Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

¡Ay, Jalisco, no se rajen con el sofoco!

Los cebada aprietan el pañuelo con cogidas de órdago que silencian la solanera, descompensada y a su aire

Un reportaje de Enrique Conde | Fotografía Iñaki Porto - Sábado, 9 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Mariachis en la alegría de Iruña.

Mariachis en la alegría de Iruña. (Iñaki Porto)

Galería Noticia

Para una corrida de Cebada, como se las trae perras, hay que llevar una bombona de oxígeno incluso a la grada, porque suelen dar sofocones de pánico. Ayer cumplieron por la mañana en el encierro dejando un parte de guerra y, por la tarde, dieron trabajo de lo lindo en la enfermería. Si para aguantar tanto embate, uno tira de pleno pulmón, ahora con la sofoquina que pega, igual se queda a medio gas. Por tanto, van sobre aviso, no les vendría mal un oxígeno extra para aguantar a esa torada de pánico que ayer concentró tanta tensión que se cortaba con el cuchillo de la merienda. Poco antes de esta, en el tercero, el valiente Javier Jiménez se lo estaba pasando pipa dando pases a diestro y siniestro con Artillero, colorado de 645 kilos. El bicho, que ya se volvió un poco tarambana en el tercio de banderillas, donde los subalternos de Jiménez, El Lipi y Rafael Limón, que se subieron a la balconada para dejar caer un garapuyo de aquella forma. Entre la ruidera en solanera y que el morlaco no fijaba vista, estuvieron en un tris los banderilleros de llevarse para casa los palitroques. Sea como fuere, de malas maneras solventaron el tema, así que Jiménez empezó con la muleta a comerse al toro por la pezuñas. Sonaba un éxito de Rafael por donde las peñas y, en La Alegría de Iruña, con unos mariachis que la hicieron gozar con el Rey y Jalisco, se oía por entonces un solo de trompeta que, dadas las circunstancias, pareció hasta bien fino. Por entonces, como a Jiménez le iba de fábula, se empezó a escuchar la Pamplonesa con Camino de Rosas y, sea como fuere, el caso es que al diestro se le empezó a llenar de espinas el trote por la arena. Le volvió la cara Astillero al matador, le cogió de malas maneras, le levantó en volandas y le agarró un topetazo muy bruto, con volteretas a mansalva por el aire. Ahí se cayó el sol, la sombra, la trompeta, los mariachis y Pamplona entera. Lo justo se oía de fondo la matraca esa que suelen enchufar por la cuesta de Labrit. El caso es que Jiménez apretó el nudo del pañuelo de unos cuantos presentes y, con su vuelta al ruedo desde la enfermería, un tanto inconsciente, tenía ya al gentío metido en la camisa, que fue de lo poco que le quedó digno del ropaje. A De Mora, convencido como estaba que su compañero no volvía, le pararon los pies y le pidieron calma al ver al magullado resucitar en enfermería. Al final, milagros en Lourdes. La marabunta se envalentonó al verle salir de vuelta a Jiménez, se puso de su parte, pero cuando empezó a equivocarse con la espada todo empezó a hacer menos gracia. Entre tanto, un muchacho de tendido bajo se le ocurrió así como idea lanzarle unos hielos a la cara del toro cuando el diestro entraba a matar. Hay tontos por todos lados, pero aquellos que llevan años viendo cosas de estas, algo se podría hacer.

Por lo demás, la tarde fue un tanto estruendosa, insípida como pocas, calurosa y vulgar. A los de la andanada 9 y 15, que se suelen soltar mamporros y se cruzan piropos de familia habitualmente, seguro que les pareció una tarde como cualquiera. Por ahí, con tal de entonar alguna melodía Eurocopera y aplaudir a la islandesa, tienen bastante. En el tendido, gorritos, flotadores y, como está el ambiente que se pega en cualquier lorzilla, pues no da tampoco la cosa como para disfrazarse mucho.

Herramientas de Contenido