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Música

Efectos especiales

Por Teobaldos - Jueves, 24 de Marzo de 2016 - Actualizado a las 06:09h

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festival sacro

Capilla de Música de la Catedral de Pamplona. Orquesta de Cámara. Lola Elorza, soprano. David Etxeberria, tenor. Silvano Baztán, barítono. Aurelio Sagaseta, maestro de capilla y dirección. Programa: Dies irae de Miguel Valls; Agnus Dei de Samuel Barber; Miserere Romano de Philip Legge sobre el anónimo romano y el de Gregorio Allegri; Las siete palabras de Cristo de Dubois. Programación: Festival de música sacra del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Catedral de Pamplona. Fecha: 22 de marzo de 2016. Público: lleno (entrada gratuita).

se jugó muy bien con la acústica de la Catedral. El sonido, in cresccendo, que venía de la penumbra y del paulatino acercamiento del coro procesional; la distribución estereofónica de tres coros en el Miserere; el teatral sinfonísmo de Dubois que describe el desgarro del velo del templo a base de gong; y el fundido en rojo del coro ante el reverencial Adoramuste final, dieron un hermoso matiz de discretos, pero efectivos, efectos especiales a un concierto en el que, en general, escuchamos a un coro sólido, con sonido propio y de veterana consonancia, unos solistas más que solventes, en la línea de canto de oratorio, una orquesta que salvó muy bien sobre todo, la obra de Dubois, y la dirección, siempre tranquila, de don Aurelio. Del propio Maestro de Capilla, fue el Stabat Mater -meditación sobre el gregoriano- que abrió la velada, y que fue una muestra de la magnificencia acústica de las catedrales. De uno de sus antecesores en el puesto -Miguel Valls- se estrenó el Dies Irae, una obra compleja para doble coro, y muy hermosa; también peliaguda para ofrecerla con claridad; mejor la segunda parte; en la primera hubo distancias entre el acompañamiento y el coro. Creo que el Agnus de Barber se salía del criterio del resto de la programación; es una obra de frondosa hermosura, y así se hizo en su regulación, pero -con todo respeto- palidece un poco ante el sobrecogedor adagio para cuerda con el mismo tema. El juego de coros de los Misereres estaba muy bien planteado, litúrgico, diríamos; sobresaliendo como un rayo de luz la soprano Lola Elorza: su seguridad, excelente fraseo -a lo largo de todas sus intervenciones- y timbre afinadísimo y blanco, proporcionaron a los distintos “ensembles” una prodigiosa altura -al cielo lo que es del cielo, como dicen esto días los costaleros andaluces cuando levantan las andas-. Solo dos momentos dubitativos empañaron un poco estas maravillosas músicas: una en el coro, al final; y otra en el público que, al poner en el programa de mano la misma obra como dos, no aplaudió lo que todos se merecían.

Las tan queridas y tradicionales Siete Palabras de Dubois, tuvieron una buena versión. Algo “tenida” de tempo en manos del Maestro de Capilla. El coro, impecable, las domina. Y los solistas, a la altura de sus hermosas melodías. De nuevo Lola Elorza acierta en su fraseo del O vos omnes al aportar serenidad y religiosidad. Silvano Baztán, que tan bien ha interiorizado esta obra, consigue emocionar con su narración: el Mullier dicho con enorme piedad, los agudos bien cubiertos, el sobrecogedor Sitio, el austero y hierático “credo”… Bien salvado y con bello timbre, el rol del tenor en un David Etxeberria cómodo en su tesitura.

Terminó el concierto con la propina del conocido Pie Iesu. No se si después del conclusivo y perfecto Adoramuste -el coro en un apesadumbrado pero luminoso empaste- cabe propina alguna.

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