista y otra el poder ser madre. Hice mi mejor marca con 30 años y cuando más cerca estaba de alcanzar algo mejor, el instinto maternal me pudo. En ese momento lo tenía claro y no me arrepiento.

¿Qué es lo que más echa de menos de su vida antes de ser madre?

-La verdad es que la vida la disfruté, la viví con intensidad y me he quedado saciada. No echo nada de menos, ahora estoy muy a gusto con esta etapa.

Cada vez hay más mujeres deportistas de élite que son madres, ¿qué consejo le daría a aquellas que dudan en ser madres por el miedo a que su carrera profesional no vuelva a ser la misma?

-Que se crean que se puede. Lo que más miedo me daba a posteriori era ese cansancio de llegar a casa agotada y ponerme a jugar o ir al parque. Se lo tienen que pensar. Físicamente tampoco se sabe cómo vas a responder porque no hay un conocimiento a nivel médico de recuperación. Cuántas más nos vayamos quedando embarazadas mucho mejor. Con la primera yo entré con abdominales y luego no había forma de recuperarlos.

Ahora le toca a usted ir a ver y a animar a sus hijas, ¿cómo se lleva?

-Me gusta mucho verles. La gimnasia me cuesta más porque es un deporte en el que la línea entre que te salga bien o mal es mínima. Además son tan pequeñitas todas que es algo que me cuesta.

¿Y con el balonmano, que es un deporte de mucho más contacto físico?

-Me pasa un poco lo mismo. Es un deporte de equipo y estas pensando en si le sacan, si no, si le pegan y el árbitro no lo ve... Te conviertes en una mamá forofa. Lo intentas vivir con calma, pero es imposible.

¿Domina la jerga de la gimnasia o del balonmano?

-Alaine me suele decir: “He hecho una pirivuelta”, pero yo no entiendo nada. Es la faceta deportiva que peor llevaba, no pasé de hacer el pino. Yo los pies mejor en el suelo (risas).

Ahora que han terminado las Navidades, ¿con qué juguete han sido más insistentes?

-Juguete, ninguno. Quieren un perro (risas). Sin embargo, el ritmo de vida que llevamos no nos lo permite. Ahora es imposible. Lo hemos intentado con una pecera, pero voy a tener que poner un cementerio de peces porque la cosa está saliendo muy mal.

¿Un viaje con la familia sería a la playa o la montaña?

-Monte, porque ninguno de los cuatro somos muy playeros. Nos gustaría hacer una excursión a Cabárceno (Cantabria).

Eider pronto querrá salir, ¿cómo se lleva eso?

-Por la noche aún no quiere salir, pero es algo que me aterra porque sé que llegará y aunque me dice que no va a beber, me da más miedo por lo que se va a encontrar fuera. Pero todo a su debido momento.

Su marido, Francis Hernández, es pertiguista, ¿cómo se conocieron?

-Estábamos entrenando en Burlada porque estaban arreglando Larrabide. Yo llevaba un par de años haciendo y él se estaba incorporando con su hermano. Llegó un día a la pista, hizo una voltereta y yo sólo pregunté que a ver quién era ese chulo (risas). Poco a poco nos fuimos conociendo y aquí seguimos.

¿Qué tal se lleva compaginar aficiones y oficio con su pareja?

-Tiene muchas ventajas para ciertas cosas, pero hay momentos en los que hay que tener mucho cuidado porque te saturas. Hay momentos en los que al final no hablas de otra cosa, no haces otra cosa y dices: “stop, atletismo cero”. Cuando llego a casa no me gusta hablar de atletismo, Francis es más de darle vueltas.

¿Se veía como entrenadora?

-Todavía me estoy situando porque reconozco que no tenía la perspectiva de ser entrenadora. Cuando vine a Pamplona pensaba que me dedicaría a la Hostelería y el Turismo y que luego pondría una casa en el pueblo (risas), pero ha surgido así y me gusta esta etapa.

¿Qué es lo que más le aporta su papel de entrenadora?

-Es un trabajo muy formativo porque empiezan muy jóvenes y crecen contigo. Hay que inculcarles cierta disciplina y constancia y que eso lo puedan aplicar en su vida diaria.

¿Tiene el mismo carácter con sus hijas que con sus pupilos?

-Algunos al principio se acojonan (risas). Tengo carácter y espero no perderlo, aunque sí ir domándolo. Habrá momentos en los que te pasas y otros en los que te quedas corto, pero no hay que tener un mismo rasero con todos. En líneas generales creo que tengo buena relación con mis deportistas, estoy muy contenta y creo que ellos también.

