Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

El premio a la estrategia del oso perezoso

RAJOY HA SIDO DADO POR MUERTO POLÍTICAMENTE EN VARIAS OCASIONES. DE NUEVO HA SOBREVIVIDO A UNAS ELECCIONES PERO LE ESPERA LA BATALLA DE LOS PACTOS

Un reportaje de Patricia de Arce - Lunes, 27 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Mariano Rajoy, tras firmar en Pamplona el acuerdo del PP con UPN.

Mariano Rajoy, tras firmar en Pamplona el acuerdo del PP con UPN. (D.N.)

Galería Noticia

Mariano Rajoy llegó a las elecciones del 26 de junio con su liderazgo reforzado y sacando pecho tras haberse mantenido firme en su propuesta de una gran coalición como única vía para formar gobierno. Y las urnas han premiado su resistencia.

Rajoy lo tenía claro desde la misma noche del 20 de diciembre: o había pacto con el PSOE o no iba a ser posible un gobierno. Por eso, como no se cansa de recordar, ofreció la gran coalición desde el día siguiente de las elecciones pero siempre obtuvo un no por respuesta. Han sido varios meses en los que el presidente ha permanecido inamovible sin cambiar su fórmula, y quieto mientras eran otros los que negociaban. “Era un chico muy valioso, inteligente y flexible. Eso sí, nunca se podía esperar de él que tomase la iniciativa”, recuerda un compañero de juventud.

Por esa actitud se llevó muchos reproches, sobre todo cuando rechazó ante el rey asumir la responsabilidad de intentar formar gobierno, pero ante el asombro de unos y otros siguió parado mientras presenciaba “el teatro”, como lo ha llamado el PP, de los demás. Hasta algunos dirigentes de su partido tenían sus dudas sobre la estrategia del presidente, pero ahora todos le colocan como vencedor moral de este proceso al culminar con una victoria electoral mayor.

Vista su actitud de estos meses, queda patente que Rajoy auguraba desde el primer momento una nueva convocatoria electoral. La primera vez que le oímos hablar de otras elecciones fue cuando se lo comentó en febrero al primer ministro británico, David Cameron, en una conversación informal en Bruselas. Y se lo dijo a su manera a los ciudadanos, protagonizando su particular precampaña desde muy poco tiempo después de celebrarse los comicios de diciembre.

dura campaña Porque en todo este tiempo Rajoy ha mantenido una agenda muy intensa con el partido y ha seguido haciendo visitas y actos por toda la geografía española en los que una y otra vez defendía su postura y advertía de los males que podría traer un pacto por la izquierda. Rajoy llegó muy entrenado. Dicen en su entorno que no sólo estaba en forma físicamente gracias a sus paseos matutinos a gran velocidad. También lo estaba mentalmente, porque se sentía seguro y animado pese a que para él la campaña fue dura.

Sabedor de su falta de carisma -Financial Times le describe como “el hombre invisible”- tuvo que librar una batalla en corto, con paseos, charlas con vecinos y sin grandes mítines ni grandes operaciones de marketing. Para compensar su permanente tono gris, más patente al compararlo con sus rivales, estuvo acompañado por innumerables vídeos, campañas en las redes sociales y participaciones en programas de televisión con los que el PP pretendía mostrar a un Rajoy tan moderno como sus jóvenes rivales.

Y mientras todo el engranaje de campaña se movía, Mariano Rajoy seguía con el mismo discurso: o el PP o los radicales. O el despegue económico definitivo o la vuelta atrás. O la estabilidad o el caos. Un mensaje en el que además omitía directamente a sus rivales o dejaba que fueran otros en el PP los que entraran en temas espinosos como la corrupción. Un mensaje que se ha demostrado exitoso.

Fue en definitiva una campaña para Rajoy muy parecida a la anterior, aunque con una gran diferencia: esta vez sí, el presidente se midió con Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera en un debate a cuatro. Lo que parecía un disparate en diciembre para el PP, que justificaba la ausencia de Rajoy en ese debate en el hecho de que Podemos y Ciudadanos no tenían aún representación parlamentaria, se vendió en esta ocasión desde el partido como una cita necesaria a la que su líder acudió para hacer lo que mejor sabe: permanecer agazapado esperando el premio a su pasividad, una actitud que otros consideran prudencia y una forma personal de hacer de política.

Desde que contra pronóstico, el leal y disciplinado Rajoy fue el elegido por el dedo de Aznar en 2003, se le ha dado por muerto varias veces. Muchos le han subestimado. No sabían que en una pequeña capital de provincias como Pontevedra se aprende principalmente una cosa: a tener paciencia. Uno de los adjetivos que siempre ha acompañado a Rajoy ha sido el de superviviente. Le toca ahora sobrevivir políticamente a este nuevo asalto tras el que espera, esta vez sí, que un pacto le mantenga en la Moncloa. Y si los demás no se avienen a un acuerdo, ya advirtió durante la campaña de que estaba dispuesto a gobernar en minoría.

Pero para eso, aunque no lo dijo, necesita que otros le apoyen y se abstengan. Así que es muy posible que, en esta ocasión, no le baste con quedarse parado.

Herramientas de Contenido