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Y se formó la gozadera en el coso pamplonés

las peñas disfrutaron y bailaron en una tarde tranquila que empezó con un minuto de silencio por víctor barrio

Un reportaje de Amaia Rodríguez Oroz. Fotografía Unai Beroiz - Lunes, 11 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:06h

El tendido recibió la visita de Asterix y Obelix.

El tendido recibió la visita de Asterix y Obelix. (Beroiz)

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Durante sesenta segundos, las dos zonas del coso pamplonés -sol y sombra- se hermanaron. Fue en el minuto de silencio que la parroquia dedicó al torero Víctor Barrio, recientemente fallecido en Teruel, y que la txaranga de la peña Los de Bronce acompañó de manera perfecta. Un gesto que gustó mucho, en cualquier lado de la plaza, y que aplaudieron con fervor. Homenajes aparte, la juerga comenzó con los clásicos olés a los caballos y las míticas Todos los días sale el sol o No hay tregua que tanto gustan por aquí. No obstante, sí hay que decir que al principio se vieron más abanicos que ritmo, puede que porque los días de fiesta empiezan a hacer mella o porque Lorenzo hacía de las suyas y daba más ganas de beber que de bailar. Aunque el ambiente se fue animando a medida que transcurría la corrida y los de la zona de sol gozaron de una tarde más en la Monumental.

Curro Díaz lo hizo bien con el primer toro, según los entendidos, aunque su actuación no motivó los aplausos de las peñas, que atendían más a lo que ocurría en el tendido, donde asomaban algunos disfraces, sombreros en forma de paraguas y banderas de Navarra y Euskal Herria. Sí llamó la atención, no obstante, la faena de Iván Fandiño, segundo en pisar la arena, quien se llevó unos cuantos olés y logró dejar en silencio a toda la plaza con una actuación que terminó tan bien como comenzó. Mientras Juan del Álamo hacía de las suyas, algunos peñeros vestidos de curas y asomados en las gradas bendijeron el coso y dieron permiso para que corriera la juerga, ya que después de su aparición comenzó a sonar Mi gran noche, de Rafael, la cual motivó todo el graderío y el tendido, que ya no se relajó.

Las bebidas iban más directas a la garganta que al uniforme -hacía falta, visto el calor y el color de los que olvidaron la crema de sol- o a los disfraces, donde, por cierto, destacaron los de la Irrintzi, entre los que Obélix se junto con Astérix y juntos levantaron un menhir enorme. A partir del cuarto toro, las peñas hicieron menos caso a la arena y más a la comida y fueron pocos los que se daban la vuelta de vez en cuando para ver qué ocurría en el coso. Sí se enteraron todos, no obstante, del susto que se llevó Curro con su segundo toro o de la embestida de un toro manso a un subalterno de Fandiño, al que todos gritaron tonto, tonto, mientras en la sombra se llevaban las manos a la cabeza. No gustó nada, a señalar, el final de las actuaciones de los tres toreros con sus segundos toros, a los que pitaron sin descanso vista la agonía del animal sobre la arena, que no se daba por vencido.

Aunque es cierto que la tarde de ayer no se vivió la mejor de las corridas en la plaza, la juerga en las gradas fue de sobresaliente, tranquila y continua, donde no sucedió nada más allá que alegría y diversión. Se nota que los días van pasando, pero a la zona de sol aún le quedan energías para volver hoy, por otra tarde más, a la Monumental.

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