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En torno a la prevención del consumo de cannabis

Por Garikoitz Mendigutxia Sorabilla - Sábado, 4 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Desde el programa Suspertu de la Fundación Proyecto Hombre de Navarra llevamos años trabajando en la prevención de los consumos de drogas tanto con adolescentes, padres, madres y diferentes agentes sociales. Resulta cada vez más elocuente el aumento del mensaje normalizador de los chicos y chicas navarros con respecto al consumo de cannabis. Muchos de ellos creen que la mayoría de su especie fuma habitualmente y que su consumo se hace extensivo a la mayoría de las cuadrillas de su entorno. Muchos de los adolescentes con los que hablamos tienen interiorizada la idea de las bondades de la marihuana con respecto a otras drogas como el tabaco. En esta nueva sociedad de la información sin límites, retransmitida a través de Internet y las redes sociales, cabría preguntarse cómo llegan estos mensajes a los menores. Demasiada información, en ocasiones, genera confusión. Se mezclan usos médicos con recreativos. Diferentes legislaciones, normativas y prohibiciones en diferentes países o estados. Son recurrentes los mensajes en positivo con respecto a esta sustancia. Su origen natural y ecológico. Sus innumerables propiedades medicinales y terapéuticas que tan pronto ofrecen soluciones para el glaucoma, como reducen las crisis epilépticas, previenen el cáncer o nos protegen ante los olvidos del alzhéimer y anestesian ante el dolor. Resulta fácil de entender que estos mensajes se propaguen rápidamente entre los jóvenes, amparados bajo el manto protector de los grupos de iguales de referencia. Grupos de amigos que en plena efervescencia adolescente se convierten en círculos de sabiduría. Búnkeres de conocimiento incontestable frente a la amenaza del discurso doctrinal y protector de los adultos. Pero este discurso está impregnando también a muchos adultos de los diferentes ámbitos comunitarios. Políticos, legisladores, médicos, profesores, padres y madres no sólo participan de dichos postulados normalizadores. Son a su vez transmisores de este discurso a la población juvenil. A ellos nos gustaría dirigirles algunas reflexiones.

Frente a la percepción de consumo mayoritario de cannabis entre los adolescentes navarros conviene aportar datos reales. Datos que nos alejen de alarmismos. Pero también de la idea de consumos generalizados y extendidos que facilitan el acercamiento de los adolescentes a este tipo de comportamientos de riesgo. En la medida que un menor perciba que la mayoría de los jóvenes consumen drogas, más probable será que se acerque al consumo.

De una investigación en curso llevada a cabo desde Suspertu, con una muestra de más de 1.300 alumnos con edades comprendidas entre los 13 y los 18 años y diseminados por toda la geografía navarra se desprende que: sólo un 4,2% del total de los alumnos reconoce consumir marihuana diariamente, frente a un 70,5% que manifiesta no haberla probado nunca. El resto de porcentajes se dividen entre los que la han probado alguna vez (15,3%), aquellos que la consumen de manera habitual algún fin de semana (4,8%) y los que la consumen todos los fines de semana (3,9%). Si nos ceñimos a los datos referidos al último mes, cerca del 83% de los encuestados no habían consumidoporros. Estos datos coinciden mayoritariamente con los datos de otras encuestas realizadas durante los últimos años a nivel estatal (Estudes).

De estos resultados se desprende que la gran mayoría de los adolescentes navarros con edades comprendidas entre los 13 y los 18 años ha decidido mayoritariamente (70,5% a lo largo de su vida y el 83% en el último mes) no consumir marihuana.

Algunos de estos adolescentes que consumen cannabis tendrán consumos problemáticos y es posible que vean afectadas las diferentes esferas que conforman su vida: la familiar, la escolar o laboral, la social e incluso su propia salud. Es sobre este grupo sobre el que habrá que actuar con diligencia. De forma temprana y eficaz. Estableciendo intervenciones que aglutinen al conjunto de la comunidad y a los diferentes recursos tanto públicos como privados. La colaboración existente en la actualidad entre los profesionales de centros escolares, claves en los procesos de detección de adolescentes en riesgo, servicios sociales, centro de salud mental infanto-juvenil y nuestro propio servicio de Suspertu es, en este sentido, un buen ejemplo de buenas prácticas.

Otro número importante de adolescentes seguirá un patrón de abandono progresivo de los consumos, pasando de consumos habituales o continuos a esporádicos. Consiguiendo con mayor o menor éxito quemar las diferentes etapas formativas e incorporándose de manera desigual al complicado mercado laboral.

En definitiva, ésta es una imagen sobre los consumos de nuestros adolescentes que se acerca más a la realidad. Es la que como responsables de familias, de centros escolares, sociales, sanitarios y políticos debemos transmitir al conjunto de la sociedad, incluidos nuestros menores. Una imagen no distorsionada y desinteresada que clarifica y ayuda en nuestros esfuerzos de prevención.

El autor es psicólogo. Programa Suspertu

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