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Isabel Villanueva violista

“La viola es un instrumento imperfecto, cuesta sacarle la voz, y por eso tiene mil posibilidades”

La violista Isabel Villanueva (Pamplona, 1988) ofrecerá mañana (20.00 horas) en el Gayarre el primer recital de viola y piano de la historia del teatro pamplonés

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Iban Aguinaga - Viernes, 15 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Villanueva, con su viola Enrico Catenar de 1670.

Villanueva, con su viola Enrico Catenar de 1670.

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pamplona - Residente en Ginebra, aunque quizá se traslade en breve a otra capital europea, la joven pamplonesa perservera en su empeño de dar a conocer la viola, “el origen de todos los instrumentos de cuerda”. Junto a la pianista Anna Korepova, ofrecerá un concierto con obras de Brahms, Schubert, Granados y Bridge. Además, el lunes y martes de la semana que viene compartirá sus experiencias con los alumnos de los conservatorios.

Seguro que está contenta de poder pasar unos días en casa.

-Sí, sobre todo para un acontecimiento como este. Me hace mucha ilusión. No estoy segura, pero creo que es la primera vez que se hace un recital para viola y piano en el Teatro Gayarre. Aparte, es en mi ciudad, y tocar en casa siempre es bonito. Pamplona es más conocida por el violín, por Sarasate, pero la viola es el origen de todos los instrumentos.

¿A qué se refiere?

-La viola es el origen de los instrumentos de cuerda. En los siglos XV y XVI, todos los instrumentos de cuerda eran violas. Cada una tenía su nombre: viola d’amore, viola da gamba, viola da braccio, que es la que ha quedado, viola soprano, viola tenore... Luego se fueron desarrollando técnicamente y así nacieron el violín, que es el agudo, y el violonchelo, más grave; también está el contrabajo... Y la viola quedó en medio.

Más imprecisa.

-Los instrumentos se fueron desarrollando pensando en que la producción de sonido saliera de forma natural y llenara grandes espacios. Además, al principio eran todo conciertos de cámara, en sitios más pequeños y recogidos, pero con el desarrollo social y de las salas, en el época anterior a Paganini, se quería llenar con un solo instrumento. No había micrófonos, así que los luthieres se pusieron a trabajar sobre los sonidos que más posibilidades tenían en ese sentido, el agudo y el grave. Y la viola se quedó en segundo plano. Por eso hoy cada viola es distinta. Las miras son diferentes, igual que los colores. Esa imperfección hace aun más rica las posibilidades de buscar colores, formas y expresiones que con el instrumento perfecto.

Tiene mucho camino que recorrer entonces.

-La viola tiene mil posibilidades. Mi viola no tiene nada que ver con otra moderna o de otro tamaño. Tienes que tratarla como una voz humana, debes aprender a conocerla y sumarle tu voz, con tu propia personalidad y características. Hay que descubrir la forma de encajar bien. Cuando vas a comprar un instrumento es importante encajar, porque al fin y al cabo vas a domarlo.

¿Cuándo se encontró con su viola, una Enrico Catenar de 1670?

-Fue en 2010 en Londres. De casualidad, como tantas cosas en la vida. Estaba buscando un cambio de viola y después de muchos viajes y pruebas para encontrar una que se adaptara a lo que estaba buscando, encontré esta. Vi claro que tenía que llegar a tocarla, y al cambio de un tiempo, después de varios procesos, lo conseguí. Y hasta hoy.

¿Y cómo es la voz de Isabel con esta viola?

-Juntas expresamos mi personalidad más íntima. Pero lo más importante es que creo que entre las dos reflejamos la obra que estamos interpretando y lo que el compositor quería transmitir. Al fin y al cabo, para eso estamos, los intérpretes nos debemos a eso, trasladar un mensaje que ya está escrito del modo más cercano posible a las intenciones del compositor.

Viene de un año muy intenso, con muchos conciertos y premios importantes como el Ojo Crítico y el nombramiento de embajadora del talento español, ¿cómo ha vivido estos meses?

-Me da la sensación de que han pasado muy rápido y que, a la vez, han sido muy intensos. Siento que he encauzado algo más mi trayectoria, poco a poco, porque esto es una carrera de fondo. Hay que tener mucha constancia y no dejar de esforzarse nunca. No perder nunca ni la motivación ni la ilusión porque todo se consigue a base de trabajo y de esperar y esperar. Todo llega. Voy recogiendo los frutos que voy sembrando. No me pilla nada de sorpresa, voy recibiendo la recompensa a tanto trabajo, veo que el gran público va conociendo la viola...

