Dignidad en la salud mental

Por Manuel Martín Carrasco - Sábado, 8 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

el próximo día 10 de octubre celebraremos el Día Mundial de la Salud Mental. Esta jornada tuvo lugar por primera vez en 1992, a instancias de la Federación Mundial por la Salud Mental (WFMH, World Federation for Mental Health), y cuenta ahora con el auspicio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y todas las entidades e instituciones de salud a lo largo y ancho del planeta. Es un día para la toma de conciencia de los diversos problemas existentes en torno a la salud mental, y que por desgracias son recurrentes en todo el mundo: estigma, escasez de servicios asistenciales y residenciales, falta de profesionales y carencias en la formación de los mismos, discriminación con respecto a otros problemas de salud, maltrato en diversas modalidades hacia las personas con enfermedad mental y sus familiares, pobreza de recursos destinados a la investigación, falta de recursos terapéuticos, etcétera. Como botón de muestra, podemos recordar que un tercio de los países encuadrados en las Naciones Unidas niegan a las personas con enfermedad mental el derecho a votar o a casarse.

Cada año, la WFMH elabora un lema mundial, aunque las distintas organizaciones que se adhieren al Día Mundial pueden señalar otros, a nivel nacional o local. El lema elegido para el 2016 reza: “Dignidad en Salud Mental. Primeros auxilios psicológicos y en salud mental para todos”. Este lema tiene que ver con la respuesta a las frecuentes situaciones de crisis, exilio, violencia y pérdidas humanas que se registran hoy día en el mundo. Por ejemplo, podemos señalar que las Naciones Unidas han informado que en el mundo hay actualmente 100 millones de personas directamente afectadas por conflictos bélicos, con más de 60 millones de desplazados;la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Los recientes atentados terroristas y la crisis de los refugiados procedentes de Siria y del norte de África han dado lugar a que también en Europa consideremos relevantes la puesta en práctica de estos “primeros auxilios psicológicos”. De hecho, su utilidad se pone de manifiesto con independencia de la magnitud del evento causal, por lo que cabe considerar su aplicación en situaciones tan cotidianas como un accidente de automóvil, en el que todos podemos vernos implicados.

El término “primeros auxilios psicológicos” se acuñó en los años cuarenta del pasado siglo, en el contexto de la segunda guerra mundial y sus consecuencias. Sin embargo, no ha alcanzado notoriedad hasta los últimos quince años, a partir del ataque terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. Cualquier persona puede estar formada en estos “primeros auxilios”, pero evidentemente la responsabilidad es mayor para cualquier persona que trabaje en un entorno sanitario o asistencial. Se trata de una serie de medidas basadas en el sentido común y en el estudio de la respuesta humana en situaciones de crisis vital, y que abarcan tanto a la actitud a tomar como a evitar ciertas intervenciones o comentarios que pueden tener efectos contraproducentes. Por ejemplo, es muy relevante evitar hacer comentarios del tipo “tú te has salvado, qué suerte has tenido, da gracias por ello…”, cuando precisamente el superviviente puede estar preguntándose por qué ha sobrevivido y sentir un intenso deseo de acompañar a los que han perecido. Los “primeros auxilios psicológicos” no son una alternativa a los cuidados somáticos cuando estos no están disponibles, sino que ambos tipos de cuidados deben ponerse en práctica de forma simultánea y complementaria, desde una perspectiva integral de la atención. Además del alivio inmediato, la aplicación de los “primeros auxilios psicológicos” es importante para la prevención de los efectos del trauma a largo plazo, como pueden ser la aparición de trastorno por estrés postraumático, depresión, trastornos por ansiedad o trastornos adictivos. La Organización Mundial de la Salud elaboró en 2011 una Guía de primeros auxilios psicológicos que está disponible en 20 idiomas en la página web de la OMS y que se encuentra entre las veinte publicaciones más difundidas de este organismo internacional. Un día de formación es suficiente para aplicar con garantías esta guía.

Hay que señalar que tradicionalmente los temas elegidos para el Día Mundial tenían que ver con un trastorno mental grave y/o sus consecuencias. En este sentido, la elección de tema de este año pone de manifiesto un cambio de foco en la atención en salud mental que va tomando cuerpo en los últimos años. Este cambio consiste en un énfasis en la prevención y en la promoción de la salud, y no solo en la atención clínica, es decir, cuando ya la enfermedad se ha puesto de manifiesto. Incluso si la enfermedad ya se ha manifestado, se trata ahora de abordarla en sus fases más iniciales, asumiendo que la intervención precoz puede paliar o prevenir el deterioro que se aprecia en algunas enfermedades mentales. Por supuesto, el cambio de foco no debe suponer una disminución de los recursos destinados a las personas aquejadas de enfermedad mental grave, sino una ampliación de los mismos para cubrir áreas hasta ahora descuidadas. De esta manera, la asistencia psiquiátrica recuperaría una vieja aspiración de la medicina: el ideal no es curar, sino que la enfermedad no aparezca.

El autor es presidente del Comité Directivo del Consejo Europeo de Sociedades Psiquiátricas (Asociación Europea de Psiquiatría) y psiquiatra, Clínica Padre Menni (Pamplona)