Antonio Altarriba y Keko Godoy guionista y dibujante de ‘yo, asesino’

“El fondo de la novela negra es indagar en la naturaleza humana para ver si el asesino puede ser uno de los nuestros”

Pamplona Negra abre sus puertas a la novela gráfica y ayer ofreció una sesión-taller de ‘cómic’ en directo en la que los asistentes bucearon en las entrañas del género

Una entrevista de Fernando F. Garayoa Fotografía Iban Aguinaga - Viernes, 22 de Enero de 2016 - Actualizado a las 06:08h

pamplona- Partiendo de su novela gráfica Yo, asesino, Antonio Altarriba y Keko Godoy hablan con alta gradación intelectual y reflexiva de temas como la situación actual del cómic en el Estado, la esencia de la novela negra o los objetivos del arte contemporáneo actual.

Si hablamos de cómic, si hablamos de novela gráfica negra, ¿matar no es un crimen, es arte?

-Antonio: Si hablamos de cómic y, concretamente de esta ficción que pretende ser reveladora de otros males, podemos admitir el principio. Pero como planteamiento ético y, sobre todo, teniendo en cuenta que estamos en un punto, Pamplona, en el que el terrorismo tuvo una serie de razones para considerar que lo de matar era justo, e incluso patriótico;en ese sentido, rotundamente, no. Nos interesa dejar bien claro que este libro no es una apología del asesinato, sino todo lo contrario, se trata de denunciar todas aquellas motivaciones que, de una manera u otra, llegan a justificar un asesinato.

¿Todos llevamos dentro un asesino en potencia?

-El cómic se titula Yo, asesino, pero de alguna forma lo que hace es colocar un espejo delante del lector para decirle: “Yo, asesino, como narrador, como autor. Pero, ¿y tú? Hasta qué punto te sientes concernido en esta dinámica: es una locura, es algo que queda al margen del comportamiento humano o es algo que está profundamente arraigado en nosotros”. Creo que, desde hace tiempo, hemos dejado de lado un debate profundamente enraizado en la ética y es el que hace referencia a la naturaleza humana, a si es esencialmente buena o mala, teniendo en cuenta que algunos de los actos y de los comportamientos por los que más nos hemos destacado han estado marcados precisamente por nuestra capacidad de matar al semejante. El libro lo que hace es preguntarse sobre estas cuestiones;de hecho, en un momento dado, el protagonista ofrece el dato de que solo hacen falta tres meses para convertir a un hombre en un asesino, con un entrenamiento adecuado. Creo que es falsear el debate decir, como ahora ocurre mayoritariamente en el género negro, “todos somos buenos y el asesino es el loco”, sin profundizar en las razones que le ha llevado a cometer esos crímenes. Eso falsea lo que siempre ha sido el fondo de la novela negra, que es indagar en la naturaleza humana y ver hasta qué punto el asesino, en determinadas circunstancias, es uno de los nuestros. Y que nosotros, en determinadas circunstancias, podemos llegar a plantearnos esta posibilidad.

“Mataré para denunciar el incesante holocausto en el que se ha convertido la existencia... Para mantener la creatividad... Para seguir sintiéndome vivo”, afirma el protagonista. Una reflexión que, al hilo de este debate, se trasfunde con la duda existencial de si el fin justifica los medios...

-Aquí hay que tener en cuenta que quien está hablando es el protagonista, Enrique, quien, además, afirma al principio que para él, matar sin ningún motivo es una forma de denunciar que es mucho más peligroso el asesino que no se percibe como tal, el que figura como mártir o como héroe de una causa más que como eliminador de un semejante, porque esas personas sí que tienen el asesinato solo como un medio, ni siquiera lo consideran homicidio sino un acto de rebelión o lucha. En este sentido, el protagonista también denuncia que no solo se asesina matando directamente, sino que también se puede asesinar firmando un tratado comercial que condena a cientos de miles de personas a la pobreza, lo que él denomina como crímenes de cuello blanco. El protagonista, lo que finalmente dice para dar sentido a su existencia es que “la gratuidad de que yo mate sin ninguna razón es mi manera de denunciar ese holocausto silencioso en el que se ha convertido la existencia humana hoy”.

Formal y estéticamente, ¿por qué Keko ha utilizado solo una pistolacondos colores (tres si sumamos el rojo) para dar vida a esta historia en lugar de un kalashnikov que repartiera una abanico de tonalidades?

-Keko: Llevo dibujando en blanco y negro toda la vida, por diversos motivos, incluso físicos, ya que tengo dificultad para distinguir unos colores de otros. Siempre me he sentido muy a gusto con el menor número de elementos posibles. A mí el color me sobra;en la vida está muy bien, pero a la hora de ponerla sobre el papel, me sobra. Y Antonio me llamó para esta novela precisamente por eso, porque quería blanco y negro. Lo del bitono surgió después, a sugerencia de nuestro editor, y trabajamos con el rojo para que fuera un ingrediente de la historia, no un simple adorno.

