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Freedom for words

Esto es, para mí, la economía real

Por Pello Yaben (www.pelloyaben.com, contact@pelloyaben.com) - Domingo, 10 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:09h

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Desde un punto de vista objetivo, hay personas en el mundo que no saben ni lo que ganan. Luego vienen las que ganan muchísimo, mucho, bastante y suficiente. Tras ellas se asoman quienes ganan poco, lo justo y muy poco. Y más atrás, quienes ganan casi nada y nada. El rango que acoge esta variedad empieza en cero y ronda el infinito y más allá.

Desde el punto de vista de la iniciativa, hay personas emprendedoras, quienes trabajan por cuenta ajena y quienes trabajan a costa de otras.

En el plano de la justicia social, hay quienes ganan lo que merecen, quienes no merecen lo que ganan y quienes nunca ganarán lo que merecen.

En el terreno de la incertidumbre algunas personas nunca saben lo que van a ganar, otras lo saben al céntimo y luego están quienes saben que no van a ganar nada o casi nada.

Desde el ámbito de la precariedad encontramos desde personas propietarias de su puesto de trabajo hasta situaciones de tal precariedad que uno no sabe si lo que hace es trabajo, ni cuándo lo perderá y ni si cobrará a fin de mes, semana o día.

En el plano fiscal y tributario, tenemos a quienes incumplen cualquier obligación, quienes cumplen algunas obligaciones, casi todas o todas.

En el plano de la justicia social, hay quienes ganan lo que merecen, quienes no merecen lo que ganan y quienes nunca ganarán lo que merecen

Empecemos aliviando a los desesperados, redistribuyamos los derechos, aceptemos la incertidumbre y edu

En el plano de los derechos, en zona VIP encontramos a quienes gozan de inmunidad, a quienes gozan de impunidad y a quienes ostentan tantos derechos que resultan tóxicos para el resto de la sociedad. En la zona media y baja están las personas con algunos derechos, pocos, casi ninguno y ninguno. Y finalmente están quienes sólo tienen derechos contrahechos construidos con malicia, como el derecho a no tener un trabajo, a la explotación, a cobrar una miseria o a vivir fatal.

En el plano de la subjetividad, cada persona gestiona de manera desigual la satisfacción que le procura su realidad objetiva. Las hay que siempre les parece poco lo que ganan y quienes se alegran de lo que ganan por poco que sea. Y en todas las circunstancias, el estado emocional es independiente de la cuantía.

En el plano de la indignación, que es una variedad de la subjetividad, hay quienes se indignan por nada, quienes nunca se indignan y quienes me resulta indignante que se indignen. Y lo que está claro es que una misma realidad no suscita la misma indignación en dos personas.

Finalmente llegamos al ámbito de la desesperación, considerada aquí como una emoción vinculada a un hecho objetivo (distinguiéndose de la indignación, que tiene vínculos con aspectos más subjetivos, tal y como he señalado más arriba), y donde encontramos personas objetivamente desesperadas. Frente a ellas, quienes se desesperan por nada me hacen sentir vergüenza ajena.

Este listado tiene dos utilidades: que cada cual se haga un chequeo, vea dónde está en cada parámetro y saque sus conclusiones y, por otro lado, por si alguien no se ha dado cuenta, esta radiografía esconde una propuesta de solución a la economía real desandando el camino de este artículo: empecemos aliviando a los desesperados, pongamos en contexto nuestras emociones, redistribuyamos sensatamente los derechos, reorganicemos la fiscalidad, contengamos la precariedad, aceptemos la incertidumbre, redefinamos qué es justicia social, eduquemos, promovamos y alentemos la iniciativa y seguro que objetivamente la infinita distancia del plano objetivo de las desigualdades comenzará a menguar.

La misma lógica que aplico a las persona se puede aplicar a la realidad interior de las organizaciones.

El autor es experto en desarrollo de organizaciones

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