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El lobo que no pudo comerse al PSOE

POLÍTICO CON CARISMA Y RETÓRICA, PABLO IGLESIAS SUAVIZÓ SU PERFIL RADICAL Y SU EGO PARA INTENTAR ASALTAR EL CIELO

EL 26-J le ha dejado sin la anhelada presidencia y eso que ya lucía corbata

Un reportaje de Sonia López - Fotografía Javier Lizón - Lunes, 27 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Pablo Iglesias, en la presentación del libro ‘En defensa del populismo’, de Carlos Fernández Liria, en la Universidad Complutense celebrada el pasado abril.

Pablo Iglesias, en la presentación del libro ‘En defensa del populismo’, de Carlos Fernández Liria, en la Universidad Complutense celebrada el pasado abril. (EFE)

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Capaz de despertar tanta pasión como temores, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha demostrado su astucia y gran capacidad para adaptarse a cualquier hábitat con la ambición de ganar al PP, siempre con la mirada puesta en el PSOE, al que ha observado vigilante, igual que el lobo acecha a su presa.

Del profesor de Ciencia Política Pablo Manuel Iglesias Turrión (Madrid, 1978), ya conocíamos algunas cosas, y si hacemos caso a su número dos, Íñigo Errejón, si fuera un animal sería, más que un lobo, un caballo salvaje, difícil de domesticar, y con coleta a modo de crin.

El Pablo Iglesias que hemos visto en estos últimos cuatro meses ha sido un líder camaleónico, capaz de encender la indignación de los diputados socialistas al recordarles el pasado de los GAL al calor del debate y al minuto siguiente ofrecerse a Pedro Sánchez para un idilio político con un tono suave y casi susurrante, como hizo en el histórico debate a cuatro celebrado este mes y ya antes en el Congreso de Diputados. “Fluye el amor en la política”, “sólo quedamos tú y yo Pedro”, le dijo al líder del PSOE desde la tribuna de la Cámara Baja en el mismo debate en el que recibió con un beso en la boca en pleno hemiciclo a su compañero de En Comú Podem, Xavier Domènech.

Le hemos visto ya soltarse la coleta, lanzar su melena al viento y también llorar en varias ocasiones. Una, el día que prometió su escaño en el Congreso, y otra, no hace mucho, cuando el histórico comunista Julio Anguita apareció por sorpresa en un acto de Podemos en Córdoba.

No ha tenido tampoco reparos en dar un puñetazo en la mesa cuando ha sido necesario, como demostró con el cese fulminante del exsecretario de Organización, Sergio Pascual, que le costó el disgusto de Errejón, quien llegó a admitir públicamente su discrepancia con el líder de Podemos.

Besos y desplantes, lágrimas y sonrisas, de todo nos ha ofrecido el candidato de Podemos a la Presidencia, muy criticado por quienes en ese exceso de emotividad han visto demasiada teatralidad. De jovencito, cuando militaba en las Juventudes Comunistas, Iglesias hizo sus pinitos en un grupo de teatro, según él mismo contaba en un reciente programa de televisión, que sigue siendo un medio en el que se mueve como pez en el agua. Se nota que le gusta, aunque no se libre nunca de la recurrente pregunta sobre Venezuela y, de hecho, aún no ha dejado de hacer su programa de entrevistas en La Tuerka. Esa televisión desde la que saltó a las tertulias políticas en las grandes cadenas, que le dieron popularidad y a las que parece que les seguía rentando, y mucho, llevar al líder de Podemos porque allí le hemos visto a todas horas.

maltratado Pese a ello, se siente maltratado por los medios y a veces le han pasado factura sus críticas a los profesionales de la información, incluso con alusiones personales, por las que ha tenido que pedir disculpas. Eso sí, ha demostrado mucho sentido del humor con los imitadores que ven en su falta de humildad una mina que explotar en sus parodias, también muy televisivas, y no le molesta ni ofende que le llamen El coletas.

Pablo Iglesias no ha dado dos pasos en estos cuatro meses en el Congreso sin tener una cámara en el cogote y eso ha hecho difícil saber cuánto había de realidad y de actuación en la actitud del secretario general de Podemos, cuánto de espontaneidad y cuánto de cálculo o estrategia.

Audaz, intelectual e inteligente, tres palabras que destacan algunos entre sus virtudes; Iglesias -licenciado en Derecho y doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense- no se escribe los discursos y sube a la tribuna con un esquema de los temas que quiere abordar.

Procedente de una familia de izquierdas, muy implicada en política, y criado entre mujeres, entre sus defectos le acusan de arrogancia e incluso de condescendencia, y nos ha dejado frases difíciles de olvidar, fruto algunas de un ego creciente. Ahí quedó aquello de que la posibilidad “histórica” de que Pedro Sánchez fuera presidente era “una sonrisa del destino” que siempre le tendría que agradecer. Esperaba que se cambiara las tornas y que fuera Sánchez quien le ayudara a él a llegar a La Moncloa, pero el frustrado sorpasso al PSOE le priva de la anhelada presidencia.

Iglesias ha aprendido además a guardar con celo su vida privada. Ya no cuenta en Facebook sus avatares sentimentales, pero sigue siendo el rey en las redes sociales. De imagen ha cambiado poco. En campaña se puso un poco más la corbata que antes sólo reservaba para grandes y muy contadas ocasiones -anoche en su comparecencia la seguía luciendo-. Algo antes, ya había abandonado el perfil antisistema y más radical con el que irrumpió en la escena política para “derrotar a la casta” y “asaltar los cielos”, como prometía parafraseando a Marx. Y hasta en su partido se esforzaron en que ofreciera una imagen más presidenciable, cuidar sus gestos, suavizar su ceño y ganar en naturalidad. El cambio, a tenor de los resultados de ayer, no ha surtido efecto.

Lobo, caballo o camaleón, está por ver en qué animal político se convierte en los próximos meses tras la decepción del 26-J.

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