La semana

Inmunes al dolor ajeno

por F. Pérez-Nievas - Sábado, 8 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Galería Noticia

¿Qué le lleva a una persona a tales niveles de depravación y degeneración humana como para no ser capaz de comprender el dolor ajeno? Es una de las preguntas que siempre me ha rondado la cabeza porque creo que es el origen del mal en sí mismo, de la maldad como eje de comportamiento y origen del rumbo de la humanidad desde que existe. Más allá del dinero, del ansia de poder, de la religión, la política, las ganas de notoriedad... por encima de todo ello está la insensibilidad al dolor y el sufrimiento ajeno (conozcas o no a la persona afectada), como motor principal y elemento de los problemas de la humanidad. Leyendo el impecable trabajo que están llevando a cabo mis compañeros Enrique Conde y Jesús Morales (como siempre por otra parte) se ponen los pelos de punta con la reacción de los cinco acusados de violación en las pasadas fiestas de Sanfermines. ¿En qué tipo de cabezas puede caber qué después de haber cometido (hay que decir siempre supuestamente, hasta que se juzgue) una violación en grupo te vayas a correr el encierro o sigas de marcha? Parece que no pero, sinceramente, creo que la sociedad, en este tema, si ha dado un paso adelante y que, en este aspecto, está evolucionando porque la reacción ciudadana de los navarros ante estos hechos no se habría producido igual hace 10 ó 20 años. Algo está cambiando. Nunca puedes decir de este agua no beberé, ni se puede juzgar a los demás desde fuera, pero una de las ideas con las que me he criado y con la que trato de guiar siempre mi comportamiento es el de ponerme en el papel de la víctima o de la persona que se puede ver afectada. Si alguien es capaz de cometer este tipo de actos (y si encima se demuestra que es la segunda vez que lo hacían mucho más) ¿cómo puede pasar unas oposiciones para integrarse en unos cuerpos de seguridad del Estado en los que portará un arma? Creo que éste es uno de los factores sobre el que más tienen que reflexionar los poderes y tener como referencia éste y otros casos para extremar los filtros y los exámenes psicológicos que se han de realizar a las personas que portan armas dentro de las fuerzas de seguridad del Estado, y también de las autonomías. Sé que son pensamientos inconexos y casi infantiles los que he plasmado en esta columna semanal pero la incapacidad de la gente de sentir el dolor de los demás me sigue dejando perplejo.