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Freedom for words

La organización de los errores y de los aciertos en las empresas

Por Pello Yaben (www.pelloyaben.com, contact@pelloyaben.com) - Domingo, 15 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

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A veces creo que los errores son una percepción distorsionada de un acierto. Dicho de otro modo, un error es un acierto que pasa desapercibido porque el resultado está alejado, mucho o poco, de algo que se espera y que ha sido etiquetado como acierto. En un contexto de aprendizaje, donde el fenómeno de ir atinando es un proceso gradual y progresivo, la cadena de errores es el camino para llegar al acierto, manos torpes que se enlazan para encadenar la sucesión de tentativas hasta culminar en el éxito. Por lo tanto, el error es necesario y, como tal, es un acierto en sí mismo por mucho que haya sido catalogado como lo contrario. Y quizá el único error que cometemos lo hagamos a la hora de fijar qué es un acierto y qué se entiende por tal. No existe posibilidad alguna de progreso sin error, de modo que no puede ser un error aquello que nos permite progresar. Pero aquí la cosa vuelve a su origen: una vez logrado algo, ese acierto se convierte automáticamente en error cuando, siendo en principio punto de llegada, lo transformamos finalmente en punto de partida de otro nuevo propósito. Lo importante, por otro lado, es que los errores cometidos, que en el fondo son aciertos, vayan variando, sean diferentes, contiguos el uno al otro y casi idénticos a no ser por la sutil diferencia que conlleva el error posterior respecto al precedente, un tic de mejora por muy pequeño que sea. De no ser así, la repetición continua de un error que es un acierto es lo que convierte en error al error, que ya no podrá ser etiquetado como acierto jamás de los jamases. Ahora ya sólo es un error, y lo es para siempre. Nos quedamos atascados en él y no hay manera de salir de ese atolladero. Lo que parecía que era el pistoletazo de salida de un proceso de mejora, se convirtió en el tiro de gracia de una ilusión. Pero esto no es del todo cierto, pues en muchísimas ocasiones se requiere insistir en un comportamiento que resulta un acierto si se repite. Es lo que llamamos hábitos. Pues bien. Después de este mejunje, nos debería quedar claro que hay repeticiones que son un acierto, repeticiones que son un error, variaciones que son un acierto y variaciones que son un error. ¿Cuándo es qué en las organizaciones? Las organizaciones son espacios vivos que necesitan de los errores para acertar, lugares abocados a la equivocación a condición de que ésta nos acerque al acierto. Pero también necesita de hábitos y comportamientos recurrentes cuya continuidad los convierte en aciertos. Cuando una empresa renuncia a este modelo lógico de aprendizaje a través del error y lo sustituye por una cosa muy rara, inusual e imposible que consiste en querer hacerlo siempre bien, tiene los días contados.

Y ahora le toca el turno a los ejemplos:

Cambiar la estrategia cada dos por tres, por ejemplo, es un error. En este caso me vienen a la cabeza expresiones tales como a Salto de mata, palos de ciego, sin ton ni son o gallinita ciega. Justo en el terreno donde conviene constancia y repetición, a muchas empresas les da por arramblar con todo. La mejora continua en las organizaciones, sin embargo, es el ejemplo evidente del error que es un acierto sin madurar, pero igualmente muchas empresas no permiten aquí otro comportamiento que el adecuado siempre y a la primera. En este caso me vienen expresiones del tipo no dan pie con bola, menuda tropa o habrase visto. Justo donde se necesita amplitud de miras no dejamos pasar una. Y finalmente está el comportamiento disruptivo, rompedor, abrupto y radicalmente diferente, el espacio donde deben sentirse como Pedro por su casa los errores, pues se trata de dar un salto mortal que nos aleje de lo convencional para que la organización pruebe suerte en lo extraordinario. Y este espacio necesario es un espacio inexistente en muchas empresas salvo en la declaración de intenciones volcada en un Power Point. Que se dejen de tonterías es la expresión que en este caso me viene a la cabeza. Estos tres ejemplos son suficientes para clasificar las organizaciones y estimar su éxito. Veamos. Si en su organización la estrategia cambia cada día, la mejora continua no es parte de la cultura y la innovación es exclusiva de la alta dirección, esa organización tiene enormes dificultades para adaptarse a la realidad actual. Error por cambiar, error por no aceptar el error y error por no dar espacio al error. Por el contrario, si su organización mantiene estable la estrategia, difunde la mejora continua o, lo que es lo mismo, da un lugar prioritario a la gestión de los errores, y toda persona tiene un lugar para poder realizar saltos mortales, esa empresa va por buen camino. Acierto por no cambiar, acierto por poder errar y acierto por dar espacio al error. Espero que no sea un error escribir este artículo, pero sobre todo espero que sea un acierto haberlo leído.

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