Mar de fondo

Árbol al desnudo

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 15 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:07h

Como entonces no había móviles cotillas para desmentir hoy la machada, infinitos paisanos se han inventado sin problema un ayer antifranquista. Antes de que surgieran los runners actuales, incluso antes de que bastantes dejaran de hacer footing para darse al jogging, al parecer una generación entera de españoles corrió delante de los grises. Tantos quemaron zapatilla, que ya es duda no su existencia sino la del contrario: ¿quedaba algún ser humano que ejerciera de policía?

Si se ha engañado con el franquismo agonizante, qué decir del pujante, brumoso y lejano. Bastantes cantamos sin pensar eso de “¡somos los hijos de los que perdieron la guerra civil!”, porque el estribillo engancha y el kalimotxo también. Con dos tragos me gusta El serrucho, y El chiquichiqui hasta sereno. Sin embargo muchísimos encima se creen y quieren hacernos creer que de verdad son madera de derrotado. Y otra vez son tantos, a menudo los mismos, que uno se pregunta si el bando levantisco lo formaban soldaditos de plomo.

Gracias al brillante trabajo del Archivo de Navarra ya es posible desde casa husmear las fichas de 40.791 combatientes sublevados, de los cuales más de la mitad fueron voluntarios. A algún vecino le afeará el ombligo saber de dónde viene, pues la ignorancia a veces hermosea. Y a un sinfín, tras varias décadas luciendo blasón rojo, le dolerá que se sepa de dónde no viene. Roberto Bolaño sostenía que la autobiografía sólo se justifica si el autor tiene un pene de treinta centímetros en erección. Consuela el matiz. Blanquear la genealogía solía costar menos: el tamaño de la trola nunca importa. Hasta ahora.