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Dos 'jandilla' se caen en Telefónica y alargan un peligroso encierro

mikel bernués/noticiasdenavarra.com - Lunes, 11 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:07h

'Impedida' arrolla a un mozo en Mercaderes. Foto: Unai Beroiz VER VÍDEO Reproducir img

'Impedida' arrolla a un mozo en Mercaderes. Foto: Unai Beroiz

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PAMPLONA. El hierro de Jandilla asusta. Las 30 cornadas que ha acumulado en sus 16 apariciones previas avalan este temor. También se les tiene por rápidos. Vienen con piernas de atleta y la pretemporada bien hecha porque Borja Domecq los corre a menudo por su finca de las cercanías de Mérida. Ayer el encierro que protagonizaron también fue rápido y peligroso (como si alguna vez no lo fuera), pero menos. Menos rápido porque la caída de dos bichos en el tramo final del recorrido, uno en dos ocasiones, paró el cronómetro en los 3’04”. Y menos peligroso porque, pese a los aspavientos iniciales de un cuatreño con alma de esprínter que auguraba una mañana complicada, esta vez no hubo heridos por asta y solo se contaron cuatro traslados a centros hospitalarios por diversas contusiones.

Dieron las ocho de la mañana e Impedida, impetuoso toro colorado, salió disparado de los corrales, estiró la manada y les ganó unos metros a sus hermanos mirando con mala baba a izquierda y derecha. Su ritmo bestial no encontró respuesta en un mozo antes de Casa Seminario. Impedida le saludó sin inquina ni herida con la pala del cuerno y así se lo quitó de encima como quien se sacude una mosca. Topetazo y al suelo. Detrás viajaban, también a velocidad de vértigo, sus cinco hermanos y dos cabestros. Los que pudieron aguantar el ritmo. Enfilaron el último repecho de cuesta con un nuevo susto en la entrada al ayuntamiento, donde un mozo también conoció de refilón un cuerno y, de lleno, el suelo. En Mercaderes la manada se agrupó y afrontó el camino unida.

La preciosa estampa, con los 6 morlacos y dos cabestros bien pegados y ocupando buena parte del ancho de la calzada, se prologó durante todo el tramo de Estafeta. Sirvió para el lucimiento de muchos mozos, aliviados porque pasado el fin de semana la presencia masiva de espectadores dentro del recorrido había disminuido. Por fin era lunes. Sin los domingueros del encierro se vieron carreras bonitas delante de los cuatro toros colorados y los dos negros. No fue fácil porque había mucho buen corredor peleando por un sitio en la cabeza de la manada, sin ningún hueco entre bicho y bicho. La parroquia animal, ahora en fila de a dos, llegó a Telefónica. Y en la bajada al callejón se produjeron dos caídas. Primero se fue al suelo Coquinero, otro toro colorado, y en su mal paso arrastró también al negro mulato y bragado Decana. Un tercer burel evitó el golpetazo con un salto de campeonato. Decana se levantó rápido pero Coquinero, con las patas al viento, no eran capaz de recuperar la verticalidad. Necesitó de la ayuda de varios corredores, que tirando de cuernos y cola consiguieron al rato enderezar su rumbo.

Por unos segundos llegó a parecer un animal desvalido e incluso inofensivo. Hasta que sus pezuñas tocaron de nuevo el firme. Con ellas recuperó su figura imponente, todavía más peligrosa al no tener compañía ni guía en lo poco que le quedaba de recorrido. Mientras tanto, sus cuatro hermanos y los cabestros ya habían alcanzado el coso taurino. Terminaron la carrera en solo dos minutos y diez segundos para no perder su fama de velocistas. Pocos metros después de la primera caída, ya en el Callejón y con Coquinero todavía en el suelo, Decana volvió a quedarse sin equilibrio tras darse de bruces con un corredor y tropezarse con un pequeño montón. En su caída encontró acomodo en tres mozos que ejercieron de colchón y cataron en sus carnes 585 kilos de bicho.

Ya es mala suerte que se toparan con el toro más pesado del lote. Eso sí, antes de irse al suelo Decana tocó con la punta de su cuerno el cuello de uno de esos mozos, ataviado con una gorra y que no tendrá el valor de quejarse de escasa fortuna. Fue la imagen más espeluznante de toda la carrera. Parece imposible que no sufriera una cogida. Con muchos apuros pero sin ayuda Decana se puso en pie y llegó a los corrales de la plaza 38 segundos después de sus hermanos. Detrás todavía faltaba Coquinero, su hermano colorado. Un pelaje protagonista en el arranque y final de un encierro que se despidió tres minutos y cuatro segundos después de empezar.

Ganadería ‘de miedo’

Récord de cornadas en 2004. La ganadería de Jandilla, la cuarta con más presencias en San Fermín, tiene el récord de cornadas en una sola carrera: 8 en 2004. El año pasado dejaron tres heridos por asta, y suman 30 en total. Tragedia de Daniel Jimeno. Fue un jandilla colorado, de nombre Capuchino, el que provocó la última cornada mortal de un encierro, la del joven madrileño Daniel Jimeno Romero en 2009. Velocidad. El jandilla Huraño tiene el récord de velocidad (en solitario) de los encierros. Alcanzó los corrales de la plaza en un minuto y 45 segundos.

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