A la hora de echar la bronca, ¿le sale ese instinto maternal?

-A veces te cuesta, pero las cosas hay que decirlas.

De los viajes y competiciones, ¿cuál es el que recuerdas con mayor cariño?

-Lo que se te queda son las emociones y las sensaciones de lo vivido. Y creo que me quedo con las concentraciones en Krasnodar, Rusia. Nos enseñó muchas cosas y la perspectiva de cómo ven el deporte allí. La cultura deportiva y social me llamó mucho la atención porque cerca del estadio había un parque para que los mayores practicaran deporte. Todo giraba en relación al deporte.

Cuando tiene tiempo para estar sola y relajarse, ¿cómo lo hace?

-En casa lo que más me gusta es ponerme música y cocinar. Menos postres hago de todo. Sino irme al pueblo y darme un paseo por el monte.

¿Al cine le gusta ir?

-No vamos mucho. Me gusta mucho estar en casa, coger palomitas y ver una peli.

¿Qué género le gusta más?

-Las películas románticas. Algo simplón que te haga soltar la lagrimilla y salgas pensando que el mundo es súper happy.

¿La actualidad informativa por dónde le gusta seguirla?

-Es un poco difícil informarse hoy en día con todo el caos que hay. Si puedo veo el telediario de la noche, si no leo en la tablet.

¿La política?

-Me aterra. Me gusta la revolución que hay, pero al mismo tiempo me parece que hay demasiada bronca entre todos.

¿Qué cree que va a pasar con el Gobierno?

-No lo veo nada claro. ¿Que puedan llegar a acuerdos? Pues a lo mejor. ¿Que eso sea eficaz? Ya no lo tengo tan claro.

Si fuera presidenta del Gobierno, ¿por dónde empezaría a cambiar las cosas?

-Desde dentro del Gobierno. Lo principal está ahí y paliar eso es una forma de dar ejemplo y de que la gente tome conciencia.

¿Qué otro deporte le hubiera gustado practicar?

-Si de joven hubiera habido el fútbol femenino que hay ahora, a mí no me pillan en el atletismo (risas).

Aficionada al fútbol y a la Real Sociedad, ¿cómo ve al equipo txuri-urdin?

-Creo que tiene equipo, pero no termina de arrancar y tener continuidad. A ver si se asientan y no pasan apuros al final.

¿Cree que el equipo echa de menos a Griezmann?

-Un jugador así lo echaría en falta cualquiera. Se tienen que acostumbrar y no pueden depender de un solo jugador. Tienen que conseguir un equipo aguerrido y peleón.

¿Con qué jugador se quedaría?

-Con Xabi Prieto, porque me gusta su temple y su calidad. También me gustaba mucho Arconada, porque pertenece a la mejor Real junto con Satrústegui y Zamora.

¿Qué me diría de Osasuna?

-Risas. Tengo un problema porque es una competencia económica más para el resto de deportes navarros. En el verde y de corto me encanta. Sin embargo no me gusta la permisividad que se le ha dado para hacer los fiascos que han hecho. Deportivamente me gusta mucho el proyecto que tiene, me gusta la forma de ser y el carácter del entrenador porque es algo que lo está transmitiendo al equipo. Me gusta que los osasunistas estén así de contentos y ojalá que asciendan porque en lo deportivo les deseo lo mejor, pero económicamente quiero que cumplan.

¿Y el atletismo?

-Estoy metida en el mundillo y sí que lo sigo, pero no me obsesiono con marcas o con nombres.

¿Cree a Marta Domínguez cuándo dice que es inocente y que hay una mano negra que quiere joderle?

-No. Ha sido una de las grandes decepciones. He tenido la oportunidad de viajar con ella y la verdad es que era encantadora, muy natural. Pero progresas, te metes en un nivel deportivo tan elevado que acabas donde acabas. Es un tema delicado porque hoy en día dar positivo no es doparte o no doparte, sino demostrarlo y ahí entramos en batallas legales. Ella se defiende con que nunca le han pillado dopada, pero las normas sí las ha incumplido.

¿Por qué se conocen cada vez más casos de dopaje?

-Ahora hay menos doping que hace diez o veinte años, pero se da a conocer mucho más porque hay más medios para controlarlo y sancionarlo. Cada vez son más las federaciones que sancionan a sus deportistas. Por algún sitio hay que empezar y esto es un gran avance.

Para terminar, ¿cómo se definiría con tres palabras?

-Cuadriculada, sentimental y despistada.