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Freedom for words

Los tres mosqueteros de la productividad

Por Pello Yaben (www.pelloyaben.com, contact@pelloyaben.com) - Domingo, 28 de Febrero de 2016 - Actualizado a las 06:10h

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Tres conceptos colapsan los platós de televisión, los programas de recursos humanos y las librerías de aeropuerto: el talento, el liderazgo y el coaching. Este trío de embaucadores están protagonizando la historia reciente de las empresas. Las aproximaciones a estos asuntos son infinitas, todas ellas situadas en un gradiente en cuyos extremos encontramos las dos posiciones predominantes:

-O todo el mundo puede ser líder, de modo que al jefe de un equipo de electricistas le piden que lidere a lo Mandela y se convierta en el líder del team de los chispas; o casi nadie realmente lidera, de modo que nos queda Mandela y poco más,

-O todos tienen talento, lo que democratiza la virtud, o aquél es escasísimo, de modo que la virtud vuelve a ser privatizada.

-O todos pueden ser coach, incluido el peluquero del barrio que recibió un curso a distancia, o apenas hay coach solventes.

No es de talento de lo que se habla en las empresas, sino de valía. Y el líder, generalmente, ni nace ni se hace; lo hacen

Si se considera que todo el mundo puede ser líder, al pobre jefe de un equipo de electricistas le piden que lidere a lo

En este punto, la distinción que en el ámbito de la psicología se establece entre verdad objetiva y verdad terapéutica es determinante. La verdad objetiva es lo que realmente le ocurre a una persona o a una organización, la relación contingente entre los síntomas, los comportamientos y los resultados; por el contrario, la verdad terapéutica se refiere a lo que la persona, o la organización, necesita escuchar para mejorar sus síntomas, comportamiento y resultado. Si una organización se decanta, por ejemplo, por la grafología en sus procesos de selección o por la inteligencia emocional en sus procesos de motivación, conviene que sus proveedores provengan de esas disciplinas y le hablen, en el lenguaje que espera, de las cosas que necesita escuchar para salir a flote.

Aprovechando este desdoblamiento de la verdad en múltiples verdades, se cuelan en las empresas todo tipo de especuladores y gurús que las organizaciones acogen en su seno con dispar entusiasmo; Los que creen en ello, contentos y mejoran; los que no, atentos y palidecen.

¿Y qué pasa cuando una determinada orientación se instala en una organización? Pues que somete la realidad a sus preceptos, de tal modo que si aquélla es terca y no se ciñe a los mandatos del modelo, que Dios coja confesada a la realidad.

Esa es la magia de las teorías del desarrollo organizativo: te dan respuestas, no siempre soluciones, y mucho menos resultados, pero la coartada está perfectamente pergeñada, ya que si las cosas no salen bien es porque, según la teoría que el consultor ha moldeado al gusto de la Dirección, lo que ha fallado es aquello que no se sometió a los rigores de la propia teoría y no a la teoría, de modo que la teoría señala al culpable pero a ver quién es el guapo que se atreve a señalar a la teoría.

Para terminar, tres sospechas que rondan mi cabeza. No es de talento de lo que se habla en las empresas, sino de valía; el líder, generalmente, ni nace ni se hace, lo hacen; y el coaching ha convertido a las organizaciones en sofisticados pabellones de rehabilitación, y a sus profesionales en pacientes impacientes por salir indemnes o triunfantes del bis a bis con su quehacer.

El autor es experto en desarrollo de organizaciones

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