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Freedom for words

Tecnología, futuro y organizaciones: santoral 2016

Por Pello Yaben (www.pelloyaben.com, contact@pelloyaben.com) - Domingo, 21 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:04h

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Los cambios ocurren en periodos cada vez más breves. Es como si el fuego, la rueda, el hierro, el vapor, la electricidad, los ordenadores y el iPhone se inventaran en una sola tarde de domingo en casa de los aitonas. Con este artículo quiero dar un respiro a esa adicción a la infelicidad que nos retiene asomados a la ventana de las innovaciones para corroborar que todo lo que se inventa angustia, pero a ver quién es el valiente que no se asoma.

No pretendo ser puñetero, pero llevamos décadas inventando cosas que, en su gran mayoría, casi nadie solicitó. Dicen que facilitan la vida, y yo creo que no. Lo que realmente hacen es arrastrarte a un modo de vida lejos del que uno pudiera proyectar sin la presión de tanta novedad. Salvo aquello que mitiga la pobreza, el hambre, la enfermedad y el calentamiento global, casi todo lo demás, para mí, excede los límites de velocidad (y que no me oigan mis hijos).

Rafael Sánchez Ferlosio, en Mientras no cambien los dioses, nada ha cambiado, avisa de que los dioses siguen siendo los mismos aunque se llamen Historia, Progreso, Desafío o Humanidad. Por ello quiero conceder un lugar en el santoral a la nueva mitología de la era interconectada y global.

San Muchísimos. El aumento de la población en el mundo. Más de quince mil millones de personas en nada. Overbooking. La mayoría viviendo de manera precaria, pero trataremos de convertirlos en consumidores. Toma ironía.

San Vejestorio. La humanidad envejece. Más de seis generaciones conviviendo juntas en viviendas de 45 m2. ¿Cómo se le llama al bisabuelo del abuelo? ¿Tatatarabuelo?

Santa Réplica. Automatización de las actividades. Desahucio humano y perfección tecnológica. La empresa viva ha muerto, ¡viva la empresa!

San Tontín. Industria 4.0 (5.0, 6.0, 7.0…). Culmina el traspaso de la inteligencia desde las personas a las cosas. ¿Deslocalización? ¿Externalización? Llamémosle como queramos. Fábricas inteligentes, edificios inteligentes, muebles inteligentes, máquinas inteligentes, productos inteligentes... Despojados de toda inteligencia, merodearemos por los alrededores de las empresas como los jubilados frente a las obras de construcción. Lobotomía 4.0.

Santas Pascuas. El trabajo, el más robusto pacto jamás inventado por el ser humano a cambio de convivir, no podrá ser el modelo predominante de intercambio entre el individuo y la sociedad. Esperemos que Apple nos sorprenda con algún aplicación de intercambio social descargable.

Santa Rita. La vida deja de ser propiedad exclusiva de la célula. Su dominio languidece por culpa de una característica que se ha convertido, a la luz de los nuevos tiempos, en un defecto de fábrica: eso que llamamos “ritmo de la naturaleza” se considera ahora arritmia, lo que pone a la vida biológica al borde de la extinción o, al menos, de su hegemonía en el reino de las cosas vivas.

Con este panorama, donde la inteligencia se externaliza, el trabajo se automatiza y pierde, además, protagonismo como fórmula magistral de intercambio social, y la vida celular se digitaliza, el próximo en caer será el lenguaje.

No he podido sustraerme a esta reflexión si lo que quiero es aportar valor a las organizaciones. Todos estos cambios impactarán de manera directa en la sociedad y en todas sus fórmulas de organización, y es un deber profesional compartir mi diagnóstico para responder adecuadamente a ese futuro que ya convive con nosotros.

Y que nadie pierda la sonrisa. Al menos yo la ejercito viendo a mi hija pelearse con el violín.

El autor es experto en desarrollo de organizaciones

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