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A la contra

Emoción

Por Jorge Nagore - Viernes, 14 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:08h

Hace unos días miré la lista y estaba 50 a 1, con Murakami 5 a 1 o Marías 16 a 1 y un montón de gente por delante. De verdad, nunca creí que le fueran a dar a Dylan el Nobel de Literatura, básicamente porque las letras de las canciones no son o no han sido consideradas jamás esa clase de literatura o no iban en el embalaje en el que tenían que ir para ser consideradas literatura. Que las letras de Dylan lo son es muy obvio, tiene entre 100 y 150 letras que son poemas en prosa de un nivel cósmico, una cifra muy superior a la de otros grandes letristas como Cohen, Lennon, McCartney, Young, Waits, Springsteen, Van Morrison, etc, etc. Dylan, por cantidad, calidad, variedad y duración en el tiempo, arrolla a toda su generación, las precedentes y las posteriores. Las letras de Dylan son bienes de la humanidad al igual que muchas novelas, poemas, cuadros o películas, y están escritas en tinta y se sostienen al ser leídas en alto y flotan al ser cantadas por alguien que sepa cantarlas. Cientos de millones de personas las han cantado desde 1962 y lo siguen haciendo y lo seguirán haciendo hasta que se cierre la última puerta, porque su talento es tan descomunal que perdurará para siempre. Por eso, que le dieran el Nobel fue un momento de enorme emoción para quienes le adoramos y un momento en el que muchas personas que nos quieren y aprecian aprovecharon para felicitarnos a los dylanitas como si el premio fuese en parte nuestro. Y lo es, infinitésima, pero lo es, por la parte de la emoción. Porque es emocionante haber coincidido en el tiempo con Dylan. Y es emocionante que se le reconozca y que siga rompiendo esquemas como ha ido haciendo desde el principio de su carrera. Y es muy emocionante contemplar a alguien capaz de crear tanta belleza, durante tantísimos años y a tan alto nivel. Millones de personas ayer a lo largo de todo el planeta se emocionaron. Por él.

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