“Cómo voy a compartir unos criterios que valoran el arte en función de la fe... Según eso, la contemplación de un cuadro sólo nos llevaría a rezar y eso supone volver a la Edad Media”, es otra de las sentencias que lanza Enrique, el protagonista. Una reflexión que viene al pelo con lo sucedido recientemente en Pamplona con la exposición de Abel Azcona.

-Keko: Abel Azcona sale en este libro. En la novela hemos intentado retratar, además del asesinato, varios mundos, y uno de ellos es el del arte, ya que nuestro protagonista es profesor de Historia del Arte y ejerce de artista, a través del crimen, en una parcela muy peculiar que es la performance. Y, precisamente, para contraste de él mismo, que en este sentido es un artista hardcore, aparecen en una escena Abel Azcona y Omar Jerez, a los que él considera como unos “aficionados”. En esa escena, Enrique se muestra cabreado frente al relato de lo que el considera performancesde postureo, como lo de comerse el Corán o lo de las hostias.

-Antonio: Yo cada vez creo más en los efectos que los libros tienen en la realidad. Es decir, es como si existiera un bucle cerrado en el que realidad y ficción se van retroalimentando. En el libro, por ejemplo, salen elementos que luego se han convertido en reales en nuestras vidas, como El Retablo de Isenheim, obra del pintor alemán Matthias Grünewald, que aparece al principio de la novela y que hemos tenido la posibilidad de ver recientemente, invitados por el Museo de Unterlinden de Colmar (Francia), donde se exhibe. A Abel Azcona yo le conocía como uno de los performers con mayor proyección internacional, que junto a Omar Jerez había hecho un manifiesto en el que decían que el performer tenía que ir muy lejos, hasta el punto de jugarse la vida si el arte así lo requería;apostaban por un arte absolutamente comprometido con sus ideas. El caso es que la justificación conceptual de este tipo de performances, que pueden ser muy espectaculares, a veces nos deja un poco fríos;incluso hasta nos preguntamos si el arte puede ser eso: quedarse simplemente en una acción de repulsa, por ejemplo, o debe contener otros elementos técnicos y estéticos que lo apoyen.

-Keko: Además, algunas de estas acciones me sorprenden muchas veces por su puerilidad, como el caso que nos ocupa: poner la palabra pederastia con hostias consagradas. Son cosas que piensas que no van funcionar o con las que solo te vas a reír, pero nunca puedes subestimar la capacidad de escándalo con estos temas, como así se ha demostrado, evidenciando que en España todavía hay mucho camino por recorrer con esto de la performance.

-Antonio: En este sentido, yo sí estoy detectando en los ambientes universitarios una especie de retorno a unas formas de crítica, tanto literaria como artística, que yo creía superadas. Así, ante estas formas de arte que le interesan al protagonista, que podríamos definir como sádico-religiosas, ya que los católicos tienen como icono a un Dios que es un hombre doliente, atormentado y sangrante, identificando así la religión con el sufrimiento;cada vez nos encontramos en más ocasiones con argumentos que nos devuelven a una contemplación de primer nivel de esos cuadros;es decir, una contemplación desde el punto de vista religioso y de la fe. Y esto no son más que corrientes integristas que nos hacen regresar a la Edad Media, algo que es muy peligros a la hora de analizar el arte y la literatura, ya que no se hace desde el punto de vista estético o artístico sino desde la adhesión incondicional y religiosa.

Yo, asesino ha sido galardonado con el Gran premio de la crítica en Francia, ¿seguimos a años luz en el reconocimiento del cómic en el Estado?

-Keko: Estamos bastante lejos, no en la dimensión artística, porque la gente cuando dices que eres dibujante ya no piensa solo en Mortadelo, pero sí en cuanto a la creación de un industria del cómic. Aquí, y en eso sí estamos a años luz con respecto a Francia, es en las cifras de ventas, en el número de lectores y en el hecho de apostar por una producción de novelas gráficas. Es decir, aquí se publican cómics pero nadie apuesta por producir una novela pagando durante una año a un dibujante y un guionista para que creen la obra que luego saldrá a la venta;de hecho, nosotros para poder hacerlo así, y poder tener un sueldo que nos dé para comer mientras trabajamos, tuvimos que acudir a un editor francés.

-Antonio: En este sentido, hay un aspecto en Pamplona Negra que yo considero un gran acierto, y es que dentro del ámbito del relato negro estemos incluidos los autores de cómic junto a los escritores;algo común en otros países, pero no en España.

las claves

‘Yo, asesino’

Autores. Antonio Altarriba (Premio Nacional del cómic 2010 porEl arte de volar ) une fuerzas con Keko Godoy (4 botas) para ofrecernos una inteligente reflexión sobre la ambigüedad de la moral humana en forma de thriller perverso.

La historia. Enrique Rodríguez es profesor de Historia del Arte en la Universidad del País Vasco y a sus 53 años se encuentra en la cima de su carrera. Además de estar a punto de convertirse en una figura destacada en su campo, y tener que lidiar con las consecuentes rivalidades con sus colegas de profesión, cultiva una extraña afición a la que le gustaría dedicarse a tiempo completo: el asesinato como forma de arte.