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Ambiente | Plaza de Navarrería

La falsa tradición del salto del guiri

Tras el sonido del cohete, la fuente de Navarrería se convierte en la mayor atracción para los extranjeros. Desde hace años, los saltos vienen siendo una práctica habitual que incluso se venden en las agencias de viajes

Un reportaje de Unai Yoldi. Fotografía Iñaki Porto - Jueves, 7 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Decenas de personas reciben una ducha alrededor de la fuente de Navarrería, de la que saltó un japonés.

Decenas de personas reciben una ducha alrededor de la fuente de Navarrería, de la que saltó un japonés. (IÑAKI PORTO)

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Como cada año, decenas de extranjeros, más comúnmente conocidos como guiris, acuden en manada hacia la plaza de Navarrería al término del Chupinazo. Allí el o la más valiente se encarama la popular fuente de la plaza para saltar y caer a los brazos de quienes se ofrezcan o, en el peor de los casos, de morros contra el suelo.

La primera valiente del día de ayer fue Charlotte, una australiana de 25 años que visitaba por primera vez la capital navarra. La guiri trepó por la fuente a la vez que pedía el apoyo a los suyos, que le contestaron a viva voz. No reaccionaron de la misma manera decenas de personas que se encontraban presenciando lo que ya se ha convertido en algo habitual cada 6 de julio. Botellas, vasos y hielos volaban hacia la australiana que intentaba protegerse como podía, y que acabó desistiendo en su intento por alcanzar la cima de la fuente.

Ya lo advierte la canción de Skalariak, si eres un yankee con mucho futuro y necesitas volar, ven a Navarrería la fuente es lo tuyo, la hostia que te vas a dar. Sin embargo, Hiro, un japonés de 31 años, corrió mejor suerte. Este guiri asiático trepó muy rápido por la fuente esquivando y aguantando como pudo la lluvia de objetos que le llovían.

Una vez arriba miró hacia abajo en busca de alguien que amortiguara su caída. Un grupo de riojanos con los que había venido Hiro, enlazaron sus brazos y esperaron la caída del japonés, quien tan solo se hizo un herida en el brazo al caer.

“Por un momento pensaba que nadie me iba a coger, pero una vez arriba estaba obligado a saltar”, confesó minutos después del salto. Admitió sentirse realizado después de la “fantástica aventura” que supuso para él el salto, del cual se enteró a través de la agencia de viajes con la que se ha desplazado hasta Pamplona, aseguró que cuando compró los billetes le dieron un folleto en el que se incluía este acontecimiento como algo típico de las fiestas de San Fermín.

Desde luego, nada más lejos de la realidad de las calles de Pamplona, en las que los oriundos recibieron esta actividad con bastante hostilidad. “No es una tradición nuestra sino de la gente que viene de fuera, que desde hace unos años ha convertido esto en algo típico”, sostuvo un joven pamplonés que admitió haber lanzado hielos a los que subieron pero afirmó que “además de una locura de los guiris, es algo muy peligroso”. Tras la tormenta de insultos y objetos que imperaron en la plaza durante varios minutos, llegó una calma que iba a durar más bien poco.

Al más puro estilo del Tío Sam, gafas, sombrero y una bandera de Estados Unidos atada al cuello, un joven norteamericano se encaramó en la fuente, pero esta vez no para ser el tercero en escalarla, sino para que todo el mundo viera quien se estaba haciendo con la fuente, como si de una conquista se tratase. Tal y como había ocurrido minutos antes, un carrusel de objetos y alcohol cayó sobre el americano, quien lejos de intimidarse se vino arriba realizando varios cortes de mangas a la gente que tenía a sus pies.

Para muchos guiris Pamplona se convierte del 6 al 14 de julio en la ciudad sin ley, en la que todo vale. De esta manera cada año asientan más esta práctica que ya se está convirtiendo en una costumbre que a más de uno ya le ha dejado secuelas trágicas e irreversibles. Por suerte, este año no se han tenido que lamentar consecuencias de gravedad, lo que quizá suponga una mayor participación de valientes el próximo año.

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