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Pamplonudos, todo sigue igual

La primera tarde en la monumental dejó himnos futbolísticos y el entronamiento de un nuevo ídolo

Un reportaje de Andoni Irisarri. Fotografía Javier Bergasa - Viernes, 8 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:09h

Las peñas homenajean al entrenador de Osasuna, Enrique Martín.

Las peñas homenajean al entrenador de Osasuna, Enrique Martín. (Javier Bergasa)

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Pamplonudas, pamplonudos, tranquilos. Ayer se celebró la primera corrida de las fiestas, y puedo afirmaros con todas las garantías que en la plaza todo sigue como siempre. Una parte del público sigue a la sombra, comiendo bocadillos de jamón, descorchando botellas de champán a cada rato y con cara de saber mucho de toros. La otra mitad, a la solana de la Monumental, sigue con el gorro playero enroscado hasta las cejas, la toalla (que ya es de color rosa) agarrada al cuello como el peluche del monito, y los tobillos negros de la sempiterna mugre del tendido.

Por lo demás, ya saben, al presidente de la corrida se le pita. Sea quien sea. Ayer, como manda el día siete, le tocó al alcalde. Y Joseba Asiron, al que le gusta más la andanada de la Alegría de Iruña que la almohadilla del palco, disimuló embozado tras el sombrero de copa una catarata de silbidos que sólo serán aplausos el día en el que veamos a Armando Cuenca abrir el festejo de una tarde de jandillas.

Pero decir que todo sigue igual, teniendo en cuenta la particularidad del coso pamplonés es admitir, sin decirlo, que todo cambia un poco cada tarde en estas latitudes durante estas fechas, aunque ni el guión ni la banda sonora sean nuevas. Pero si uno afina bien los sentidos puede comprobar como, de un tiempo a esta parte, El Sadar y la Plaza de Toros de Pamplona van camino de una peligrosa simbiosis que puede colapsar por saturación a los más peteuves del lugar. Damos por bueno que suenen las mismas canciones en los descansos de Osasuna que en el cambio de tercios. Pero la futbolización de la fiesta ha provocado que ya sea tan habitual el No podrán parar a Patxi Puñal como El tío Caniyitas. Y como de habitual el coso pamplones se suele parecer al césped de El Sadar (al menos en cuanto a intensidad en el espectáculo), desde ayer celebró que tiene nuevo ídolo. ¿Quién es ese chico de belleza criolla, ese torerito peruano del que hablan maravillas y que ayer se metió en el bolsillo a las exigentes peñas pamplonesas? Pues Andrés Roca Rey, un limeño de 19 años que sólo hizo amigos en los tendidos de sol al estilo latinoamericano: pasándose por el forro de la taleguilla el protocolo y encarándose con la grada. Algo que, por lo demás, también hicieron muchos futbolistas de por ahí cuando vistieron de rojillo.

Fue en el primero para él, un torito negro de nombre Pintor que a punto estuvo de desdibujarle la faena. Entregado al público peñudo, por agradar el de Lima se arrimó al sol para recibir de rodillas a un morlaco de 500 kilos, que lo atropelló en una cogida feísima. Lo dejó al maestro doblado sobre las astas, con cara de muñeco desinflado, pero en cuanto su cuadrilla lo puso patas arriba rumbo a la enfermería, Roca Rey mandó parar, se examinó las partes nobles y decidió que por sus huevos toreros pasaportaba al Fuente Ymbro. Y lo de los huevos toreros no es una exageración si tenemos en cuenta que en el viaje el animal le dejó con el ceviche al aire, y con aquello colgandero terminó la faena. Un gesto de rasmia que aquí, (no sólo en El Sadar o en la Monumental) te hace meterte en el bolsillo a la grada. Todo es muy osasunista, como verán ustedes. A este paso, lo siguiente será ver al bueno de Sabalza en el palco presidencial, y a Enrique Martín dando clases de coaching capillero a los diestros más incrédulos. Al tiempo.

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