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La Policía Foral: centinelas en la fiesta

De paisano y camuflados entre la muchedumbre, la Brigada de Vigilancia Preventiva y Respuesta combate la lacra de los carteristas, que el año pasado cometieron 1.332 hurtos y robos durante los Sanfermines

Un reportaje de A. Irisarri | Fotografía Andoni Zulet - Martes, 12 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:03h

La Policía Foral registró, el sábado de las fiestas de San Fermín de 2015, más de 250 denuncias relacionadas con robos o hurtos a manos de carteristas.

La Policía Foral registró, el sábado de las fiestas de San Fermín de 2015, más de 250 denuncias relacionadas con robos o hurtos a manos de carteristas. (ANDONI ZULET)

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“Esta va a ser la dinámica. Tú me sigues, con total naturalidad. Vamos a un bar, hablando tan normal, como si fuésemos de fiesta. Nos cogemos una Coca-Cola; el vaso es un camuflaje perfecto. Y a partir de ahí el equipo empieza a trabajar”. Son las doce de la noche del sábado, y un café de máquina acompaña las últimas indicaciones antes de echarse a la calle. El breve briefing se produce en una pequeña sala de descanso del Departamento de Interior del Gobierno de Navarra, y el encargado de dar las consignas al periodista es un mando de la Policía Foral que esta madrugada liderará un grupo de cinco agentes de la Brigada de Vigilancia Preventiva y Respuesta, una sección de trabajo que sólo funciona durante las fiestas y que se encarga de localizar, seguir y detener a los carteristas que cada año a lo largo de los Sanfermines cometen más de mil robos.

Toda la luz de la estancia es la que proviene de dos máquinas expendedoras, cuyo reflejo alumbra un tablón de anuncios repleto de información sindical. Los soportales del patio interior de Diputación permanecen completamente oscuros e inexplicablemente silenciosos, teniendo en cuenta que fuera el centro de la ciudad bulle de fiesta. Es necesario recorrerlos para llegar a la Oficina de Atención Policial (OAP) de la plaza del Castillo, la central donde se reciben las denuncias (563 el año pasado) y desde donde se coordina el trabajo sobre el terreno de la brigada, compuesta para la primera noche del fin de semana por alrededor de una veintena de agentes divididos en tres grupos dispuestos por el centro de Pamplona.

Pero ni el número de agentes, ni la distribución, ni el itinerario, son algo casual. Responden a una estrategia bien diseñada por la Policía Foral, que desde hace cuatro años elabora un preciso informe sobre las denuncias registradas en Pamplona y Comarca durante las fiestas. El objetivo, poder situar con minuciosidad el lugar, la hora y la naturaleza del delito, con el fin de estar allí para prevenirlo.

El último informe confeccionado por la Policía Foral refleja que en los Sanfermines 2015 fueron 1479 denuncias las que se interpusieron ante alguno de los cuatro principales cuerpos policiales de Navarra, además del resto de policías locales de la Comarca. De ellas, 1332 fueron hurtos y robos, lo que, sumado al resto de parámetros que tiene en cuenta el informe en base a las diligencias que elaboran los policías después de cada intervención, permite confeccionar un patrón de delito tipo, que inevitablemente apunta hacia los carteristas: un fenómeno creciente en los últimos años que sólo se ha podido controlar con el despliegue de brigadas específicas. Altas horas de la madrugada de los fines de semana, zonas céntricas del Casco Antiguo y aglomeraciones son el campo de cultivo ideal para que proliferen cacos especializados en un hurto basado en el despiste, que aprovecha que el personal está más pendiente de la fiesta que de los bolsillos para extraer con disimulo las pertenencias, preferiblemente carteras y, sobre todo, móviles.

calles ‘calientes’ Pasa la media noche y los cinco agentes y el mando que componen uno de los tres grupos de la Brigada de Vigilancia Preventiva y Respuesta de la Policía Foral ya llevan cuatro horas de turno. Comenzaron a las ocho de la tarde, echando un ojo por las terrazas de la plaza del Castillo y la salida de las peñas, pero una vez cae el sol, la actividad se centra en las calles San Nicolás, Estafeta, Jarauta, Labrit y plaza del Castillo, en las que a eso de la una de la madrugada ya no cabe un alfiler.

Por allí se mueven con soltura una cuadrilla de agentes de paisano con mucha calle acumulada en sus piernas. La placa, unas esposas y una porra extensible es todo el equipo policial que portan y que pasa totalmente inadvertido entre el atuendo sanferminero que hace las veces de uniforme. Caminan en la misma dirección, deslizándose por las espaldas de los fiesteros, y separados por una distancia prudencial para no levantar sospechas. El lenguaje, en plena faena, se reduce a alguna mirada cómplice o un mensaje de Whatsapp. Sólo se habla cuando el agente encargado del contacto con la OAP anuncia un cambio en la hoja de ruta. Porque a pesar de que el análisis de los hurtos se centra en unas pocas calles, los agentes van cambiando de zona dependiendo del lugar en el que se hayan registrado las denuncias. Una vez llegados a una de los puntos calientes (en la calle San Nicolás se registraron el 10% del total de delitos cometidos en los Sanfermines de 2015) se activa el radar de los agentes. Buscan personas cuyo comportamiento sea extraño, que tengan fija la mirada en el suelo o en los bolsillos de la gente, que merodeen grupos de amigos. En conclusión, gente que haga cosas raras, impropias para una noche de fiesta. Una vez divisado el posible carterista, los agentes siguen su pista. Primero, desde la lejanía, con dos policías como avanzadilla y otro apostado en otro ángulo. Si el sospechoso persiste en su actitud, los agentes van estrechando el cerco. Si entra a un bar, se va detrás de él. Hasta los agentes aprovechan los bailables para, con disimulo, rodearlo como una manada de leones, esperando el momento en el que el potencial delincuente se decida a robar para saltar sobre él, algo que sólo ocurre si la Policía Foral tiene pruebas irrefutables de que se trata de un carterista. No se permite un paso en falso. Sería demasiado peligroso, advierten los propios agentes. Para la gente que está dentro del bar, para la víctima, que tiene que permanecer allí, para el carterista, al que también tienen que garantizar sus derechos, pero sobre todo para los propios agentes, que tienen que velar por su seguridad.

Una fórmula que, de momento, está dando frutos a la Policía Foral. Según recoge el histórico de informes sobre delitos en Sanfermines, la cifra de denuncias con respecto al año 2014 ha bajado un 25%, y se confía en que esta cifra pueda ser menor con el paso de los años. Para ello, desde el cuerpo advierten que será muy importante el trabajo de prevención (que ya se lleva a cabo mediante trípticos informativos que se reparten a los turistas) y el de concienciación. “Queremos que los carteristas sepan que estamos en la calle, vigilando”.

al detalle

El personaje. Seis agentes de la Brigada de Vigilancia Preventiva y Respuesta de la Policía Foral .

¿Desde cuándo trabajan en fiestas? Hace cuatro años que se elabora el informe de delitos en Sanfermines, y la brigada funciona, únicamente durante las fiestas, desde 2014.

¿Qué es lo más satisfactorio de este trabajo? Los agentes coinciden en señalar que el hecho de que conforme pasan los años, los datos de hurtos disminuyen.

¿El mayor inconveniente? Las masificaciones.

¿El peor día para trabajar? Los fines de semana: sábado y domingo. En 2015, el sábado día 11 las policías que actúan en Pamplona registraron hasta 250 denuncias por hurtos y robos, según datos recogidos por la Policía Foral.

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