Su gran objetivo.

-Así es. Es mi gran objetivo como artista y como persona. Que socialmente se conozca el instrumento, que guste, que uno quiera ir a escucharla porque conoce el repertorio... Siento que voy en esa dirección, estoy contenta porque veo lo voy consiguiendo gracias al trabajo y a todo lo que está detrás, que la gente no lo ve, pero es mucho. No es que me cueste, pero es una vida muy alejada de la vida normal. No hay noches ni días ni fines de semana ni vacaciones. Te dedicas 24 horas a todo lo que tenga relación con el instrumento, y aguantar este ritmo es bastante fuerte.

Hay que estar sano física y mentalmente.

-Físicamente, por supuesto, pero sobre todo mentalmente. Hay muchas responsabilidades, presiones; hay que ser rápido, moverse mucho. Mi vida es la de una solista freelance, todo lo que voy haciendo es producto de mi trabajo, nada me cae del cielo y eso cuesta mucho. Te tienes que dar a conocer a todo el mundo y a lo mejor no ese momento, pero sí más adelante resulta que te llaman.

¿Cómo se ha tomado el hecho de ser candidata al Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2016?

-Es un honor. Es verdad que soy joven, pero eso no implica que no sea merecedora del premio, y sería muy bonito ser premiada en mi tierra. Creo que soy la candidata más joven de la historia del premio, y eso que tengo 27 años y algunos pelos blancos (ríe). Además, en la vida artística la edad es relativa, no hay límites, estás desarrollándote todo el tiempo. Creo que lo que cuenta es la calidad de la persona y su trabajo.

¿Cómo se gestó el recital que va a ofrecer mañana en el Gayarre?

-Pues hace un año y pico me presenté a la directora del Gayarre, que no me conocía. Le expliqué quién era y le dije que después de haber tocado ya en tantos sitios me gustaría hacerlo en mi ciudad. Me comprendió rápidamente y enseguida empezamos a hablar del proyecto, pusimos fecha y el sábado se hará realidad.

¿Qué puede comentar del programa que ha preparado?

-Es un recital de obras románticas, cada una de un compositor diferente, de distinta nacionalidad y distinto estilo dentro de esa época. Empiezo con Brahms, un romántico clásico. Continúo con Granados, postromántico, con mucha influencia francesa, del que voy a interpretar el arreglo que hice para viola de su Sonata para violín y piano. Como estamos en el Año Granados, es una ocasión idónea, además, es una obra muy poco tocada que me gusta mucho. En la segunda parte está la Sonata en la menor Arpeggione, de Schubert, de estilo romántico mezclado con clásico, y, para acabar, Pensiero y Allegro appassionato, dos piezas del compositor inglés, de principios del siglo XX. Estoy muy a gusto con estas obras, diría que es mi combinación preferida.

Actuará acompañada de la pianista Anna Korepova.

-Sí, con ella he hecho muchos recitales, el último en San Petersburgo en octubre. La conozco desde hace muchos años. Es importante elegir a alguien con quien no tengas solo sintonía musical, sino también personal.

¿Qué proyectos tiene para lo que queda de año?

-Tengo muchos conciertos. Después de Pamplona me iré al Festival de Bath, en Inglaterra, donde también daré una master class; luego Suiza, París, Cataluña, Copenhague, Vitoria, Madrid... Y en septiembre tengo un proyecto de disco, voy a grabar el Concierto para viola y orquesta, de José Zárate, con la Orquesta de Extremadura para el sello Sony Classical. En octubre tengo conciertos en Suiza, en Dinamarca y más tarde vuelvo a Suiza; en noviembre tengo un recital importante en el Auditorio Nacional, en Madrid, en un ciclo en el que casi no han tocado violas y que será un antes y un después. Y en diciembre está prevista la grabación de mi primer disco en solitario.

Cuénteme algo más.

-Es un proyecto que llevo años persiguiendo y por fin puedo decir que está bastante enfocado. Lo grabaré en París. Hace tiempo que estoy buscando que sea un proyecto interesante, original, que aporte algo, pero aun no puedo desvelar qué va a ser. Y al final llegué a esa idea en la ducha (ríe). Ahora tengo que mimarla mucho para que salga todo bien, buscar el apoyo y la financiación para llevarla a cabo. Y para 2017 también tengo bastantes conciertos de solista con orquesta, que es lo que quiero. Es como más cómoda me siento y por ahora va saliendo. Mi vida tiene sentido gracias a esto.

las claves

“Es un honor ser candidata al Príncipe de Viana; y ser joven no implica que no sea merecedora del premio”

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