Paradojas de la democracia

ALGUNOS DE SUS SOPORTES SE VAN RESQUEBRAJANDO,
AL MENOS EN
| EEUU, el país que se autoerige en el campeón de las libertades

Domingo, 9 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton.

La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton. (Foto: D.N.)

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La candidata demócrata a la Casa Blanca, Hillary Clinton.

La mayoría de residentes en países democráticos se siente orgullosa de su sistema que tiene, como una de sus características, la celebración de elecciones y, como intermediario entre el pueblo y sus líderes o aspirantes a serlo, una red de medios informativos para los que se han establecido garantías constitucionales.

Estas modernas democracias parlamentarias llevan funcionando poco más de un par de siglos y, aunque sus ciudadanos se declaran fuertes partidarios de un sistema que les garantiza el sufragio universal, parece que algunos de sus soportes se van resquebrajando, al menos en Estados Unidos, el país que se auto erige en el campeón de las libertades y principios democráticos en el mundo entero.

Dos elementos podrían preocupar a quienes se inquietan por el futuro de esta democracia. Uno es el creciente desprecio del público para con sus propias figuras políticas, por mucho que estén en sus cargos porque allí lo ha puesto, con sus votos este mismo público. Otro es el creciente rechazo hacia los medios informativos, tanto por parte de los políticos como de los lectores, radioyentes o televidentes. La primera tendencia, el rechazo popular de los políticos, es evidente en el proceso electoral norteamericano: los republicanos dieron la espalda a cuanto candidato llegaba con un buen pedigree político porque les parecía demasiado próximo al sistema y prefirieron a un magnate financiero como Donald Trump, cuyo principal atractivo es que, a pesar de pertenecer a las élites económicas, es un iconoclasta que se atreve a insultar y a romper moldes.

En el otro bando, los demócratas dieron grandes muestras de amor por el senador Bernie Sanders, quien se identificó desde el primer día como socialista -algo que siempre ha sido anatema en este país- y tan solo eligieron por márgenes no muy grandes a la ex primera dama Hillary Clinton quien, a pesar de su brillante trayectoria profesional y su experiencia política, apenas le lleva cuatro puntos de ventaja a Trump en las encuestas.

Clinton, parte del ‘sistema’Y precisamente lo que más daño parece hacerle a Clinton es que su experiencia pública la convierte en parte del sistema al que, según parece, hay que destrozar como sea… aunque no está claro lo que nadie quiere poner en su lugar.

En este mismo contexto encaja la sorprendente actitud ante funcionarios como jueces, mucho más aceptables que los políticos “porque no han llegado a su cargo gracias a unas elecciones”. Esta diferencia puede tener sentido en países como España o Francia, donde los profesionales de ciertas carreras se someten a un sistema de oposiciones, pero es incomprensible en EEUU donde los jueces, o se someten a votación, o son elegidos a dedo…por los denostados políticos, como ocurre con los magistrados del Supremo nombrados por el presidente. Hay escasos funcionarios, como los diplomáticos, que llegan a su cargo por oposición, pero estos llevan el sambenito de disfrutar de privilegios que no están al alcance de los demás mortales.

Hillary Clinton, a pesar de su brillante trayectoria profesional y su experiencia política, apenas lleva cuatro puntos de ventaja a Trump

A la gente le interesa más saber lo que había en los correos electrónicos de Clinton que los impuestos que

En cuanto a la segunda tendencia que afecta a los medios informativos, lleva ya tiempo manifestándose y en ella participan tanto republicanos como demócratas. Algunos podrían creer que la antipatía a la prensa es una cuestión republicana, pues la mayoría de los periodistas norteamericanos tienen simpatías progresistas y tienden a favorecer a los políticos y los programas demócratas. Y es cierto que el primer presidente en mostrar poca simpatía por la prensa fue el republicano George W. Bush, pero este tenor se mantuvo con su sucesor demócrata, Barack Obama, y parece ir en aumento con los dos aspirantes a sucederle.

En el caso de Bush, su más visible acción fue eliminar el privilegio tan preciado por el cuerpo de prensa de la Casa Blanca de poder asistir desde el jardín de la residencia presidencial a las celebraciones anuales del 4 de julio, aunque también endureció el sistema de concederles acreditaciones.

Con Barack Obama, a pesar de la adoración que los periodistas le profesaban, el distanciamiento constó simplemente en dejarlos de lado para dirigirse directamente a la población. Gracias a Internet, ya durante la campaña electoral de 2008, Obama trató de obviar la función mediadora de diarios y televisiones para enviar su menaje sin intermediarios.

Cuando llegó a la Casa Blanca, aplicó nuevas reglas de juego para reducir en lo posible la enojosa intervención de periodistas preguntones cuya agenda difiere de la suya. Es algo que se hizo evidente desde sus primeras ruedas de prensa: Obama tiene un mapa con los nombres de los medios informativos y los periodistas que los representan y es él, de acuerdo a este mapa, quien concede el turno de preguntas. Tan solo llama, para cubrir las apariencias, a unos pocos reporteros de la oposición.

Veto a los mediosSi los periodistas creían que iban a mejorar con su posible sucesor, la decepción les llegó hace ya tiempo: Hillary Clinton apenas convoca conferencias de prensa y tan solo elige escenarios que le son favorables con entrevistadores previamente filtrados. En cuanto a Trump, ni tan solo autoriza credenciales a los reporteros que no le favorecen y, aún así, no les permite mezclarse con el público sino que los tiene casi enjaulados en un lugar desde el que no pueden intervenir si él no los invita.

¿Los resultados? Los últimos sondeos de opinión muestran que, a pesar de la campaña contra Trump de los medios informativos, a la gente le interesa más saber lo que había en los correos electrónicos que Hillary Clinton hizo desaparecer, que los impuestos que haya pagado o no Donald Trump quien, según las revelaciones del The New York Times, probablemente no ha pagado ningún impuesto durante 18 años. Lejos de provocar indignación que un hombre que se vanagloria de ser muy rico no contribuya al fisco de un país que arrastra una gran deuda pública, las encuestas indican que una mayoría se ha dejado convencer por los argumentos del candidato de que está en su derecho de beneficiarse de las ventajas ofrecidas por el sistema fiscal y que, como hombre de negocios, su primer deber es ganar dinero.

Aunque a los observadores europeos les parezca increíble, este trato directo con el público pone a Trump tan solo entre dos y cuatro puntos por detrás de Clinton. Ahora, cuando falta tan solo un mes, ambos tienen el apoyo del 77% de su partido, pero a Clinton la favorece el 12% de los republicanos mientras que a Trump le sigue el 15% de los demócratas y, además, entre los no afiliados, el 40% es partidario de Trump y tan solo el 28% lo es de Clinton.

Donde la ex primera dama va por delante es entre los jóvenes, cuya participación electoral ha sido hasta ahora más baja que la de los viejos, que favorecen a Trump. Aunque, claro está, esto es lo que acostumbra a ocurrir… y estas elecciones no tienen nada de habitual.